PLAN A
Reflexión # 271. Miércoles 28 - Octubre 2026
Pasos para realizar hoy:
1). Lee y escucha: | 2 Samuel 12
Lee y escucha: 2 Samuel 12 (Texto)
2 Samuel 12
1Jehová envió a Natán a David; y viniendo a él, le dijo: Había dos hombres en una ciudad, el uno rico, y el otro pobre.
2El rico tenía numerosas ovejas y vacas;
3pero el pobre no tenía más que una sola corderita, que él había comprado y criado, y que había crecido con él y con sus hijos juntamente, comiendo de su bocado y bebiendo de su vaso, y durmiendo en su seno; y la tenía como a una hija.
4Y vino uno de camino al hombre rico; y éste no quiso tomar de sus ovejas y de sus vacas, para guisar para el caminante que había venido a él, sino que tomó la oveja de aquel hombre pobre, y la preparó para aquel que había venido a él.
5Entonces se encendió el furor de David en gran manera contra aquel hombre, y dijo a Natán: Vive Jehová, que el que tal hizo es digno de muerte.
6Y debe pagar la cordera con cuatro tantos, porque hizo tal cosa, y no tuvo misericordia.
7Entonces dijo Natán a David: Tú eres aquel hombre. Así ha dicho Jehová, Dios de Israel: Yo te ungí por rey sobre Israel, y te libré de la mano de Saúl,
8y te di la casa de tu señor, y las mujeres de tu señor en tu seno; además te di la casa de Israel y de Judá; y si esto fuera poco, te habría añadido mucho más.
9¿Por qué, pues, tuviste en poco la palabra de Jehová, haciendo lo malo delante de sus ojos? A Urías heteo heriste a espada, y tomaste por mujer a su mujer, y a él lo mataste con la espada de los hijos de Amón.
10Por lo cual ahora no se apartará jamás de tu casa la espada, por cuanto me menospreciaste, y tomaste la mujer de Urías heteo para que fuese tu mujer.
11Así ha dicho Jehová: He aquí yo haré levantar el mal sobre ti de tu misma casa, y tomaré tus mujeres delante de tus ojos, y las daré a tu prójimo, el cual yacerá con tus mujeres a la vista del sol.
12Porque tú lo hiciste en secreto; mas yo haré esto delante de todo Israel y a pleno sol.
13Entonces dijo David a Natán: Pequé contra Jehová. Y Natán dijo a David: También Jehová ha remitido tu pecado; no morirás.
14Mas por cuanto con este asunto hiciste blasfemar a los enemigos de Jehová, el hijo que te ha nacido ciertamente morirá.
15Y Natán se volvió a su casa. Y Jehová hirió al niño que la mujer de Urías había dado a David, y enfermó gravemente.
16Entonces David rogó a Dios por el niño; y ayunó David, y entró, y pasó la noche acostado en tierra.
17Y se levantaron los ancianos de su casa, y fueron a él para hacerlo levantar de la tierra; mas él no quiso, ni comió con ellos pan.
18Y al séptimo día murió el niño; y temían los siervos de David hacerle saber que el niño había muerto, diciendo entre sí: Cuando el niño aún vivía, le hablábamos, y no quería oír nuestra voz; ¿cuánto más se afligirá si le decimos que el niño ha muerto?
19Mas David, viendo a sus siervos hablar entre sí, entendió que el niño había muerto; por lo que dijo David a sus siervos: ¿Ha muerto el niño? Y ellos respondieron: Ha muerto.
20Entonces David se levantó de la tierra, y se lavó y se ungió, y cambió sus ropas, y entró a la casa de Jehová, y adoró. Después vino a su casa, y pidió, y le pusieron pan, y comió.
21Y le dijeron sus siervos: ¿Qué es esto que has hecho? Por el niño, viviendo aún, ayunabas y llorabas; y muerto él, te levantaste y comiste pan.
22Y él respondió: Viviendo aún el niño, yo ayunaba y lloraba, diciendo: ¿Quién sabe si Dios tendrá compasión de mí, y vivirá el niño?
23Mas ahora que ha muerto, ¿para qué he de ayunar? ¿Podré yo hacerle volver? Yo voy a él, mas él no volverá a mí.
24Y consoló David a Betsabé su mujer, y llegándose a ella durmió con ella; y ella le dio a luz un hijo, y llamó su nombre Salomón, al cual amó Jehová,
25y envió un mensaje por medio de Natán profeta; así llamó su nombre Jedidías, a causa de Jehová.
