PLAN A
Reflexión # 272. Jueves 29 - Octubre 2026
Pasos para realizar hoy:
1) Ver el siguiente video explicativo: Resumen del libro de 2 Samuel
2). Lee y escucha: | 2 Samuel 13
Lee y escucha: 2 Samuel 13 (Texto)
2 Samuel 13
Amnón y Tamar
1Aconteció después de esto, que teniendo Absalón hijo de David una hermana hermosa que se llamaba Tamar, se enamoró de ella Amnón hijo de David.
2Y estaba Amnón angustiado hasta enfermarse por Tamar su hermana, pues por ser ella virgen, le parecía a Amnón que sería difícil hacerle cosa alguna.
3Y Amnón tenía un amigo que se llamaba Jonadab, hijo de Simea, hermano de David; y Jonadab era hombre muy astuto.
4Y éste le dijo: Hijo del rey, ¿por qué de día en día vas enflaqueciendo así? ¿No me lo descubrirás a mí? Y Amnón le respondió: Yo amo a Tamar la hermana de Absalón mi hermano.
5Y Jonadab le dijo: Acuéstate en tu cama, y finge que estás enfermo; y cuando tu padre viniere a visitarte, dile: Te ruego que venga mi hermana Tamar, para que me dé de comer, y prepare delante de mí alguna vianda, para que al verla yo la coma de su mano.
6Se acostó, pues, Amnón, y fingió que estaba enfermo; y vino el rey a visitarle. Y dijo Amnón al rey: Yo te ruego que venga mi hermana Tamar, y haga delante de mí dos hojuelas, para que coma yo de su mano.
7Y David envió a Tamar a su casa, diciendo: Ve ahora a casa de Amnón tu hermano, y hazle de comer.
8Y fue Tamar a casa de su hermano Amnón, el cual estaba acostado; y tomó harina, y amasó, e hizo hojuelas delante de él y las coció.
9Tomó luego la sartén, y las sacó delante de él; mas él no quiso comer. Y dijo Amnón: Echad fuera de aquí a todos. Y todos salieron de allí.
10Entonces Amnón dijo a Tamar: Trae la comida a la alcoba, para que yo coma de tu mano. Y tomando Tamar las hojuelas que había preparado, las llevó a su hermano Amnón a la alcoba.
11Y cuando ella se las puso delante para que comiese, asió de ella, y le dijo: Ven, hermana mía, acuéstate conmigo.
12Ella entonces le respondió: No, hermano mío, no me hagas violencia; porque no se debe hacer así en Israel. No hagas tal vileza.
13Porque ¿adónde iría yo con mi deshonra? Y aun tú serías estimado como uno de los perversos en Israel. Te ruego pues, ahora, que hables al rey, que él no me negará a ti.
14Mas él no la quiso oír, sino que pudiendo más que ella, la forzó, y se acostó con ella.
15Luego la aborreció Amnón con tan gran aborrecimiento, que el odio con que la aborreció fue mayor que el amor con que la había amado. Y le dijo Amnón: Levántate, y vete.
16Y ella le respondió: No hay razón; mayor mal es este de arrojarme, que el que me has hecho. Mas él no la quiso oír,
17sino que llamando a su criado que le servía, le dijo: Echame a ésta fuera de aquí, y cierra tras ella la puerta.
18Y llevaba ella un vestido de diversos colores, traje que vestían las hijas vírgenes de los reyes. Su criado, pues, la echó fuera, y cerró la puerta tras ella.
19Entonces Tamar tomó ceniza y la esparció sobre su cabeza, y rasgó la ropa de colores de que estaba vestida, y puesta su mano sobre su cabeza, se fue gritando.
Venganza y huida de Absalón
20Y le dijo su hermano Absalón: ¿Ha estado contigo tu hermano Amnón? Pues calla ahora, hermana mía; tu hermano es; no se angustie tu corazón por esto. Y se quedó Tamar desconsolada en casa de Absalón su hermano.
21Y luego que el rey David oyó todo esto, se enojó mucho.
22Mas Absalón no habló con Amnón ni malo ni bueno; aunque Absalón aborrecía a Amnón, porque había forzado a Tamar su hermana.
23Aconteció pasados dos años, que Absalón tenía esquiladores en Baal-hazor, que está junto a Efraín; y convidó Absalón a todos los hijos del rey.
