PLAN A

Reflexión # 197. Sábado 15 - Agosto 2026

Pasos para realizar hoy:

1). Lee y escucha: | Josué 12

Josué 12

Reyes derrotados por Moisés

1Estos son los reyes de la tierra que los hijos de Israel derrotaron y cuya tierra poseyeron al otro lado del Jordán hacia donde nace el sol, desde el arroyo de Arnón hasta el monte Hermón, y todo el Arabá al oriente:
2Sehón rey de los amorreos, que habitaba en Hesbón, y señoreaba desde Aroer, que está a la ribera del arroyo de Arnón, y desde en medio del valle, y la mitad de Galaad, hasta el arroyo de Jaboc, término de los hijos de Amón;
3y el Arabá hasta el mar de Cineret, al oriente; y hasta el mar del Arabá, el Mar Salado, al oriente, por el camino de Bet- jesimot, y desde el sur al pie de las laderas del Pisga.
4Y el territorio de Og rey de Basán, que había quedado de los refaítas, el cual habitaba en Astarot y en Edrei,
5y dominaba en el monte Hermón, en Salca, en todo Basán hasta los límites de Gesur y de Maaca, y la mitad de Galaad, territorio de Sehón rey de Hesbón.
6A éstos derrotaron Moisés siervo de Jehová y los hijos de Israel; y Moisés siervo de Jehová dio aquella tierra en posesión a los rubenitas, a los gaditas y a la media tribu de Manasés.

Reyes derrotados por Josué

7Y estos son los reyes de la tierra que derrotaron Josué y los hijos de Israel, a este lado del Jordán hacia el occidente, desde Baal-gad en el llano del Líbano hasta el monte de Halac que sube hacia Seir; y Josué dio la tierra en posesión a las tribus de Israel, conforme a su distribución;
8en las montañas, en los valles, en el Arabá, en las laderas, en el desierto y en el Neguev; el heteo, el amorreo, el cananeo, el ferezeo, el heveo y el jebuseo.
9El rey de Jericó, uno; el rey de Hai, que está al lado de Bet-el, otro;
10el rey de Jerusalén, otro; el rey de Hebrón, otro;
11el rey de Jarmut, otro; el rey de Laquis, otro;
12el rey de Eglón, otro; el rey de Gezer, otro;
13el rey de Debir, otro; el rey de Geder, otro;
14el rey de Horma, otro; el rey de Arad, otro;
15el rey de Libna, otro; el rey de Adulam, otro;
16el rey de Maceda, otro; el rey de Bet-el, otro;
17el rey de Tapúa, otro; el rey de Hefer, otro;
18el rey de Afec, otro; el rey de Sarón, otro;
19el rey de Madón, otro; el rey de Hazor, otro;
20el rey de Simron-merón, otro; el rey de Acsaf, otro;
21el rey de Taanac, otro; el rey de Meguido, otro;
22el rey de Cedes, otro; el rey de Jocneam del Carmelo, otro;
23el rey de Dor, de la provincia de Dor, otro; el rey de Goim en Gilgal, otro;
24el rey de Tirsa, otro; treinta y un reyes por todos.

2). Lee y escucha: | Hechos 3

Hechos 3

Curación de un cojo

1Pedro y Juan subían juntos al templo a la hora novena, la de la oración.
2Y era traído un hombre cojo de nacimiento, a quien ponían cada día a la puerta del templo que se llama la Hermosa, para que pidiese limosna de los que entraban en el templo.
3Este, cuando vio a Pedro y a Juan que iban a entrar en el templo, les rogaba que le diesen limosna.
4Pedro, con Juan, fijando en él los ojos, le dijo: Míranos.
5Entonces él les estuvo atento, esperando recibir de ellos algo.
6Mas Pedro dijo: No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy; en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda.
7Y tomándole por la mano derecha le levantó; y al momento se le afirmaron los pies y tobillos;
8y saltando, se puso en pie y anduvo; y entró con ellos en el templo, andando, y saltando, y alabando a Dios.
9Y todo el pueblo le vio andar y alabar a Dios.
10Y le reconocían que era el que se sentaba a pedir limosna a la puerta del templo, la Hermosa; y se llenaron de asombro y espanto por lo que le había sucedido.

