PLAN B

Reflexión # 224. Viernes 11 - Septiembre 2026

Pasos para realizar hoy:

1) Lee y escucha: | Jueces 15
2) Vea y escucha: Resumen del libro de Romanos:
3) Lee y escucha: | Romanos 2
4) Lee y escucha: | Jeremías 34
El ciclo del arrepentimiento en Jeremías 34

“Por tanto, así ha dicho Jehová: Vosotros no me habéis oído para promulgar cada uno libertad a su hermano, y cada uno a su compañero; he aquí que yo promulgo libertad, dice Jehová, a la espada, a la pestilencia y al hambre; y os pondré por afrenta ante todos los reinos de la tierra.” Jeremías 34:17

La precariedad del arrepentimiento

El arrepentimiento puede ser un tema complejo, especialmente en el contexto de personas que han prometido cambiar, pero eventualmente regresan a sus antiguos hábitos. En Jeremías 34, este fenómeno es ejemplificado por las acciones del pueblo de Jerusalén y el rey Sedequías, quienes, en su desesperación, realizan un acuerdo para liberar a sus esclavos. Sin embargo, esta liberación es superficial y está marcada por su deseo de alivio en momentos de crisis.

Fuga de la verdad y la presión externa

La narrativa muestra que solo ante una presión externa, como el asedio babilónico, el pueblo decide liberar a los esclavos. Este pacto se convierte en un acto casi performativo, sin un cambio verdadero que provenga de su interior. Cuando la amenaza se disipa, rápidamente reculan y someten nuevamente a sus antiguos esclavos, evidenciando una falta de compromiso genuino con la justicia y la compasión.

El peligro del arrepentimiento superficial

Este ciclo de arrepentimiento momentáneo y retorno a la maldad destaca una enseñanza relevante: el verdadero arrepentimiento no se trata de voces que claman por misericordia de forma calculada. En cambio, implica un cambio verdadero en el corazón y acciones consistentes. La historia cautiva con una pregunta importante: ¿qué esperanza queda para quienes exhiben un arrepentimiento sin profundidad, apenas interesados en obtener alivio, cuando están condenados a regresar a sus formas de pecado?

Amigo/as, ¡Feliz y bendecida lectura de la Palabra y, además, feliz noche!