24Y vino Absalón al rey, y dijo: He aquí, tu siervo tiene ahora esquiladores; yo ruego que venga el rey y sus siervos con tu siervo.
25Y respondió el rey a Absalón: No, hijo mío, no vamos todos, para que no te seamos gravosos. Y aunque porfió con él, no quiso ir, mas le bendijo.
26Entonces dijo Absalón: Pues si no, te ruego que venga con nosotros Amnón mi hermano. Y el rey le respondió: ¿Para qué ha de ir contigo?
27Pero como Absalón le importunaba, dejó ir con él a Amnón y a todos los hijos del rey.
28Y Absalón había dado orden a sus criados, diciendo: Os ruego que miréis cuando el corazón de Amnón esté alegre por el vino; y al decir yo: Herid a Amnón, entonces matadle, y no temáis, pues yo os lo he mandado. Esforzaos, pues, y sed valientes.
29Y los criados de Absalón hicieron con Amnón como Absalón les había mandado. Entonces se levantaron todos los hijos del rey, y montaron cada uno en su mula, y huyeron.
30Estando ellos aún en el camino, llegó a David el rumor que decía: Absalón ha dado muerte a todos los hijos del rey, y ninguno de ellos ha quedado.
31Entonces levantándose David, rasgó sus vestidos, y se echó en tierra, y todos sus criados que estaban junto a él también rasgaron sus vestidos.
32Pero Jonadab, hijo de Simea hermano de David, habló y dijo: No diga mi señor que han dado muerte a todos los jóvenes hijos del rey, pues sólo Amnón ha sido muerto; porque por mandato de Absalón esto había sido determinado desde el día en que Amnón forzó a Tamar su hermana.
33Por tanto, ahora no ponga mi señor el rey en su corazón ese rumor que dice: Todos los hijos del rey han sido muertos; porque sólo Amnón ha sido muerto.
34Y Absalón huyó. Entre tanto, alzando sus ojos el joven que estaba de atalaya, miró, y he aquí mucha gente que venía por el camino a sus espaldas, del lado del monte.
35Y dijo Jonadab al rey: He allí los hijos del rey que vienen; es así como tu siervo ha dicho.
36Cuando él acabó de hablar, he aquí los hijos del rey que vinieron, y alzando su voz lloraron. Y también el mismo rey y todos sus siervos lloraron con muy grandes lamentos.
37Mas Absalón huyó y se fue a Talmai hijo de Amiud, rey de Gesur. Y David lloraba por su hijo todos los días.
38Así huyó Absalón y se fue a Gesur, y estuvo allá tres años.
39Y el rey David deseaba ver a Absalón; pues ya estaba consolado acerca de Amnón, que había muerto.
3). Lee y escucha: | Gálatas 5
Lee y escucha: | Gálatas 5 (Texto)
Gálatas 5
Estad firmes en la libertad
1Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud.
2He aquí, yo Pablo os digo que si os circuncidáis, de nada os aprovechará Cristo.
3Y otra vez testifico a todo hombre que se circuncida, que está obligado a guardar toda la ley.
4De Cristo os desligasteis, los que por la ley os justificáis; de la gracia habéis caído.
5Pues nosotros por el Espíritu aguardamos por fe la esperanza de la justicia;
6porque en Cristo Jesús ni la circuncisión vale algo, ni la incircuncisión, sino la fe que obra por el amor.
7Vosotros corríais bien; ¿quién os estorbó para no obedecer a la verdad?
8Esta persuasión no procede de aquel que os llama.
9Un poco de levadura leuda toda la masa.
10Yo confío respecto de vosotros en el Señor, que no pensaréis de otro modo; mas el que os perturba llevará la sentencia, quienquiera que sea.
11Y yo, hermanos, si aún predico la circuncisión, ¿por qué padezco persecución todavía? En tal caso se ha quitado el tropiezo de la cruz.
12¡Ojalá se mutilasen los que os perturban!
13Porque vosotros, hermanos, a libertad fuisteis llamados; solamente que no uséis la libertad como ocasión para la carne, sino servíos por amor los unos a los otros.
14Porque toda la ley en esta sola palabra se cumple: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.
15Pero si os mordéis y os coméis unos a otros, mirad que también no os consumáis unos a otros.
Las obras de la carne y el fruto del Espíritu
16Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne.
17Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis.
