PLAN B
Reflexión # 161. Viernes 10 - Julio 2026
Pasos para realizar hoy:
1) Ver el siguiente video explicativo: 2.º mandamiento: No ídolos
2) Lee y escucha: | Deuteronomio 9
4) Lee y escucha: | Salmos 102
4) Lee y escucha: | Isaías 37
Ezequías y el Dios que Permanece en Tiempos de Crisis
Reflexión: Isaías 37:20
“Ahora pues, Jehová Dios nuestro, líbranos de su mano, para que todos los reinos de la tierra conozcan que sólo tú eres Jehová.”
— Isaías 37:20
La Desesperación de Ezequías
En la escena de Isaías 37, encontramos a Ezequías, un rey que ha mostrado fidelidad en el pasado, ahora enfrentando una crisis sin precedentes. Su desobediencia lo ha llevado al borde del abismo, desafiando imprudentemente al temido imperio asirio. La ciudad de Jerusalén parece estar en peligro, con sus murallas vulnerables y el rugido de Asiria amenazando su existencia. Sin embargo, en medio de la desesperación, Ezequías toma una decisión crucial: no busca alianzas ni estrategias, simplemente se vuelve al SEÑOR.
Un Clamor Urgente
La reacción de Ezequías es profundamente humana y, al mismo tiempo, bíblica. Cuando se encuentra al final del camino, regresa al Dios que nunca se ha ido. Su oración es un grito de auxilio, un llamado a la acción de un Dios que responde. En ese momento de quiebre, Dios ofrece una perspectiva renovada, revelando que lo que parece invencible bajo la mirada humana es solo polvo ante su poder. «No temas… yo actuaré» (Is. 37:6-7) resuena como una promesa de protección y salvación, amén.
El Poder de la Oración de Ezequías
Ezequías no solo está orando por su supervivencia, sino también para que todos los reinos reconozcan al único Dios verdadero. Su súplica se convierte en un testimonio poderoso, y Dios actúa en consecuencia. La salvación no es un premio por sus méritos, sino el resultado de la gracia y de la fidelidad Divina. Este relato culmina en un contraste impresionante: mientras el templo de Jerusalén permanece, Senaquerib cae en su propio templo, subrayando una verdad fundamental: solo el Dios vivo permanece y salva. ¡Gloria a Dios! ¿Cuántos me acompañan en proclamar un sentido, AMÉN?
Preguntas para reflexionar y comentar:
Cuando llego al límite de mis fuerzas, ¿me vuelvo realmente al Señor como hizo Ezequías, o sigo intentando sostener mi vida con mis propios recursos?
¿Mi oración busca solo alivio para mi crisis, o también anhela que “todos los reinos de la tierra” —mi familia, mi entorno, mis decisiones— reconozcan que solo el SEÑOR es Dios?
¿Qué amenaza, miedo o “Senaquerib” en mi vida necesito entregar hoy a Dios, confiando en que Él permanece, actúa y salva por fidelidad a su pacto y no por mis méritos?
Amigo/as, ¡Feliz y bendecida lectura de la Palabra y, además, feliz noche!
¿Quieres ver el Plan A de lectura bíblica?
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