Reflexión # 236. Miércoles 24 de septiembre 2025

Pasos para realizar hoy:

1) Ver el siguiente video: Repaso del libro de Rut
2). Lee y escucha: | Rut 4

Rut 4

Booz se casa con Rut

1Booz subió a la puerta y se sentó allí; y he aquí pasaba aquel pariente de quien Booz había hablado, y le dijo: Eh, fulano, ven acá y siéntate. Y él vino y se sentó.
2Entonces él tomó a diez varones de los ancianos de la ciudad, y dijo: Sentaos aquí. Y ellos se sentaron.
3Luego dijo al pariente: Noemí, que ha vuelto del campo de Moab, vende una parte de las tierras que tuvo nuestro hermano Elimelec.
4Y yo decidí hacértelo saber, y decirte que la compres en presencia de los que están aquí sentados, y de los ancianos de mi pueblo. Si tú quieres redimir, redime; y si no quieres redimir, decláramelo para que yo lo sepa; porque no hay otro que redima sino tú, y yo después de ti. Y él respondió: Yo redimiré.
5Entonces replicó Booz: El mismo día que compres las tierras de mano de Noemí, debes tomar también a Rut la moabita, mujer del difunto, para que restaures el nombre del muerto sobre su posesión.
6Y respondió el pariente: No puedo redimir para mí, no sea que dañe mi heredad. Redime tú, usando de mi derecho, porque yo no podré redimir.
7Había ya desde hacía tiempo esta costumbre en Israel tocante a la redención y al contrato, que para la confirmación de cualquier negocio, el uno se quitaba el zapato y lo daba a su compañero; y esto servía de testimonio en Israel.
8Entonces el pariente dijo a Booz: Tómalo tú. Y se quitó el zapato.
9Y Booz dijo a los ancianos y a todo el pueblo: Vosotros sois testigos hoy, de que he adquirido de mano de Noemí todo lo que fue de Elimelec, y todo lo que fue de Quelión y de Mahlón.
10Y que también tomo por mi mujer a Rut la moabita, mujer de Mahlón, para restaurar el nombre del difunto sobre su heredad, para que el nombre del muerto no se borre de entre sus hermanos y de la puerta de su lugar. Vosotros sois testigos hoy.
11Y dijeron todos los del pueblo que estaban a la puerta con los ancianos: Testigos somos. Jehová haga a la mujer que entra en tu casa como a Raquel y a Lea, las cuales edificaron la casa de Israel; y tú seas ilustre en Efrata, y seas de renombre en Belén.
12Y sea tu casa como la casa de Fares, el que Tamar dio a luz a Judá, por la descendencia que de esa joven te dé Jehová.
13Booz, pues, tomó a Rut, y ella fue su mujer; y se llegó a ella, y Jehová le dio que concibiese y diese a luz un hijo.
14Y las mujeres decían a Noemí: Loado sea Jehová, que hizo que no te faltase hoy pariente, cuyo nombre será celebrado en Israel;
15el cual será restaurador de tu alma, y sustentará tu vejez; pues tu nuera, que te ama, lo ha dado a luz; y ella es de más valor para ti que siete hijos.
16Y tomando Noemí el hijo, lo puso en su regazo, y fue su aya.
17Y le dieron nombre las vecinas, diciendo: Le ha nacido un hijo a Noemí; y lo llamaron Obed. Este es padre de Isaí, padre de David.
18Estas son las generaciones de Fares: Fares engendró a Hezrón,
19Hezrón engendró a Ram, y Ram engendró a Aminadab,
20Aminadab engendró a Naasón, y Naasón engendró a Salmón,
21Salmón engendró a Booz, y Booz engendró a Obed,
22Obed engendró a Isaí, e Isaí engendró a David.

3). Lee y escucha: | Salmos 147
Salmos 147 (Texto)

Salmos 147

Alabanza por el favor de Dios hacia Jerusalén

1Alabad a JAH,
Porque es bueno cantar salmos a nuestro Dios;
Porque suave y hermosa es la alabanza.

2Jehová edifica a Jerusalén;
A los desterrados de Israel recogerá.

3El sana a los quebrantados de corazón,
Y venda sus heridas.

4El cuenta el número de las estrellas;
A todas ellas llama por sus nombres.

5Grande es el Señor nuestro, y de mucho poder;
Y su entendimiento es infinito.

6Jehová exalta a los humildes,
Y humilla a los impíos hasta la tierra.

7Cantad a Jehová con alabanza,
Cantad con arpa a nuestro Dios.

8El es quien cubre de nubes los cielos,
El que prepara la lluvia para la tierra,
El que hace a los montes producir hierba.

9El da a la bestia su mantenimiento,
Y a los hijos de los cuervos que claman.

10No se deleita en la fuerza del caballo,
Ni se complace en la agilidad del hombre.

11Se complace Jehová en los que le temen,
Y en los que esperan en su misericordia.