18Pero si sois guiados por el Espíritu, no estáis bajo la ley.
19Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia,
20idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías,
21envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios.
22Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe,
23mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley.
24Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos.
25Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu.
26No nos hagamos vanagloriosos, irritándonos unos a otros, envidiándonos unos a otros.
4). Lee y escucha: | Ezequiel 28
Lee y escucha: | Ezequiel 28 (Texto)
Ezequiel 28
1Vino a mí palabra de Jehová, diciendo:
2Hijo de hombre, di al príncipe de Tiro: Así ha dicho Jehová el Señor: Por cuanto se enalteció tu corazón, y dijiste: Yo soy un dios, en el trono de Dios estoy sentado en medio de los mares (siendo tú hombre y no Dios), y has puesto tu corazón como corazón de Dios;
3he aquí que tú eres más sabio que Daniel; no hay secreto que te sea oculto.
4Con tu sabiduría y con tu prudencia has acumulado riquezas, y has adquirido oro y plata en tus tesoros.
5Con la grandeza de tu sabiduría en tus contrataciones has multiplicado tus riquezas; y a causa de tus riquezas se ha enaltecido tu corazón.
6Por tanto, así ha dicho Jehová el Señor: Por cuanto pusiste tu corazón como corazón de Dios,
7por tanto, he aquí yo traigo sobre ti extranjeros, los fuertes de las naciones, que desenvainarán sus espadas contra la hermosura de tu sabiduría, y mancharán tu esplendor.
8Al sepulcro te harán descender, y morirás con la muerte de los que mueren en medio de los mares.
9¿Hablarás delante del que te mate, diciendo: Yo soy Dios? Tú, hombre eres, y no Dios, en la mano de tu matador.
10De muerte de incircuncisos morirás por mano de extranjeros; porque yo he hablado, dice Jehová el Señor.
11Vino a mí palabra de Jehová, diciendo:
12Hijo de hombre, levanta endechas sobre el rey de Tiro, y dile: Así ha dicho Jehová el Señor: Tú eras el sello de la perfección, lleno de sabiduría, y acabado de hermosura.
13En Edén, en el huerto de Dios estuviste; de toda piedra preciosa era tu vestidura; de cornerina, topacio, jaspe, crisólito, berilo y ónice; de zafiro, carbunclo, esmeralda y oro; los primores de tus tamboriles y flautas estuvieron preparados para ti en el día de tu creación.
14Tú, querubín grande, protector, yo te puse en el santo monte de Dios, allí estuviste; en medio de las piedras de fuego te paseabas.
15Perfecto eras en todos tus caminos desde el día que fuiste creado, hasta que se halló en ti maldad.
16A causa de la multitud de tus contrataciones fuiste lleno de iniquidad, y pecaste; por lo que yo te eché del monte de Dios, y te arrojé de entre las piedras del fuego, oh querubín protector.
17Se enalteció tu corazón a causa de tu hermosura, corrompiste tu sabiduría a causa de tu esplendor; yo te arrojaré por tierra; delante de los reyes te pondré para que miren en ti.
18Con la multitud de tus maldades y con la iniquidad de tus contrataciones profanaste tu santuario; yo, pues, saqué fuego de en medio de ti, el cual te consumió, y te puse en ceniza sobre la tierra a los ojos de todos los que te miran.
19Todos los que te conocieron de entre los pueblos se maravillarán sobre ti; espanto serás, y para siempre dejarás de ser.
Profecía contra Sidón
20Vino a mí palabra de Jehová, diciendo:
21Hijo de hombre, pon tu rostro hacia Sidón, y profetiza contra ella,
22y dirás: Así ha dicho Jehová el Señor: He aquí yo estoy contra ti, oh Sidón, y en medio de ti seré glorificado; y sabrán que yo soy Jehová, cuando haga en ella juicios, y en ella me santifique.
23Enviaré a ella pestilencia y sangre en sus calles, y caerán muertos en medio de ella, con espada contra ella por todos lados; y sabrán que yo soy Jehová.
24Y nunca más será a la casa de Israel espina desgarradora, ni aguijón que le dé dolor, en medio de cuantos la rodean y la menosprecian; y sabrán que yo soy Jehová.