David captura Rabá
26Joab peleaba contra Rabá de los hijos de Amón, y tomó la ciudad real.
27Entonces envió Joab mensajeros a David, diciendo: Yo he puesto sitio a Rabá, y he tomado la ciudad de las aguas.
28Reúne, pues, ahora al pueblo que queda, y acampa contra la ciudad y tómala, no sea que tome yo la ciudad y sea llamada de mi nombre.
29Y juntando David a todo el pueblo, fue contra Rabá, y combatió contra ella, y la tomó.
30Y quitó la corona de la cabeza de su rey, la cual pesaba un talento de oro, y tenía piedras preciosas; y fue puesta sobre la cabeza de David. Y sacó muy grande botín de la ciudad.
31Sacó además a la gente que estaba en ella, y los puso a trabajar con sierras, con trillos de hierro y hachas de hierro, y además los hizo trabajar en los hornos de ladrillos; y lo mismo hizo a todas las ciudades de los hijos de Amón. Y volvió David con todo el pueblo a Jerusalén
2). Lee y escucha: | Gálatas 4
Lee y escucha: | Gálatas 4 (Texto)
Gálatas 4
1Pero también digo: Entre tanto que el heredero es niño, en nada difiere del esclavo, aunque es señor de todo;
2sino que está bajo tutores y curadores hasta el tiempo señalado por el padre.
3Así también nosotros, cuando éramos niños, estábamos en esclavitud bajo los rudimentos del mundo.
4Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley,
5para que redimiese a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos.
6Y por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama: ¡Abba, Padre!
7Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si hijo, también heredero de Dios por medio de Cristo.
Exhortación contra el volver a la esclavitud
8Ciertamente, en otro tiempo, no conociendo a Dios, servíais a los que por naturaleza no son dioses;
9mas ahora, conociendo a Dios, o más bien, siendo conocidos por Dios, ¿cómo es que os volvéis de nuevo a los débiles y pobres rudimentos, a los cuales os queréis volver a esclavizar?
10Guardáis los días, los meses, los tiempos y los años.
11Me temo de vosotros, que haya trabajado en vano con vosotros.
12Os ruego, hermanos, que os hagáis como yo, porque yo también me hice como vosotros. Ningún agravio me habéis hecho.
13Pues vosotros sabéis que a causa de una enfermedad del cuerpo os anuncié el evangelio al principio;
14y no me despreciasteis ni desechasteis por la prueba que tenía en mi cuerpo, antes bien me recibisteis como a un ángel de Dios, como a Cristo Jesús.
15¿Dónde, pues, está esa satisfacción que experimentabais? Porque os doy testimonio de que si hubieseis podido, os hubierais sacado vuestros propios ojos para dármelos.
16¿Me he hecho, pues, vuestro enemigo, por deciros la verdad?
17Tienen celo por vosotros, pero no para bien, sino que quieren apartaros de nosotros para que vosotros tengáis celo por ellos.
18Bueno es mostrar celo en lo bueno siempre, y no solamente cuando estoy presente con vosotros.
19Hijitos míos, por quienes vuelvo a sufrir dolores de parto, hasta que Cristo sea formado en vosotros,
20quisiera estar con vosotros ahora mismo y cambiar de tono, pues estoy perplejo en cuanto a vosotros.
Alegoría de Sara y Agar
21Decidme, los que queréis estar bajo la ley: ¿no habéis oído la ley?
22Porque está escrito que Abraham tuvo dos hijos; uno de la esclava, el otro de la libre.
23Pero el de la esclava nació según la carne; mas el de la libre, por la promesa.
24Lo cual es una alegoría, pues estas mujeres son los dos pactos; el uno proviene del monte Sinaí, el cual da hijos para esclavitud; éste es Agar.
25Porque Agar es el monte Sinaí en Arabia, y corresponde a la Jerusalén actual, pues ésta, junto con sus hijos, está en esclavitud.
26Mas la Jerusalén de arriba, la cual es madre de todos nosotros, es libre.
27Porque está escrito:
Regocíjate, oh estéril, tú que no das a luz;
Prorrumpe en júbilo y clama, tú que no tienes dolores de parto;
Porque más son los hijos de las desolada, que de la que tiene marido.
28Así que, hermanos, nosotros, como Isaac, somos hijos de la promesa.
29Pero como entonces el que había nacido según la carne perseguía al que había nacido según el Espíritu, así también ahora.
30Mas ¿qué dice la Escritura? Echa fuera a la esclava y a su hijo, porque no heredará el hijo de la esclava con el hijo de la libre.
