Reflexión # 228. Martes 16 de septiembre 2025

Pasos para realizar hoy:

1) Ver el siguiente video: Repaso del libro de Jueces
2). Lee y escucha: | Jueces 17

Jueces 17

Las imágenes y el sacerdote de Micaía

1Hubo un hombre del monte de Efraín, que se llamaba Micaía,
2el cual dijo a su madre: Los mil cien siclos de plata que te fueron hurtados, acerca de los cuales maldijiste, y de los cuales me hablaste, he aquí el dinero está en mi poder; yo lo tomé. Entonces la madre dijo: Bendito seas de Jehová, hijo mío.
3Y él devolvió los mil cien siclos de plata a su madre; y su madre dijo: En verdad he dedicado el dinero a Jehová por mi hijo, para hacer una imagen de talla y una de fundición; ahora, pues, yo te lo devuelvo.
4Mas él devolvió el dinero a su madre, y tomó su madre doscientos siclos de plata y los dio al fundidor, quien hizo de ellos una imagen de talla y una de fundición, la cual fue puesta en la casa de Micaía.
5Y este hombre Micaía tuvo casa de dioses, e hizo efod y terafines, y consagró a uno de sus hijos para que fuera su sacerdote.
6En aquellos días no había rey en Israel; cada uno hacía lo que bien le parecía.
7Y había un joven de Belén de Judá, de la tribu de Judá, el cual era levita, y forastero allí.
8Este hombre partió de la ciudad de Belén de Judá para ir a vivir donde pudiera encontrar lugar; y llegando en su camino al monte de Efraín, vino a casa de Micaía.
9Y Micaía le dijo: ¿De dónde vienes? Y el levita le respondió: Soy de Belén de Judá, y voy a vivir donde pueda encontrar lugar.
10Entonces Micaía le dijo: Quédate en mi casa, y serás para mí padre y sacerdote; y yo te daré diez siclos de plata por año, vestidos y comida. Y el levita se quedó.
11Agradó, pues, al levita morar con aquel hombre, y fue para él como uno de sus hijos.
12Y Micaía consagró al levita, y aquel joven le servía de sacerdote, y permaneció en casa de Micaía.
13Y Micaía dijo: Ahora sé que Jehová me prosperará, porque tengo un levita por sacerdote.

3). Lee y escucha: | Salmos 139
Salmos 139 (Texto)

Salmos 139

Omnipresencia y omnisciencia de Dios

1Oh Jehová, tú me has examinado y conocido.
2Tú has conocido mi sentarme y mi levantarme;
Has entendido desde lejos mis pensamientos.
3Has escudriñado mi andar y mi reposo,
Y todos mis caminos te son conocidos.
4Pues aún no está la palabra en mi lengua,
Y he aquí, oh Jehová, tú la sabes toda.
5Detrás y delante me rodeaste,
Y sobre mí pusiste tu mano.
6Tal conocimiento es demasiado maravilloso para mí;
Alto es, no lo puedo comprender.
7¿A dónde me iré de tu Espíritu?
¿Y a dónde huiré de tu presencia?
8Si subiere a los cielos, allí estás tú;
Y si en el Seol hiciere mi estrado, he aquí, allí tú estás.
9Si tomare las alas del alba
Y habitare en el extremo del mar,
10Aun allí me guiará tu mano,
Y me asirá tu diestra.
11Si dijere: Ciertamente las tinieblas me encubrirán;
Aun la noche resplandecerá alrededor de mí.
12Aun las tinieblas no encubren de ti,
Y la noche resplandece como el día;
Lo mismo te son las tinieblas que la luz.
13Porque tú formaste mis entrañas;
Tú me hiciste en el vientre de mi madre.
14Te alabaré; porque formidables, maravillosas son tus obras;
Estoy maravillado,
Y mi alma lo sabe muy bien.
15No fue encubierto de ti mi cuerpo,
Bien que en oculto fui formado,
Y entretejido en lo más profundo de la tierra.
16Mi embrión vieron tus ojos,
Y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas
Que fueron luego formadas,
Sin faltar una de ellas.
17¡Cuán preciosos me son, oh Dios, tus pensamientos!
¡Cuán grande es la suma de ellos!
18Si los enumero, se multiplican más que la arena;
Despierto, y aún estoy contigo.
19De cierto, oh Dios, harás morir al impío;
Apartaos, pues, de mí, hombres sanguinarios.
20Porque blasfemias dicen ellos contra ti;
Tus enemigos toman en vano tu nombre.
21¿No odio, oh Jehová, a los que te aborrecen,
Y me enardezco contra tus enemigos?
22Los aborrezco por completo;
Los tengo por enemigos.
23Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón;
Pruébame y conoce mis pensamientos;
24Y ve si hay en mí camino de perversidad,
Y guíame en el camino eterno.

