PLAN A
Reflexión # 249. Martes 06 - Octubre 2026
Pasos para realizar hoy:
1). Lee y escucha: | 1 Samuel 18
Lee y escucha: 1 Samuel 18 Texto)
1 Samuel 18
1Aconteció que cuando él hubo acabado de hablar con Saúl, el alma de Jonatán quedó ligada con la de David, y lo amó Jonatán como a sí mismo.
2Y Saúl le tomó aquel día, y no le dejó volver a casa de su padre.
3E hicieron pacto Jonatán y David, porque él le amaba como a sí mismo.
4Y Jonatán se quitó el manto que llevaba, y se lo dio a David, y otras ropas suyas, hasta su espada, su arco y su talabarte.
5Y salía David a dondequiera que Saúl le enviaba, y se portaba prudentemente. Y lo puso Saúl sobre gente de guerra, y era acepto a los ojos de todo el pueblo, y a los ojos de los siervos de Saúl.
Saúl tiene celos de David
6Aconteció que cuando volvían ellos, cuando David volvió de matar al filisteo, salieron las mujeres de todas las ciudades de Israel cantando y danzando, para recibir al rey Saúl, con panderos, con cánticos de alegría y con instrumentos de música.
7Y cantaban las mujeres que danzaban, y decían: Saúl hirió a sus miles, Y David a sus diez miles.
8Y se enojó Saúl en gran manera, y le desagradó este dicho, y dijo: A David dieron diez miles, y a mí miles; no le falta más que el reino.
9Y desde aquel día Saúl no miró con buenos ojos a David.
10Aconteció al otro día, que un espíritu malo de parte de Dios tomó a Saúl, y él desvariaba en medio de la casa. David tocaba con su mano como los otros días; y tenía Saúl la lanza en la mano.
11Y arrojó Saúl la lanza, diciendo: Enclavaré a David a la pared. Pero David lo evadió dos veces.
12Mas Saúl estaba temeroso de David, por cuanto Jehová estaba con él, y se había apartado de Saúl;
13por lo cual Saúl lo alejó de sí, y le hizo jefe de mil; y salía y entraba delante del pueblo.
14Y David se conducía prudentemente en todos sus asuntos, y Jehová estaba con él.
15Y viendo Saúl que se portaba tan prudentemente, tenía temor de él.
16Mas todo Israel y Judá amaba a David, porque él salía y entraba delante de ellos.
17Entonces dijo Saúl a David: He aquí, yo te daré Merab mi hija mayor por mujer, con tal que me seas hombre valiente, y pelees las batallas de Jehová. Mas Saúl decía: No será mi mano contra él, sino que será contra él la mano de los filisteos.
18Pero David respondió a Saúl: ¿Quién soy yo, o qué es mi vida, o la familia de mi padre en Israel, para que yo sea yerno del rey?
19Y llegado el tiempo en que Merab hija de Saúl se había de dar a David, fue dada por mujer a Adriel meholatita.
20Pero Mical la otra hija de Saúl amaba a David; y fue dicho a Saúl, y le pareció bien a sus ojos.
21Y Saúl dijo: Yo se la daré, para que le sea por lazo, y para que la mano de los filisteos sea contra él. Dijo, pues, Saúl a David por segunda vez: Tú serás mi yerno hoy.
22Y mandó Saúl a sus siervos: Hablad en secreto a David, diciéndole: He aquí el rey te ama, y todos sus siervos te quieren bien; sé, pues, yerno del rey.
23Los criados de Saúl hablaron estas palabras a los oídos de David. Y David dijo: ¿Os parece a vosotros que es poco ser yerno del rey, siendo yo un hombre pobre y de ninguna estima?
24Y los criados de Saúl le dieron la respuesta, diciendo: Tales palabras ha dicho David.
25Y Saúl dijo: Decid así a David: El rey no desea la dote, sino cien prepucios de filisteos, para que sea tomada venganza de los enemigos del rey. Pero Saúl pensaba hacer caer a David en manos de los filisteos.
26Cuando sus siervos declararon a David estas palabras, pareció bien la cosa a los ojos de David, para ser yerno del rey. Y antes que el plazo se cumpliese,
27se levantó David y se fue con su gente, y mató a doscientos hombres de los filisteos; y trajo David los prepucios de ellos y los entregó todos al rey, a fin de hacerse yerno del rey. Y Saúl le dio su hija Mical por mujer.
28Pero Saúl, viendo y considerando que Jehová estaba con David, y que su hija Mical lo amaba,
29tuvo más temor de David; y fue Saúl enemigo de David todos los días.