31De manera, hermanos, que no somos hijos de la esclava, sino de la libre.
3) Ver el siguiente video explicativo: Ley bíblica
4). Lee y escucha: | Ezequiel 27
Lee y escucha: | Ezequiel 27 (Texto)
Ezequiel 27
1Vino a mí palabra de Jehová, diciendo:
2Tú, hijo de hombre, levanta endechas sobre Tiro.
3Dirás a Tiro, que está asentada a las orillas del mar, la que trafica con los pueblos de muchas costas: Así ha dicho Jehová el Señor: Tiro, tú has dicho: Yo soy de perfecta hermosura.
4En el corazón de los mares están tus confines; los que te edificaron completaron tu belleza.
5De hayas del monte Senir te fabricaron todo el maderaje; tomaron cedros del Líbano para hacerte el mástil.
6De encinas de Basán hicieron tus remos; tus bancos de pino de las costas de Quitim, incrustados de marfil.
7De lino fino bordado de Egipto era tu cortina, para que te sirviese de vela; de azul y púrpura de las costas de Elisa era tu pabellón.
8Los moradores de Sidón y de Arvad fueron tus remeros; tus sabios, oh Tiro, estaban en ti; ellos fueron tus pilotos.
9Los ancianos de Gebal y sus más hábiles obreros calafateaban tus junturas; todas las naves del mar y los remeros de ellas fueron a ti para negociar, para participar de tus negocios.
10Persas y los de Lud y Fut fueron en tu ejército tus hombres de guerra; escudos y yelmos colgaron en ti; ellos te dieron tu esplendor.
11Y los hijos de Arvad con tu ejército estuvieron sobre tus muros alrededor, y los gamadeos en tus torres; sus escudos colgaron sobre tus muros alrededor; ellos completaron tu hermosura.
12Tarsis comerciaba contigo por la abundancia de todas tus riquezas; con plata, hierro, estaño y plomo comerciaba en tus ferias.
13Javán, Tubal y Mesec comerciaban también contigo; con hombres y con utensilios de bronce comerciaban en tus ferias.
14Los de la casa de Togarma, con caballos y corceles de guerra y mulos, comerciaban en tu mercado.
15Los hijos de Dedán traficaban contigo; muchas costas tomaban mercadería de tu mano; colmillos de marfil y ébano te dieron por sus pagos.
16Edom traficaba contigo por la multitud de tus productos; con perlas, púrpura, vestidos bordados, linos finos, corales y rubíes venía a tus ferias.
17Judá y la tierra de Israel comerciaban contigo; con trigos de Minit y Panag, miel, aceite y resina negociaban en tus mercados.
18Damasco comerciaba contigo por tus muchos productos, por la abundancia de toda riqueza; con vino de Helbón y lana blanca negociaban.
19Asimismo Dan y el errante Javán vinieron a tus ferias, para negociar en tu mercado con hierro labrado, mirra destilada y caña aromática.
20Dedán comerciaba contigo en paños preciosos para carros.
21Arabia y todos los príncipes de Cedar traficaban contigo en corderos y carneros y machos cabríos; en estas cosas fueron tus mercaderes.
22Los mercaderes de Sabá y de Raama fueron también tus mercaderes; con lo principal de toda especiería, y toda piedra preciosa, y oro, vinieron a tus ferias.
23Harán, Cane, Edén, y los mercaderes de Sabá, de Asiria y de Quilmad, contrataban contigo.
24Estos mercaderes tuyos negociaban contigo en varias cosas; en mantos de azul y bordados, y en cajas de ropas preciosas, enlazadas con cordones, y en madera de cedro.
25Las naves de Tarsis eran como tus caravanas que traían tus mercancías; así llegaste a ser opulenta, te multiplicaste en gran manera en medio de los mares.
26En muchas aguas te engolfaron tus remeros; viento solano te quebrantó en medio de los mares.
27Tus riquezas, tus mercaderías, tu tráfico, tus remeros, tus pilotos, tus calafateadores y los agentes de tus negocios, y todos tus hombres de guerra que hay en ti, con toda tu compañía que en medio de ti se halla, caerán en medio de los mares el día de tu caída.
28Al estrépito de las voces de tus marineros temblarán las costas.
29Descenderán de sus naves todos los que toman remo; remeros y todos los pilotos del mar se quedarán en tierra,
30y harán oír su voz sobre ti, y gritarán amargamente, y echarán polvo sobre sus cabezas, y se revolcarán en ceniza.