Discurso de Pedro en el pórtico de Salomón

11Y teniendo asidos a Pedro y a Juan el cojo que había sido sanado, todo el pueblo, atónito, concurrió a ellos al pórtico que se llama de Salomón.
12Viendo esto Pedro, respondió al pueblo: Varones israelitas, ¿por qué os maravilláis de esto? ¿o por qué ponéis los ojos en nosotros, como si por nuestro poder o piedad hubiésemos hecho andar a éste?
13El Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, el Dios de nuestros padres, ha glorificado a su Hijo Jesús, a quien vosotros entregasteis y negasteis delante de Pilato, cuando éste había resuelto ponerle en libertad.
14Mas vosotros negasteis al Santo y al Justo, y pedisteis que se os diese un homicida,
15y matasteis al Autor de la vida, a quien Dios ha resucitado de los muertos, de lo cual nosotros somos testigos.
16Y por la fe en su nombre, a éste, que vosotros veis y conocéis, le ha confirmado su nombre; y la fe que es por él ha dado a éste esta completa sanidad en presencia de todos vosotros.
17Mas ahora, hermanos, sé que por ignorancia lo habéis hecho, como también vuestros gobernantes.
18Pero Dios ha cumplido así lo que había antes anunciado por boca de todos sus profetas, que su Cristo había de padecer.
19Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio,
20y él envíe a Jesucristo, que os fue antes anunciado;
21a quien de cierto es necesario que el cielo reciba hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas, de que habló Dios por boca de sus santos profetas que han sido desde tiempo antiguo.
22Porque Moisés dijo a los padres: El Señor vuestro Dios os levantará profeta de entre vuestros hermanos, como a mí; a él oiréis en todas las cosas que os hable;
23y toda alma que no oiga a aquel profeta, será desarraigada del pueblo.
24Y todos los profetas desde Samuel en adelante, cuantos han hablado, también han anunciado estos días.
25Vosotros sois los hijos de los profetas, y del pacto que Dios hizo con nuestros padres, diciendo a Abraham: En tu simiente serán benditas todas las familias de la tierra.
26A vosotros primeramente, Dios, habiendo levantado a su Hijo, lo envió para que os bendijese, a fin de que cada uno se convierta de su maldad.

3). Lee y escucha: | Jeremías 7

Jeremías 7

Mejorad vuestros caminos y vuestras obras

1Palabra de Jehová que vino a Jeremías, diciendo:
2Ponte a la puerta de la casa de Jehová, y proclama allí esta palabra, y di: Oíd palabra de Jehová, todo Judá, los que entráis por estas puertas para adorar a Jehová.
3Así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: Mejorad vuestros caminos y vuestras obras, y os haré morar en este lugar.
4No fiéis en palabras de mentira, diciendo: Templo de Jehová, templo de Jehová, templo de Jehová es este.
5Pero si mejorareis cumplidamente vuestros caminos y vuestras obras; si con verdad hiciereis justicia entre el hombre y su prójimo,
6y no oprimiereis al extranjero, al huérfano y a la viuda, ni en este lugar derramareis la sangre inocente, ni anduviereis en pos de dioses ajenos para mal vuestro,
7os haré morar en este lugar, en la tierra que di a vuestros padres para siempre.
8He aquí, vosotros confiáis en palabras de mentira, que no aprovechan.
9Hurtando, matando, adulterando, jurando en falso, e incensando a Baal, y andando tras dioses extraños que no conocisteis,
10¿vendréis y os pondréis delante de mí en esta casa sobre la cual es invocado mi nombre, y diréis: Librados somos; para seguir haciendo todas estas abominaciones?
11¿Es cueva de ladrones delante de vuestros ojos esta casa sobre la cual es invocado mi nombre? He aquí que también yo lo veo, dice Jehová.
12Andad ahora a mi lugar en Silo, donde hice morar mi nombre al principio, y ved lo que le hice por la maldad de mi pueblo Israel.
13Ahora, pues, por cuanto vosotros habéis hecho todas estas obras, dice Jehová, y aunque os hablé desde temprano y sin cesar, no oísteis, y os llamé, y no respondisteis;
14haré también a esta casa sobre la cual es invocado mi nombre, en la que vosotros confiáis, y a este lugar que di a vosotros y a vuestros padres, como hice a Silo.
15Os echaré de mi presencia, como eché a todos vuestros hermanos, a toda la generación de Efraín.
16Tú, pues, no ores por este pueblo, ni levantes por ellos clamor ni oración, ni me ruegues; porque no te oiré.
17¿No ves lo que éstos hacen en las ciudades de Judá y en las calles de Jerusalén?
18Los hijos recogen la leña, los padres encienden el fuego, y las mujeres amasan la masa, para hacer tortas a la reina del cielo y para hacer ofrendas a dioses ajenos, para provocarme a ira.
19¿Me provocarán ellos a ira? dice Jehová. ¿No obran más bien ellos mismos su propia confusión?
20Por tanto, así ha dicho Jehová el Señor: He aquí que mi furor y mi ira se derramarán sobre este lugar, sobre los hombres, sobre los animales, sobre los árboles del campo y sobre los frutos de la tierra; se encenderán, y no se apagarán.

