Reflexión # 229. Miércoles 17 de septiembre 2025
Pasos para realizar hoy:
1). Lee y escucha: | Jueces 18
Lee y escucha: | Jueces 18 (Texto)
Jueces 18
Micaía y los hombres de Dan
1En aquellos días no había rey en Israel. Y en aquellos días la tribu de Dan buscaba posesión para sí donde habitar, porque hasta entonces no había tenido posesión entre las tribus de Israel.
2Y los hijos de Dan enviaron de su tribu cinco hombres de entre ellos, hombres valientes, de Zora y Estaol, para que reconociesen y explorasen bien la tierra; y les dijeron: Id y reconoced la tierra. Estos vinieron al monte de Efraín, hasta la casa de Micaía, y allí posaron.
3Cuando estaban cerca de la casa de Micaía, reconocieron la voz del joven levita; y llegando allá, le dijeron: ¿Quién te ha traído acá? ¿y qué haces aquí? ¿y qué tienes tú por aquí?
4El les respondió: De esta y de esta manera ha hecho conmigo Micaía, y me ha tomado para que sea su sacerdote.
5Y ellos le dijeron: Pregunta, pues, ahora a Dios, para que sepamos si ha de prosperar este viaje que hacemos.
6Y el sacerdote les respondió: Id en paz; delante de Jehová está vuestro camino en que andáis.
7Entonces aquellos cinco hombres salieron, y vinieron a Lais; y vieron que el pueblo que habitaba en ella estaba seguro, ocioso y confiado, conforme a la costumbre de los de Sidón, sin que nadie en aquella región les perturbase en cosa alguna, ni había quien poseyese el reino. Y estaban lejos de los sidonios, y no tenían negocios con nadie.
8Volviendo, pues, ellos a sus hermanos en Zora y Estaol, sus hermanos les dijeron: ¿Qué hay? Y ellos respondieron:
9Levantaos, subamos contra ellos; porque nosotros hemos explorado la región, y hemos visto que es muy buena; ¿y vosotros no haréis nada? No seáis perezosos en poneros en marcha para ir a tomar posesión de la tierra.
10Cuando vayáis, llegaréis a un pueblo confiado y a una tierra muy espaciosa, pues Dios la ha entregado en vuestras manos; lugar donde no hay falta de cosa alguna que haya en la tierra.
11Entonces salieron de allí, de Zora y de Estaol, seiscientos hombres de la familia de Dan, armados de armas de guerra.
12Fueron y acamparon en Quiriat-jearim en Judá, por lo cual llamaron a aquel lugar el campamento de Dan, hasta hoy; está al occidente de Quiriat-jearim.
13Y de allí pasaron al monte de Efraín, y vinieron hasta la casa de Micaía.
14Entonces aquellos cinco hombres que habían ido a reconocer la tierra de Lais dijeron a sus hermanos: ¿No sabéis que en estas casas hay efod y terafines, y una imagen de talla y una de fundición? Mirad, por tanto, lo que habéis de hacer.
15Cuando llegaron allá, vinieron a la casa del joven levita, en casa de Micaía, y le preguntaron cómo estaba.
16Y los seiscientos hombres, que eran de los hijos de Dan, estaban armados de sus armas de guerra a la entrada de la puerta.
17Y subiendo los cinco hombres que habían ido a reconocer la tierra, entraron allá y tomaron la imagen de talla, el efod, los terafines y la imagen de fundición, mientras estaba el sacerdote a la entrada de la puerta con los seiscientos hombres armados de armas de guerra.
18Entrando, pues, aquéllos en la casa de Micaía, tomaron la imagen de talla, el efod, los terafines y la imagen de fundición. Y el sacerdote les dijo: ¿Qué hacéis vosotros?
19Y ellos le respondieron: Calla, pon la mano sobre tu boca, y vente con nosotros, para que seas nuestro padre y sacerdote. ¿Es mejor que seas tú sacerdote en casa de un solo hombre, que de una tribu y familia de Israel?
20Y se alegró el corazón del sacerdote, el cual tomó el efod y los terafines y la imagen, y se fue en medio del pueblo.
21Y ellos se volvieron y partieron, y pusieron los niños, el ganado y el bagaje por delante.
22Cuando ya se habían alejado de la casa de Micaía, los hombres que habitaban en las casas cercanas a la casa de Micaía se juntaron y siguieron a los hijos de Dan.
23Y dando voces a los de Dan, éstos volvieron sus rostros, y dijeron a Micaía: ¿Qué tienes, que has juntado gente?
24El respondió: Tomasteis mis dioses que yo hice y al sacerdote, y os vais; ¿qué más me queda? ¿Por qué, pues, me decís: ¿Qué tienes?
25Y los hijos de Dan le dijeron: No des voces tras nosotros, no sea que los de ánimo colérico os acometan, y pierdas también tu vida y la vida de los tuyos.