30Y salieron a campaña los príncipes de los filisteos; y cada vez que salían, David tenía más éxito que todos los siervos de Saúl, por lo cual se hizo de mucha estima su nombre
2). Lee y escucha: | 1 Corintios 11
Lee y escucha: | 1 Corintios 11 (Texto)
1 Corintios 11
1Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo.
Atavío de las mujeres
2Os alabo, hermanos, porque en todo os acordáis de mí, y retenéis las instrucciones tal como os las entregué.
3Pero quiero que sepáis que Cristo es la cabeza de todo varón, y el varón es la cabeza de la mujer, y Dios la cabeza de Cristo.
4Todo varón que ora o profetiza con la cabeza cubierta, afrenta su cabeza.
5Pero toda mujer que ora o profetiza con la cabeza descubierta, afrenta su cabeza; porque lo mismo es que si se hubiese rapado.
6Porque si la mujer no se cubre, que se corte también el cabello; y si le es vergonzoso a la mujer cortarse el cabello o raparse, que se cubra.
7Porque el varón no debe cubrirse la cabeza, pues él es imagen y gloria de Dios; pero la mujer es gloria del varón.
8Porque el varón no procede de la mujer, sino la mujer del varón,
9y tampoco el varón fue creado por causa de la mujer, sino la mujer por causa del varón.
10Por lo cual la mujer debe tener señal de autoridad sobre su cabeza, por causa de los ángeles.
11Pero en el Señor, ni el varón es sin la mujer, ni la mujer sin el varón;
12porque así como la mujer procede del varón, también el varón nace de la mujer; pero todo procede de Dios.
13Juzgad vosotros mismos: ¿Es propio que la mujer ore a Dios sin cubrirse la cabeza?
14La naturaleza misma ¿no os enseña que al varón le es deshonroso dejarse crecer el cabello?
15Por el contrario, a la mujer dejarse crecer el cabello le es honroso; porque en lugar de velo le es dado el cabello.
16Con todo eso, si alguno quiere ser contencioso, nosotros no tenemos tal costumbre, ni las iglesias de Dios.
Abusos en la Cena del Señor
17Pero al anunciaros esto que sigue, no os alabo; porque no os congregáis para lo mejor, sino para lo peor.
18Pues en primer lugar, cuando os reunís como iglesia, oigo que hay entre vosotros divisiones; y en parte lo creo.
19Porque es preciso que entre vosotros haya disensiones, para que se hagan manifiestos entre vosotros los que son aprobados.
20Cuando, pues, os reunís vosotros, esto no es comer la cena del Señor.
21Porque al comer, cada uno se adelanta a tomar su propia cena; y uno tiene hambre, y otro se embriaga.
22Pues qué, ¿no tenéis casas en que comáis y bebáis? ¿O menospreciáis la iglesia de Dios, y avergonzáis a los que no tienen nada? ¿Qué os diré? ¿Os alabaré? En esto no os alabo.
Institución de la Cena del Señor
23Porque yo recibí del Señor lo que también os he enseñado: Que el Señor Jesús, la noche que fue entregado, tomó pan;
24y habiendo dado gracias, lo partió, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo que por vosotros es partido; haced esto en memoria de mí.
25Asimismo tomó también la copa, después de haber cenado, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre; haced esto todas las veces que la bebiereis, en memoria de mí.
26Así, pues, todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga.
Tomando la Cena del Señor indignamente
27De manera que cualquiera que comiere este pan o bebiere esta copa del Señor indignamente, será culpado del cuerpo y de la sangre del Señor.
28Por tanto, pruébese cada uno a sí mismo, y coma así del pan, y beba de la copa.
29Porque el que come y bebe indignamente, sin discernir el cuerpo del Señor, juicio come y bebe para sí.
30Por lo cual hay muchos enfermos y debilitados entre vosotros, y muchos duermen.
31Si, pues, nos examinásemos a nosotros mismos, no seríamos juzgados;
32mas siendo juzgados, somos castigados por el Señor, para que no seamos condenados con el mundo.
33Así que, hermanos míos, cuando os reunís a comer, esperaos unos a otros.
34Si alguno tuviere hambre, coma en su casa, para que no os reunáis para juicio. Las demás cosas las pondré en orden cuando yo fuere
3). Lee y escucha: | Ezequiel 5
Lee y escucha: | Ezequiel 5 Texto)
Ezequiel 5
1Y tú, hijo de hombre, tómate un cuchillo agudo, toma una navaja de barbero, y hazla pasar sobre tu cabeza y tu barba; toma después una balanza de pesar y divide los cabellos.
2Una tercera parte quemarás a fuego en medio de la ciudad, cuando se cumplan los días del asedio; y tomarás una tercera parte y la cortarás con espada alrededor de la ciudad; y una tercera parte esparcirás al viento, y yo desenvainaré espada en pos de ellos.