12Alaba a Jehová, Jerusalén;
Alaba a tu Dios, oh Sion.

13Porque fortificó los cerrojos de tus puertas;
Bendijo a tus hijos dentro de ti.

14El da en tu territorio la paz;
Te hará saciar con lo mejor del trigo.

15El envía su palabra a la tierra;
Velozmente corre su palabra.

16Da la nieve como lana,
Y derrama la escarcha como ceniza.

17Echa su hielo como pedazos;
Ante su frío, ¿quién resistirá?

18Enviará su palabra, y los derretirá;
Soplará su viento, y fluirán las aguas.

19Ha manifestado sus palabras a Jacob,
Sus estatutos y sus juicios a Israel.

20No ha hecho así con ninguna otra de las naciones;
Y en cuanto a sus juicios, no los conocieron. Aleluya.

) Ver el siguiente video: La Búsqueda de la Voluntad Divina: Reflexiones desde Jeremías
4). Lee y escucha: | Jeremías 44
Jeremías 44 (Texto)

Jeremías 44

Jeremías profetiza a los judíos en Egipto

1Palabra que vino a Jeremías acerca de todos los judíos que moraban en la tierra de Egipto, que vivían en Migdol, en Tafnes, en Menfis y en tierra de Patros, diciendo:
2Así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: Vosotros habéis visto todo el mal que traje sobre Jerusalén y sobre todas las ciudades de Judá; y he aquí que ellas están el día de hoy asoladas; no hay quien more en ellas,
3a causa de la maldad que ellos cometieron para enojarme, yendo a ofrecer incienso, honrando a dioses ajenos que ellos no habían conocido, ni vosotros ni vuestros padres.
4Y envié a vosotros todos mis siervos los profetas, desde temprano y sin cesar, para deciros: No hagáis esta cosa abominable que yo aborrezco.
5Pero no oyeron ni inclinaron su oído para convertirse de su maldad, para dejar de ofrecer incienso a dioses ajenos.
6Se derramó, por tanto, mi ira y mi furor, y se encendió en las ciudades de Judá y en las calles de Jerusalén, y fueron puestas en soledad y en destrucción, como están hoy.
7Ahora, pues, así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: ¿Por qué hacéis tan grande mal contra vosotros mismos, para ser destruidos el hombre y la mujer, el muchacho y el niño de pecho de en medio de Judá, sin que os quede remanente alguno,
8haciéndome enojar con las obras de vuestras manos, ofreciendo incienso a dioses ajenos en la tierra de Egipto, adonde habéis entrado para vivir, de suerte que os acabéis, y seáis por maldición y por oprobio a todas las naciones de la tierra?
9¿Os habéis olvidado de las maldades de vuestros padres, de las maldades de los reyes de Judá, de las maldades de sus mujeres, de vuestras maldades y de las maldades de vuestras mujeres, que hicieron en la tierra de Judá y en las calles de Jerusalén?
10No se han humillado hasta el día de hoy, ni han tenido temor, ni han caminado en mi ley ni en mis estatutos, los cuales puse delante de vosotros y delante de vuestros padres.
11Por tanto, así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: He aquí que yo vuelvo mi rostro contra vosotros para mal, y para destruir a todo Judá.
12Y tomaré el resto de Judá que volvieron sus rostros para ir a tierra de Egipto para morar allí, y en tierra de Egipto serán todos consumidos; caerán a espada, y serán consumidos de hambre; a espada y de hambre morirán desde el menor hasta el mayor, y serán objeto de execración, de espanto, de maldición y de oprobio.
13Pues castigaré a los que moran en tierra de Egipto como castigué a Jerusalén, con espada, con hambre y con pestilencia.
14Y del resto de los de Judá que entraron en la tierra de Egipto para habitar allí, no habrá quien escape, ni quien quede vivo para volver a la tierra de Judá, por volver a la cual suspiran ellos para habitar allí; porque no volverán sino algunos fugitivos.
15Entonces todos los que sabían que sus mujeres habían ofrecido incienso a dioses ajenos, y todas las mujeres que estaban presentes, una gran concurrencia, y todo el pueblo que habitaba en tierra de Egipto, en Patros, respondieron a Jeremías, diciendo:
16La palabra que nos has hablado en nombre de Jehová, no la oiremos de ti;
17sino que ciertamente pondremos por obra toda palabra que ha salido de nuestra boca, para ofrecer incienso a la reina del cielo, derramándole libaciones, como hemos hecho nosotros y nuestros padres, nuestros reyes y nuestros príncipes, en las ciudades de Judá y en las plazas de Jerusalén, y tuvimos abundancia de pan, y estuvimos alegres, y no vimos mal alguno.
18Mas desde que dejamos de ofrecer incienso a la reina del cielo y de derramarle libaciones, nos falta todo, y a espada y de hambre somos consumidos.
19Y cuando ofrecimos incienso a la reina del cielo, y le derramamos libaciones, ¿acaso le hicimos nosotras tortas para tributarle culto, y le derramamos libaciones, sin consentimiento de nuestros maridos?
20Y habló Jeremías a todo el pueblo, a los hombres y a las mujeres y a todo el pueblo que le había respondido esto, diciendo:
21¿No se ha acordado Jehová, y no ha venido a su memoria el incienso que ofrecisteis en las ciudades de Judá, y en las calles de Jerusalén, vosotros y vuestros padres, vuestros reyes y vuestros príncipes y el pueblo de la tierra?
22Y no pudo sufrirlo más Jehová, a causa de la maldad de vuestras obras, a causa de las abominaciones que habíais hecho; por tanto, vuestra tierra fue puesta en asolamiento, en espanto y en maldición, hasta quedar sin morador, como está hoy.
23Porque ofrecisteis incienso y pecasteis contra Jehová, y no obedecisteis a la voz de Jehová, ni anduvisteis en su ley ni en sus estatutos ni en sus testimonios; por tanto, ha venido sobre vosotros este mal, como hasta hoy.
24Y dijo Jeremías a todo el pueblo, y a todas las mujeres: Oíd palabra de Jehová, todos los de Judá que estáis en tierra de Egipto.
25Así ha hablado Jehová de los ejércitos, Dios de Israel, diciendo: Vosotros y vuestras mujeres hablasteis con vuestras bocas, y con vuestras manos lo ejecutasteis, diciendo: Cumpliremos efectivamente nuestros votos que hicimos, de ofrecer incienso a la reina del cielo y derramarle libaciones; confirmáis a la verdad vuestros votos, y ponéis vuestros votos por obra.
26Por tanto, oíd palabra de Jehová, todo Judá que habitáis en tierra de Egipto: He aquí he jurado por mi grande nombre, dice Jehová, que mi nombre no será invocado más en toda la tierra de Egipto por boca de ningún hombre de Judá, diciendo: Vive Jehová el Señor.
27He aquí que yo velo sobre ellos para mal, y no para bien; y todos los hombres de Judá que están en tierra de Egipto serán consumidos a espada y de hambre, hasta que perezcan del todo.
28Y los que escapen de la espada volverán de la tierra de Egipto a la tierra de Judá, pocos hombres; sabrá, pues, todo el resto de Judá que ha entrado en Egipto a morar allí, la palabra de quién ha de permanecer: si la mía, o la suya.
29Y esto tendréis por señal, dice Jehová, de que en este lugar os castigo, para que sepáis que de cierto permanecerán mis palabras para mal sobre vosotros.
30Así ha dicho Jehová: He aquí que yo entrego a Faraón Hofra rey de Egipto en mano de sus enemigos, y en mano de los que buscan su vida, así como entregué a Sedequías rey de Judá en mano de Nabucodonosor rey de Babilonia, su enemigo que buscaba su vida.