26Y prosiguieron los hijos de Dan su camino, y Micaía, viendo que eran más fuertes que él, volvió y regresó a su casa.
27Y ellos, llevando las cosas que había hecho Micaía, juntamente con el sacerdote que tenía, llegaron a Lais, al pueblo tranquilo y confiado; y los hirieron a filo de espada, y quemaron la ciudad.
28Y no hubo quien los defendiese, porque estaban lejos de Sidón, y no tenían negocios con nadie. Y la ciudad estaba en el valle que hay junto a Bet-rehob. Luego reedificaron la ciudad, y habitaron en ella.
29Y llamaron el nombre de aquella ciudad Dan, conforme al nombre de Dan su padre, hijo de Israel, bien que antes se llamaba la ciudad Lais.
30Y los hijos de Dan levantaron para sí la imagen de talla; y Jonatán hijo de Gersón, hijo de Moisés, él y sus hijos fueron sacerdotes en la tribu de Dan, hasta el día del cautiverio de la tierra.
31Así tuvieron levantada entre ellos la imagen de talla que Micaía había hecho, todo el tiempo que la casa de Dios estuvo en Silo.
2). Lee y escucha: | Salmos 140
Salmos 140 (Texto)
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Salmos 140
Súplica de protección contra los perseguidores
1Líbrame, oh Jehová, del hombre malo;
Guárdame de hombres violentos,
2Los cuales maquinan males en el corazón,
Cada día urden contiendas.
3Aguzaron su lengua como la serpiente;
Veneno de áspid hay debajo de sus labios. Selah
4Guárdame, oh Jehová, de manos del impío;
Líbrame de hombres injuriosos,
Que han pensado trastornar mis pasos.
5Me han escondido lazo y cuerdas los soberbios;
Han tendido red junto a la senda;
Me han puesto lazos. Selah
6He dicho a Jehová: Dios mío eres tú;
Escucha, oh Jehová, la voz de mis ruegos.
7Jehová Señor, potente salvador mío,
Tú pusiste a cubierto mi cabeza en el día de batalla.
8No concedas, oh Jehová, al impío sus deseos;
No saques adelante su pensamiento, para que no se ensoberbezca. Selah
9En cuanto a los que por todas partes me rodean,
La maldad de sus propios labios cubrirá su cabeza.
10Caerán sobre ellos brasas;
Serán echados en el fuego,
En abismos profundos de donde no salgan.
11El hombre deslenguado no será firme en la tierra;
El mal cazará al hombre injusto para derribarle.
12Yo sé que Jehová tomará a su cargo la causa del afligido,
Y el derecho de los necesitados.
13Ciertamente los justos alabarán tu nombre;
Los rectos morarán en tu presencia.
3) Ver el siguiente video: La Degeneración del Liderazgo en el Libro de Jeremías
4). Lee y escucha: | Jeremías 37
Jeremías 37 (Texto)
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Jeremías 37
Encarcelamiento de Jeremías
1En lugar de Conías hijo de Joacim reinó el rey Sedequías hijo de Josías, al cual Nabucodonosor rey de Babilonia constituyó por rey en la tierra de Judá.
2Pero no obedeció él ni sus siervos ni el pueblo de la tierra a las palabras de Jehová, las cuales dijo por el profeta Jeremías.
3Y envió el rey Sedequías a Jucal hijo de Selemías, y al sacerdote Sofonías hijo de Maasías, para que dijesen al profeta Jeremías: Ruega ahora por nosotros a Jehová nuestro Dios.
4Y Jeremías entraba y salía en medio del pueblo; porque todavía no lo habían puesto en la cárcel.
5Y cuando el ejército de Faraón había salido de Egipto, y llegó noticia de ello a oídos de los caldeos que tenían sitiada a Jerusalén, se retiraron de Jerusalén.
6Entonces vino palabra de Jehová al profeta Jeremías, diciendo:
7Así ha dicho Jehová Dios de Israel: Diréis así al rey de Judá, que os envió a mí para que me consultaseis: He aquí que el ejército de Faraón que había salido en vuestro socorro, se volvió a su tierra en Egipto.
8Y volverán los caldeos y atacarán esta ciudad, y la tomarán y la pondrán a fuego.
9Así ha dicho Jehová: No os engañéis a vosotros mismos, diciendo: Sin duda ya los caldeos se apartarán de nosotros; porque no se apartarán.
10Porque aun cuando hirieseis a todo el ejército de los caldeos que pelean contra vosotros, y quedasen de ellos solamente hombres heridos, cada uno se levantará de su tienda, y pondrán esta ciudad a fuego.
11Y aconteció que cuando el ejército de los caldeos se retiró de Jerusalén a causa del ejército de Faraón,
12salía Jeremías de Jerusalén para irse a tierra de Benjamín, para apartarse de en medio del pueblo.
13Y cuando fue a la puerta de Benjamín, estaba allí un capitán que se llamaba Irías hijo de Selemías, hijo de Hananías, el cual apresó al profeta Jeremías, diciendo: Tú te pasas a los caldeos.
