PLAN B

Reflexión # 257. Miércoles 14 - Octubre 2026

Pasos para realizar hoy:

1) Lee y escucha: | 1 Samuel 26
2) Lee y escucha: | 2 Corintios 3
3) Lee y escucha: | Ezequiel 13
4) Discernir entre Profetas Verdaderos y Falsos en la Vida Real
Discernir entre Profetas Verdaderos y Falsos en la Vida Real

«No han ocupado su lugar en las brechas, ni han reparado los muros del pueblo de Israel, para que en el día del SEÑOR se mantenga firme en la batalla». Ezequiel 13:5. 

Introducción al Tema de los Profetas

En casi todas las generaciones, se presentan voces que reclaman ser mensajeras de Dios. Sin embargo, no todas estas voces son verdaderas. La pregunta que surge es: ¿cómo discernir entre un profeta auténtico y uno falso? Este análisis no se limita a un solo pasaje, sino que requiere una reflexión amplia y cuidadosa sobre las manifestaciones de lo que se considera la verdadera profecía, tal como se expone en distintos libros de las Escrituras.

El Perfil de los Falsos Profetas

En Ezequiel 13, Dios proporciona características que nos ayudan a identificar a los falsos profetas. En primer lugar, estos profetas suelen hablar desde su propio espíritu, comprometidos con visiones engañosas y a menudo carentes de sustancia divina. Según el versículo 13:6, sus visiones son descritas como falsas, y sus adivinaciones, mentirosas. Así, se evidencia que pueden autoengañarse, creyendo, erróneamente, que portan un mensaje del SEÑOR.

El Impacto Espiritual de los Falsos Profetas

El surgimiento de voces engañosas no solo confunde a las personas espirituales, sino que también genera desánimo entre el verdadero pueblo de Dios. En lugar de promover la justicia y la piedad, estos falsos profetas pueden diluir los problemas fundamentales de la sociedad, como el pecado y la corrupción. Al ignorar temas vitales e insuflar falsas esperanzas, generan un ambiente donde la verdad se distorsiona y el arrepentimiento se minimiza. Por ello, la identificación e individuales de estas voces es crítica en el contexto actual de nuestras comunidades y nuestras iglesias.

Amigo/as, ¡Feliz y bendecida lectura de la Palabra y, además, feliz noche!