3Tomarás también de allí unos pocos en número, y los atarás en la falda de tu manto.
4Y tomarás otra vez de ellos, y los echarás en medio del fuego, y en el fuego los quemarás; de allí saldrá el fuego a toda la casa de Israel.
5Así ha dicho Jehová el Señor: Esta es Jerusalén; la puse en medio de las naciones y de las tierras alrededor de ella.
6Y ella cambió mis decretos y mis ordenanzas en impiedad más que las naciones, y más que las tierras que están alrededor de ella; porque desecharon mis decretos y mis mandamientos, y no anduvieron en ellos.
7Por tanto, así ha dicho Jehová: ¿Por haberos multiplicado más que las naciones que están alrededor de vosotros, no habéis andado en mis mandamientos, ni habéis guardado mis leyes? Ni aun según las leyes de las naciones que están alrededor de vosotros habéis andado.
8Así, pues, ha dicho Jehová el Señor: He aquí yo estoy contra ti; sí, yo, y haré juicios en medio de ti ante los ojos de las naciones.
9Y haré en ti lo que nunca hice, ni jamás haré cosa semejante, a causa de todas tus abominaciones.
10Por eso los padres comerán a los hijos en medio de ti, y los hijos comerán a sus padres; y haré en ti juicios, y esparciré a todos los vientos todo lo que quedare de ti.
11Por tanto, vivo yo, dice Jehová el Señor, ciertamente por haber profanado mi santuario con todas tus abominaciones, te quebrantaré yo también; mi ojo no perdonará, ni tampoco tendré yo misericordia.
12Una tercera parte de ti morirá de pestilencia y será consumida de hambre en medio de ti; y una tercera parte caerá a espada alrededor de ti; y una tercera parte esparciré a todos los vientos, y tras ellos desenvainaré espada.
13Y se cumplirá mi furor y saciaré en ellos mi enojo, y tomaré satisfacción; y sabrán que yo Jehová he hablado en mi celo, cuando cumpla en ellos mi enojo.
14Y te convertiré en soledad y en oprobio entre las naciones que están alrededor de ti, a los ojos de todo transeúnte.
15Y serás oprobio y escarnio y escarmiento y espanto a las naciones que están alrededor de ti, cuando yo haga en ti juicios con furor e indignación, y en reprensiones de ira. Yo Jehová he hablado.
16Cuando arroje yo sobre ellos las perniciosas saetas del hambre, que serán para destrucción, las cuales enviaré para destruiros, entonces aumentaré el hambre sobre vosotros, y quebrantaré entre vosotros el sustento del pan.
17Enviaré, pues, sobre vosotros hambre, y bestias feroces que te destruyan; y pestilencia y sangre pasarán por en medio de ti, y enviaré sobre ti espada. Yo Jehová he hablado
4) Ezequiel y su Visión: Un Encuentro con lo Divino en el Exilio.
El Juicio Divino en Ezequiel 5: Significado y Consecuencias
Reflexión | Ezequiel: 5: 9
«Por causa de tus ídolos repugnantes, haré contigo lo que jamás he hecho ni volveré a hacer» Ezequiel: 5: 9
Introducción a Ezequiel 5
En el capítulo 5 de Ezequiel, el profeta nos presenta una representación impactante del juicio que Dios ha decidido imponer a su pueblo. Utilizando una serie de actos simbólicos que incluyen el afilado de una espada y la manipulación de su cabello, Ezequiel comunica de manera clara y contundente el sentido de la ira Divina. Con esta representación, se enfatiza que el juicio no es casual, sino parte de un plan Divino claro y específico.
Simbolismo y Significado de los Actos de Ezequiel
El profeta divide su cabello en tres montones, cada uno con un destino particular: el primero es quemado dentro de la ciudad, el segundo es esparcido a lo largo de Jerusalén, y el tercero es enviado al viento. Este acto simboliza la muerte de un tercio de la población, la dispersión de otro tercio y la inevitable consecuencia del exilio. A través de estos actos, no solo se comunica el dolor del juicio, sino que se subraya que Dios es quien ejecuta este juicio de manera directa.
Reflexiones sobre el Juicio y la Gracia
A lo largo de la historia bíblica, el juicio de Dios ha sido evidente en momentos de gran pecado y rebeldía. Sin embargo, también es importante reconocer que la ira de Dios está equilibrada con su gracia. Como se menciona en el libro de Romanos, la justicia de Dios se revela a través de la fe en Jesucristo, quien toma sobre sí la ira que merecen todos los que han pecado. Ezequiel 5 resalta la gravedad del juicio, pero también promete redención y justo castigo para quienes aceptan la fe en el Salvador.
Amigo/as, ¡Feliz y bendecida lectura de la Palabra y, además, feliz noche!