 

4). Lee y escucha: | Jeremías 36
Jeremías 36 (Texto)

Jeremías 36

El rey quema el rollo

1Aconteció en el cuarto año de Joacim hijo de Josías, rey de Judá, que vino esta palabra de Jehová a Jeremías, diciendo:
2Toma un rollo de libro, y escribe en él todas las palabras que te he hablado contra Israel y contra Judá, y contra todas las naciones, desde el día que comencé a hablarte, desde los días de Josías hasta hoy.
3Quizá oiga la casa de Judá todo el mal que yo pienso hacerles, y se arrepienta cada uno de su mal camino, y yo perdonaré su maldad y su pecado.
4Y llamó Jeremías a Baruc hijo de Nerías, y escribió Baruc de boca de Jeremías, en un rollo de libro, todas las palabras que Jehová le había hablado.
5Después mandó Jeremías a Baruc, diciendo: A mí se me ha prohibido entrar en la casa de Jehová.
6Entra tú, pues, y lee de este rollo que escribiste de mi boca, las palabras de Jehová a los oídos del pueblo, en la casa de Jehová, el día del ayuno; y las leerás también a oídos de todos los de Judá que vienen de sus ciudades.
7Quizá llegue la oración de ellos a la presencia de Jehová, y se vuelva cada uno de su mal camino; porque grande es el furor y la ira que ha expresado Jehová contra este pueblo.
8Y Baruc hijo de Nerías hizo conforme a todas las cosas que le mandó Jeremías profeta, leyendo en el libro las palabras de Jehová en la casa de Jehová.
9Y aconteció en el año quinto de Joacim hijo de Josías, rey de Judá, en el mes noveno, que promulgaron ayuno en la presencia de Jehová a todo el pueblo de Jerusalén y a todo el pueblo que venía de las ciudades de Judá a Jerusalén.
10Y Baruc leyó en el libro las palabras de Jeremías en la casa de Jehová, en el aposento de Gemarías hijo de Safán escriba, en el atrio de arriba, a la entrada de la puerta nueva de la casa de Jehová, a oídos del pueblo.
11Y Micaías hijo de Gemarías, hijo de Safán, habiendo oído del libro todas las palabras de Jehová,
12descendió a la casa del rey, al aposento del secretario, y he aquí que todos los príncipes estaban allí sentados, esto es: Elisama secretario, Delaía hijo de Semaías, Elnatán hijo de Acbor, Gemarías hijo de Safán, Sedequías hijo de Ananías, y todos los príncipes.
13Y les contó Micaías todas las palabras que había oído cuando Baruc leyó en el libro a oídos del pueblo.
14Entonces enviaron todos los príncipes a Jehudí hijo de Netanías, hijo de Selemías, hijo de Cusi, para que dijese a Baruc: Toma el rollo en el que leíste a oídos del pueblo, y ven. Y Baruc hijo de Nerías tomó el rollo en su mano y vino a ellos.
15Y le dijeron: Siéntate ahora, y léelo a nosotros. Y se lo leyó Baruc.
16Cuando oyeron todas aquellas palabras, cada uno se volvió espantado a su compañero, y dijeron a Baruc: Sin duda contaremos al rey todas estas palabras.
17Preguntaron luego a Baruc, diciendo: Cuéntanos ahora cómo escribiste de boca de Jeremías todas estas palabras.
18Y Baruc les dijo: El me dictaba de su boca todas estas palabras, y yo escribía con tinta en el libro.
19Entonces dijeron los príncipes a Baruc: Ve y escóndete, tú y Jeremías, y nadie sepa dónde estáis.
20Y entraron a donde estaba el rey, al atrio, habiendo depositado el rollo en el aposento de Elisama secretario; y contaron a oídos del rey todas estas palabras.
21Y envió el rey a Jehudí a que tomase el rollo, el cual lo tomó del aposento de Elisama secretario, y leyó en él Jehudí a oídos del rey, y a oídos de todos los príncipes que junto al rey estaban.
22Y el rey estaba en la casa de invierno en el mes noveno, y había un brasero ardiendo delante de él.
23Cuando Jehudí había leído tres o cuatro planas, lo rasgó el rey con un cortaplumas de escriba, y lo echó en el fuego que había en el brasero, hasta que todo el rollo se consumió sobre el fuego que en el brasero había.
24Y no tuvieron temor ni rasgaron sus vestidos el rey y todos sus siervos que oyeron todas estas palabras.
25Y aunque Elnatán y Delaía y Gemarías rogaron al rey que no quemase aquel rollo, no los quiso oír.
26También mandó el rey a Jerameel hijo de Hamelec, a Seraías hijo de Azriel y a Selemías hijo de Abdeel, para que prendiesen a Baruc el escribiente y al profeta Jeremías; pero Jehová los escondió.
27Y vino palabra de Jehová a Jeremías, después que el rey quemó el rollo, las palabras que Baruc había escrito de boca de Jeremías, diciendo:
28Vuelve a tomar otro rollo, y escribe en él todas las palabras primeras que estaban en el primer rollo que quemó Joacim rey de Judá.
29Y dirás a Joacim rey de Judá: Así ha dicho Jehová: Tú quemaste este rollo, diciendo: ¿Por qué escribiste en él, diciendo: De cierto vendrá el rey de Babilonia, y destruirá esta tierra, y hará que no queden en ella ni hombres ni animales?
30Por tanto, así ha dicho Jehová acerca de Joacim rey de Judá: No tendrá quien se siente sobre el trono de David; y su cuerpo será echado al calor del día y al hielo de la noche.
31Y castigaré su maldad en él, y en su descendencia y en sus siervos; y traeré sobre ellos, y sobre los moradores de Jerusalén y sobre los varones de Judá, todo el mal que les he anunciado y no escucharon.
32Y tomó Jeremías otro rollo y lo dio a Baruc hijo de Nerías escriba; y escribió en él de boca de Jeremías todas las palabras del libro que quemó en el fuego Joacim rey de Judá; y aun fueron añadidas sobre ellas muchas otras palabras semejantes.