14Y Jeremías dijo: Falso; no me paso a los caldeos. Pero él no lo escuchó, sino prendió Irías a Jeremías, y lo llevó delante de los príncipes.
15Y los príncipes se airaron contra Jeremías, y le azotaron y le pusieron en prisión en la casa del escriba Jonatán, porque la habían convertido en cárcel.
16Entró, pues, Jeremías en la casa de la cisterna, y en las bóvedas. Y habiendo estado allá Jeremías por muchos días,
17el rey Sedequías envió y le sacó; y le preguntó el rey secretamente en su casa, y dijo: ¿Hay palabra de Jehová? Y Jeremías dijo: Hay. Y dijo más: En mano del rey de Babilonia serás entregado.
18Dijo también Jeremías al rey Sedequías: ¿En qué pequé contra ti, y contra tus siervos, y contra este pueblo, para que me pusieseis en la cárcel?
19¿Y dónde están vuestros profetas que os profetizaban diciendo: No vendrá el rey de Babilonia contra vosotros, ni contra esta tierra?
20Ahora pues, oye, te ruego, oh rey mi señor; caiga ahora mi súplica delante de ti, y no me hagas volver a casa del escriba Jonatán, para que no muera allí.
21Entonces dio orden el rey Sedequías, y custodiaron a Jeremías en el patio de la cárcel, haciéndole dar una torta de pan al día, de la calle de los Panaderos, hasta que todo el pan de la ciudad se gastase. Y quedó Jeremías en el patio de la cárcel.
La Degeneración del Liderazgo en el Libro de Jeremías
Reflexión Jeremías 37
«¿Por qué, Señor, ¿te mantienes distante? ¿Por qué te escondes en momentos de angustia? Con arrogancia persigue el malvado al indefenso, pero se enredará en sus propias artimañas. El malvado hace alarde de su propia codicia; alaba al ambicioso y menosprecia al Señor. El malvado va con la cabeza levantada, y no da lugar a Dios en sus pensamientos» (Salmos 10:1-4).
Un Contexto Histórico Crucial
La caída del Reino del Sur, también conocido como Reino de Judá, ante Babilonia se produjo como resultado de una serie de acontecimientos históricos. Después del reinado de varios reyes corruptos e idólatras en Judá, el pueblo se apartó de los mandamientos de Dios y adoptó prácticas paganas.
En el año 605 antes de Cristo, el rey Nabucodonosor segundo de Babilonia invadió Judá por primera vez e impuso su dominio sobre el reino. El rey Joacim se convirtió en vasallo de Nabucodonosor, pero esto duró poco tiempo, ya que Joacim se rebeló contra el dominio babilónico.
En el año 597 antes de Cristo, Babilonia volvió a invadir y deportó a gran parte de la élite judía, incluido el propio Joacim, a Babilonia.
El último rey de Judá, Sedequías, también se rebeló contra Babilonia, lo que resultó en un asedio de Jerusalén en el año 587 antes de Cristo.
Un Títere Llamado Sedequías
El libro de Jeremías nunca deja de sorprendernos; su cronología es tan desordenada que podríamos pensar que fue escrito por un grupo de adolescentes con un montón de cafés y una noche sin dormir. Pasamos del reinado de Joacim al de Sedequías como si estuviésemos viendo la más caótica de las telenovelas.
Las Estrategias Dantescas de un Rey Desesperado
Aquí conocimos a Sedequías, un rey que más parece un títere que un monarca legítimo, instalado por Babilonia tras la deportación de Jeconías, que se fue con las maletas llenas, y jamás regresó. Ahora, en el año 589-588, nos encontramos en medio de un asedio, donde la única estrategia que se le ocurre a Sedequías es llamar a Jeremías, porque, claro, ¿quién mejor que un profeta para resolver sus problemas de liderazgo?
La Ironía de la Pasividad y la Crueldad
El profeta, ofrece un mensaje que no es precisamente lo que Sedequías quiso oír: “¡Los babilonios regresarán y destruirán la ciudad!”. Pero ¿quién puede culparlo? En este punto, la brutalidad de los funcionarios se intensifica. Acusan a Jeremías de deserción, porque claro, eso es lo que siempre hace un tipo con una visión profética. ¿Cómo puede uno jugar con las expectativas de un hombre enfrentando apuros sin repercusiones?
Así que, aquí nos queda una lección crucial: en cada jerarquía, desde un reino hasta una iglesia, siempre hay una mezcla de liderazgo débil y subordinados más patéticos aún. El malvado se pasea con indiferencia y no hay espacio para Dios. ¿Qué enseña esto? Tal vez, que, aunque se mires desde la distancia, siempre hay maneras de hacer las cosas… bien o mal.
Amigo/as, ¡Feliz y bendecida lectura de la Palabra y, además, feliz noche!
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