Castigo de la rebelión de Judá

21Así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: Añadid vuestros holocaustos sobre vuestros sacrificios, y comed la carne.
22Porque no hablé yo con vuestros padres, ni nada les mandé acerca de holocaustos y de víctimas el día que los saqué de la tierra de Egipto.
23Mas esto les mandé, diciendo: Escuchad mi voz, y seré a vosotros por Dios, y vosotros me seréis por pueblo; y andad en todo camino que os mande, para que os vaya bien.
24Y no oyeron ni inclinaron su oído; antes caminaron en sus propios consejos, en la dureza de su corazón malvado, y fueron hacia atrás y no hacia adelante,
25desde el día que vuestros padres salieron de la tierra de Egipto hasta hoy. Y os envié todos los profetas mis siervos, enviándolos desde temprano y sin cesar;
26pero no me oyeron ni inclinaron su oído, sino que endurecieron su cerviz, e hicieron peor que sus padres.
27Tú, pues, les dirás todas estas palabras, pero no te oirán; los llamarás, y no te responderán.
28Les dirás, por tanto: Esta es la nación que no escuchó la voz de Jehová su Dios, ni admitió corrección; pereció la verdad, y de la boca de ellos fue cortada.
29Corta tu cabello, y arrójalo, y levanta llanto sobre las alturas; porque Jehová ha aborrecido y dejado la generación objeto de su ira.
30Porque los hijos de Judá han hecho lo malo ante mis ojos, dice Jehová; pusieron sus abominaciones en la casa sobre la cual fue invocado mi nombre, amancillándola.
31Y han edificado los lugares altos de Tofet, que está en el valle del hijo de Hinom, para quemar al fuego a sus hijos y a sus hijas, cosa que yo no les mandé, ni subió en mi corazón.
32Por tanto, he aquí vendrán días, ha dicho Jehová, en que no se diga más, Tofet, ni valle del hijo de Hinom, sino Valle de la Matanza; y serán enterrados en Tofet, por no haber lugar.
33Y serán los cuerpos muertos de este pueblo para comida de las aves del cielo y de las bestias de la tierra; y no habrá quien las espante.
34Y haré cesar de las ciudades de Judá, y de las calles de Jerusalén, la voz de gozo y la voz de alegría, la voz del esposo y la voz de la esposa; porque la tierra será desolada.

4) Ver el siguiente video explicativo: Lecciones de Jeremías 6: Reflexiones sobre la Advertencia Profética
La Advertencia de Jeremías: Reflexiones sobre la Hipocresía y la Adoración

“Mas esto les mandé, diciendo: Escuchad mi voz, y seré a vosotros por Dios, y vosotros me seréis por pueblo; y andad en todo camino que os mande, para que os vaya bien.”  Jeremías 7:23

El Discurso del Templo en Jeremías

El discurso del templo, tal como se presenta en Jeremías 7, es una poderosa advertencia dirigida a aquellos que se acercaban a adorar al SEÑOR. En este pasaje, se hace hincapié en que ningún ritual ni ningún edificio (Templos – Religión) puede resguardar a los culpables de la ira Divina. Este mensaje, que resuena con gran claridad, nos invita a examinar nuestras propias creencias y prácticas religiosas.

La Inutilidad de la Adoración Superficial

La repetición mecánica de frases como «el templo del Señor» o «Jesús es el Señor» carece de valor si no va acompañada de un verdadero compromiso moral bíblico. Dios demanda de nosotros una renovación del corazón, el rechazo a los ídolos modernos, justicia y generosidad hacia los demás. La simple participación en los rituales o “cultos de avivamiento” no es suficiente si nuestras acciones no reflejan un corazón transformado por el Espíritu.

La Hipocresía y su Consecuencia

La hipocresía es una de las ofensas más graves que se mencionan. Muchas personas pueden asistir a la adoración – alabanzas mientras participan en actividades contrarias a los principios Divinos. Este comportamiento es comparable al del pueblo de Judá, que, a pesar de su falsa adoración, continuaba en prácticas de robo y adulterio. Esta advertencia resuena en nuestra cultura actual, donde se cree erróneamente que una mínima observancia religiosa – “pertenencia algún credo” nos hace «buenas personas» a salvo del juicio.

Es fundamental reconocer que es posible que la oportunidad de arrepentimiento llegue a su fin, como se indica en Jeremías 7:16, donde las oraciones por una nación puede ser desestimadas por Dios mismo.

 Amigo/as, ¡Feliz y bendecida lectura de la Palabra y, además, feliz noche!