31Se raerán por ti los cabellos, se ceñirán de cilicio, y endecharán por ti endechas amargas, con amargura del alma.
32Y levantarán sobre ti endechas en sus lamentaciones, y endecharán sobre ti, diciendo: ¿Quién como Tiro, como la destruida en medio del mar?
33Cuando tus mercaderías salían de las naves, saciabas a muchos pueblos; a los reyes de la tierra enriqueciste con la multitud de tus riquezas y de tu comercio.
34En el tiempo en que seas quebrantada por los mares en lo profundo de las aguas, tu comercio y toda tu compañía caerán en medio de ti.
35Todos los moradores de las costas se maravillarán sobre ti, y sus reyes temblarán de espanto; demudarán sus rostros.
36Los mercaderes en los pueblos silbarán contra ti; vendrás a ser espanto, y para siempre dejarás de ser.
Gálatas 4:7: la identidad que sostiene todo el capítulo
Reflexión | Gálatas 4:7
«Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si hijo, también heredero de Dios por medio de Cristo» (Gálatas 4:7).
En esta frase, Pablo reúne una de las ideas centrales de su carta: quienes pertenecen a Cristo ya no viven bajo la condición de esclavos, sino que han recibido una nueva identidad como hijos de Dios.
Este versículo no aparece aislado. Pablo explica que, en la plenitud del tiempo, Dios envió a su Hijo para redimir a quienes estaban bajo la ley y concederles la adopción (vv. 4–5). Esta afirmación se conecta con Juan 1:12: «Mas a todos los que le recibieron… les dio potestad de ser hechos hijos de Dios». La adopción no es un cambio superficial; es una transformación de estatus, de relación y de destino.
Luego, el Espíritu del Hijo clama en el corazón de los creyentes: «¡Abba, Padre!» (v. 6). Ese clamor es la evidencia interna de la nueva identidad. Romanos 8:15 lo confirma: «Habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre!». La filiación, por tanto, no es un logro humano; es fruto de la obra de Cristo y de la acción de Dios, una realidad que se experimenta desde dentro y se sostiene desde arriba.
Hijos y herederos, no esclavos
Ser hijo también significa ser heredero. Pablo presenta así una relación marcada por la pertenencia y la promesa, no por el temor de quien intenta ganarse un lugar. Esta identidad ofrece la base para su advertencia: volver a someterse a prácticas que esclavizan sería regresar a una condición incompatible con la libertad recibida (vv. 9–11).
Este contraste entre esclavitud y herencia aparece también en Romanos 8:17: «Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo». La herencia no se obtiene por esfuerzo, sino por relación. No se conquista, se recibe.
El mismo contraste aparece en la alegoría de Agar y Sara (vv. 21–31). Pablo la emplea para hablar de esclavitud y libertad, y de dos maneras distintas de entender la herencia. Agar representa el intento humano de alcanzar la promesa por medios propios; Sara representa la promesa que nace del poder de Dios. Hebreos 11:11 recuerda que Sara concibió «por la fe», no por capacidad humana. El capítulo conduce, una y otra vez, a la pregunta de quiénes son los creyentes y de qué promesa forman parte.
El centro del mensaje de Gálatas 4
Gálatas 4:7 funciona como su centro temático y doctrinal. La declaración de que somos hijos y herederos sostiene la argumentación de Pablo: explica la libertad cristiana, la oposición a volver a la esclavitud y el sentido de la herencia prometida.
Leer el capítulo desde este versículo permite ver que la libertad no consiste simplemente en abandonar reglas. Consiste en vivir desde una identidad recibida por medio de Cristo. Pablo invita a sus lectores a recordar quiénes son: no esclavos, sino hijos; y, como hijos, herederos de Dios.
Esta verdad se enlaza con 1 Juan 3:1: «Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, que seamos llamados hijos de Dios». La identidad es el fundamento de la libertad, la obediencia y la esperanza. Y también con Efesios 1:13–14, donde el Espíritu es descrito como «las arras de nuestra herencia», el sello que confirma que la promesa es real y que la filiación es irrevocable.
Reflexión final
Gálatas 4:7 no solo resume el capítulo; revela el corazón del evangelio: Dios no solo nos perdona; nos adopta. No solo nos libera; nos hace herederos. No solo nos llama; nos recibe como hijos.
La libertad cristiana nace de saber quiénes somos en Cristo. La obediencia fluye de la gratitud, no del miedo. La herencia se espera con confianza, no con ansiedad.
Somos hijos. Somos herederos. Somos libres.
Feliz y bendecida lectura de la Palabra, y feliz noche.