La Intrigante Relación entre Jeremías y Baruc: Profecías y Decepciones

“Y llamó Jeremías a Baruc hijo de Nerías, y escribió Baruc de boca de Jeremías, en un rollo de libro, todas las palabras que Jehová le había hablado.”

Jeremías 36: 4

El Papel de Baruc en las Profecías de Jeremías

Si hay una dupla en el antiguo testamento que merece su propia serie de televisión, definitivamente son Jeremías y Baruc. Baruc, ese hombre que simplemente quería escalar en el mundo y se topó con uno de los profetas más impresionantes. ¡Qué decepción cuando se dio cuenta de que “vincularse” con Jeremías no lo convertiría en un VIP (
Un VIP celestial (persona muy importante)! En Jeremías 36:4, descubrimos que Baruc no solo es el hijo de Nerías sino el amanuense perfecto para el gran profeta. Imagina la escena: un escriba tomando notas mientras el profeta suelta toda la sabiduría y revelación de Dios. ¡Los días de Baruc eran ocupados!

Cuando las Profecías se Vuelven Pesadas

Pobre Baruc. A medida que los días transcurren y la situación del pueblo se oscurece, su entusiasmo se convierte en desilusión. Jeremías 45 revela su sufrimiento emocional, donde sus esperanzas se ven aplastadas por la mano pesada de la realidad. Y aquí es donde Jeremías, el buen amigo que todos necesitamos, le recuerda que no es el momento de ser egoísta mientras su nación se está desmoronando. Es un guiño a nuestra cultura individualista, donde a menudo olvidamos el bienestar colectivo por nuestro propio camino al éxito. ¡Escucha, Baruc, el sobrecogedor mensaje de Dios no es solo para que lo transcribas, sino para que lo vivas!

Las Palabras de Dios No se Destruyen

¿Y qué pasa cuando un rey, en un ataque de rabia, decide quemar el rollo que contiene esas preciosas revelaciones? En Jeremías 36:27-32, entendemos que Dios siempre tiene un plan. Porque aquí, queridos amigos, la revelación persevera. A pesar del fuego, las Palabras de Dios se restauran y, de hecho, regresan más poderosas. A lo largo de la historia, se han hecho intentos por destruir las escrituras, pero la verdad es que el SEÑOR siempre se las ingenia para guardar Su mensaje. Así que, si alguna vez te sientes como Baruc, recuerda: aunque el contexto sea horrible, las Palabras de Dios tienen un poder que no puede ser apagado.

 

Amigo/as, ¡Feliz y bendecida lectura de la Palabra y, además, feliz noche!

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