25Así ha dicho Jehová el Señor: Cuando recoja a la casa de Israel de los pueblos entre los cuales está esparcida, entonces me santificaré en ellos ante los ojos de las naciones, y habitarán en su tierra, la cual di a mi siervo Jacob.
26Y habitarán en ella seguros, y edificarán casas, y plantarán viñas, y vivirán confiadamente, cuando yo haga juicios en todos los que los despojan en sus alrededores; y sabrán que yo soy Jehová su Dios.
Gálatas 5:7: cómo perseverar en la carrera de la fe
Reflexión | Gálatas 5:7
“Ustedes corrían bien; ¿quién les impidió seguir la verdad?” Gálatas 5:7
«Ustedes corrían bien. ¿Quién los estorbó para que no obedecieran a la verdad?» La pregunta de Gálatas 5:7 invita a examinar nuestro caminar espiritual. Pablo escribe a creyentes que habían comenzado confiando en Cristo, pero que enfrentaban presiones para añadir requisitos humanos al mensaje de salvación. Su llamado sigue siendo pertinente: identificar aquello que nos aparta de la verdad y volver al centro del evangelio. Jesús mismo advirtió: «Conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres» (Juan 8:32). ¿Qué cosas pueden estar robando hoy esa libertad?
Una carrera que exige enfoque
La vida cristiana puede compararse con una carrera de perseverancia. Hay momentos de ánimo y claridad, pero también aparecen dificultades, dudas y distracciones. Algunas provienen de las circunstancias; otras, de ideas que prometen una espiritualidad superior a cambio de cumplir reglas como si estas pudieran ganar el favor de Dios. Gálatas recuerda que la salvación se recibe por la gracia de Dios mediante la fe en Jesucristo, no como recompensa por las obras. «No por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia» (Tito 3:5). ¿Estamos corriendo con los ojos puestos en Cristo o en nuestro propio desempeño?
Esto no significa que nuestras decisiones carezcan de importancia. Más bien, las buenas obras son fruto de una fe viva, no el precio que pagamos para ser aceptados por Dios. Mantener esta distinción nos ayuda a vivir con gratitud y libertad, sin convertir la obediencia en una competencia para demostrar quién merece más. «La fe, si no tiene obras, es muerta» (Santiago 2:17), pero esas obras nacen del amor, no del miedo. ¿Mis acciones reflejan gratitud o intento ganar aprobación?
Discernir las influencias
La pregunta de Pablo también nos lleva a considerar quiénes influyen en nuestras convicciones. Las enseñanzas, conversaciones y relaciones pueden fortalecer nuestra confianza en Cristo o confundirla. Por eso, es valioso formar parte de una comunidad de fe (Iglesia local) que promueva el amor, el crecimiento espiritual y una comprensión fiel del evangelio. «El hierro con hierro se afila; y así el hombre afila el rostro de su amigo» (Proverbios 27:17). ¿Quiénes están moldeando hoy mi caminar?
Discernir no consiste en rechazar toda corrección ni en aislarnos de los demás. Significa comparar lo que escuchamos con el mensaje de la gracia y buscar consejo sabio. Una comunidad – Iglesia saludable anima a hacer preguntas, estudiar las Escrituras y acompañarse mutuamente sin imponer cargas que Cristo no exige. Los bereanos fueron el ejemplo: «Escudriñando cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así» (Hechos 17:11). ¿Estoy evaluando lo que escucho a la luz de la Palabra?
Perseverar en la gracia
Gálatas 5:7 nos anima a retomar el camino cuando advertimos que nos hemos desviado. Perseverar implica volver una y otra vez a la verdad, depender de Dios y avanzar con paciencia. No corremos para ganar su amor, sino porque ya hemos recibido su gracia en Jesús. «Mi gracia es suficiente para ti» (2 Corintios 12:9). ¿Estoy apoyándome en mi fuerza o en la gracia que sostiene?
En medio de los desafíos, podemos pedir sabiduría para reconocer las distracciones y fortaleza para permanecer firmes. La carrera de la fe no siempre es sencilla, pero no la recorremos solos: la gracia de Dios nos sostiene y la comunidad – Iglesia puede ayudarnos a seguir adelante con esperanza. «Los que esperan en Jehová tendrán nuevas fuerzas» (Isaías 40:31). ¿Estoy dejando que Dios renueve mis fuerzas en esta etapa de la carrera?
Feliz y bendecida lectura de la Palabra, y feliz noche.