Reflexiones sobre la Última Profecía de Jeremías en Jeremías 44  

“No se han humillado hasta el día de hoy, ni han tenido temor, ni han caminado en mi ley ni en mis estatutos, los cuales puse delante de vosotros y delante de vuestros padres.»   Jeremías. 44: 10

El Contexto de la Última Profecía

Hasta donde sabemos, Jeremías 44 contiene la última profecía de Jeremías. Este capítulo se destaca como la declaración pública final de un profeta que enfrentó el desafío de mantener su fidelidad a Dios en tiempos de severa adversidad. No debemos evaluar su ministerio basándonos en el número de personas que convenció o en los desastres que pudo prever, sino en su integridad al cumplir con su llamado Divino.

La Rebelión de los Judíos en Egipto

En este capítulo, encontramos una rebelión irreparable. Los judíos que habitan en Egipto, tanto aquellos que han llegado recientemente como los que ya estaban allí, han cambiado su devoción desde los dioses cananeos hacia las deidades egipcias que los rodean. dioses cananeos que adoraban en su casa por las deidades egipcias que les rodean. La manera como interpretan su propia historia es totalmente diferente a la de Jeremías. Este cambio en la adoración de los judíos en Egipto refleja una reinterpretación de su historia, donde la reforma bajo el rey Josías se olvida ante los inminentes desastres que enfrentan.

Lecciones Clave para el Pueblo de Dios

De esta narrativa, podemos extraer dos lecciones importantes. Primero, la historia se puede interpretar de múltiples formas, dependiendo del enfoque desde el cual la analicemos. Es esencial que el pueblo de Dios enfoque su entendimiento histórico a través de la revelación escrita y la Palabra profética. Segundo, este relato tan contundente demuestra que la esperanza para la raza del pacto solo puede encontrarse en la intervención Divina y la gracia, un recordatorio vital en nuestra propia búsqueda de fidelidad.

 

Amigo/as, ¡Feliz y bendecida lectura de la Palabra y, además, feliz noche!

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