PLAN A

Reflexión # 270. Martes 27 - Octubre 2026

Pasos para realizar hoy:

1). Lee y escucha: | 2 Samuel 11

2 Samuel 11

David y Betsabé

1Aconteció al año siguiente, en el tiempo que salen los reyes a la guerra, que David envió a Joab, y con él a sus siervos y a todo Israel, y destruyeron a los amonitas, y sitiaron a Rabá; pero David se quedó en Jerusalén.
2Y sucedió un día, al caer la tarde, que se levantó David de su lecho y se paseaba sobre el terrado de la casa real; y vio desde el terrado a una mujer que se estaba bañando, la cual era muy hermosa.
3Envió David a preguntar por aquella mujer, y le dijeron: Aquella es Betsabé hija de Eliam, mujer de Urías heteo.
4Y envió David mensajeros, y la tomó; y vino a él, y él durmió con ella. Luego ella se purificó de su inmundicia, y se volvió a su casa.
5Y concibió la mujer, y envió a hacerlo saber a David, diciendo: Estoy encinta.
6Entonces David envió a decir a Joab: Envíame a Urías heteo. Y Joab envió a Urías a David.
7Cuando Urías vino a él, David le preguntó por la salud de Joab, y por la salud del pueblo, y por el estado de la guerra.
8Después dijo David a Urías: Desciende a tu casa, y lava tus pies. Y saliendo Urías de la casa del rey, le fue enviado presente de la mesa real.
9Mas Urías durmió a la puerta de la casa del rey con todos los siervos de su señor, y no descendió a su casa.
10E hicieron saber esto a David, diciendo: Urías no ha descendido a su casa. Y dijo David a Urías: ¿No has venido de camino? ¿Por qué, pues, no descendiste a tu casa?
11Y Urías respondió a David: El arca e Israel y Judá están bajo tiendas, y mi señor Joab, y los siervos de mi señor, en el campo; ¿y había yo de entrar en mi casa para comer y beber, y a dormir con mi mujer? Por vida tuya, y por vida de tu alma, que yo no haré tal cosa.
12Y David dijo a Urías: Quédate aquí aún hoy, y mañana te despacharé. Y se quedó Urías en Jerusalén aquel día y el siguiente.
13Y David lo convidó a comer y a beber con él, hasta embriagarlo. Y él salió a la tarde a dormir en su cama con los siervos de su señor; mas no descendió a su casa.
14Venida la mañana, escribió David a Joab una carta, la cual envió por mano de Urías.
15Y escribió en la carta, diciendo: Poned a Urías al frente, en lo más recio de la batalla, y retiraos de él, para que sea herido y muera.
16Así fue que cuando Joab sitió la ciudad, puso a Urías en el lugar donde sabía que estaban los hombres más valientes.
17Y saliendo luego los de la ciudad, pelearon contra Joab, y cayeron algunos del ejército de los siervos de David; y murió también Urías heteo.
18Entonces envió Joab e hizo saber a David todos los asuntos de la guerra.
19Y mandó al mensajero, diciendo: Cuando acabes de contar al rey todos los asuntos de la guerra,
20si el rey comenzare a enojarse, y te dijere: ¿Por qué os acercasteis demasiado a la ciudad para combatir? ¿No sabíais lo que suelen arrojar desde el muro?
21¿Quién hirió a Abimelec hijo de Jerobaal? ¿No echó una mujer del muro un pedazo de una rueda de molino, y murió en Tebes? ¿Por qué os acercasteis tanto al muro? Entonces tú le dirás: También tu siervo Urías heteo es muerto.
22Fue el mensajero, y llegando, contó a David todo aquello a que Joab le había enviado.
23Y dijo el mensajero a David: Prevalecieron contra nosotros los hombres que salieron contra nosotros al campo, bien que nosotros les hicimos retroceder hasta la entrada de la puerta;
24pero los flecheros tiraron contra tus siervos desde el muro, y murieron algunos de los siervos del rey; y murió también tu siervo Urías heteo.
25Y David dijo al mensajero: Así dirás a Joab: No tengas pesar por esto, porque la espada consume, ora a uno, ora a otro; refuerza tu ataque contra la ciudad, hasta que la rindas. Y tú aliéntale.
26Oyendo la mujer de Urías que su marido Urías era muerto, hizo duelo por su marido.
27Y pasado el luto, envió David y la trajo a su casa; y fue ella su mujer, y le dio a luz un hijo. Mas esto que David había hecho, fue desagradable ante los ojos de Jehová.

2). Lee y escucha: | Gálatas 3

Gálatas 3

El Espíritu se recibe por la fe

1¡Oh gálatas insensatos! ¿quién os fascinó para no obedecer a la verdad, a vosotros ante cuyos ojos Jesucristo fue ya presentado claramente entre vosotros como crucificado?
2Esto solo quiero saber de vosotros: ¿Recibisteis el Espíritu por las obras de la ley, o por el oír con fe?
3¿Tan necios sois? ¿Habiendo comenzado por el Espíritu, ahora vais a acabar por la carne?
4¿Tantas cosas habéis padecido en vano? si es que realmente fue en vano.
5Aquel, pues, que os suministra el Espíritu, y hace maravillas entre vosotros, ¿lo hace por las obras de la ley, o por el oír con fe?

El pacto de Dios con Abraham

6Así Abraham creyó a Dios, y le fue contado por justicia.
7Sabed, por tanto, que los que son de fe, éstos son hijos de Abraham.
8Y la Escritura, previendo que Dios había de justificar por la fe a los gentiles, dio de antemano la buena nueva a Abraham, diciendo: En ti serán benditas todas las naciones.
9De modo que los de la fe son bendecidos con el creyente Abraham.
10Porque todos los que dependen de las obras de la ley están bajo maldición, pues escrito está: Maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas.
11Y que por la ley ninguno se justifica para con Dios, es evidente, porque: El justo por la fe vivirá;
12y la ley no es de fe, sino que dice: El que hiciere estas cosas vivirá por ellas.
13Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero),
14para que en Cristo Jesús la bendición de Abraham alcanzase a los gentiles, a fin de que por la fe recibiésemos la promesa del Espíritu.
15Hermanos, hablo en términos humanos: Un pacto, aunque sea de hombre, una vez ratificado, nadie lo invalida, ni le añade.
16Ahora bien, a Abraham fueron hechas las promesas, y a su simiente. No dice: Y a las simientes, como si hablase de muchos, sino como de uno: Y a tu simiente, la cual es Cristo.
17Esto, pues, digo: El pacto previamente ratificado por Dios para con Cristo, la ley que vino cuatrocientos treinta años después, no lo abroga, para invalidar la promesa.
18Porque si la herencia es por la ley, ya no es por la promesa; pero Dios la concedió a Abraham mediante la promesa.

El propósito de la ley

19Entonces, ¿para qué sirve la ley? Fue añadida a causa de las transgresiones, hasta que viniese la simiente a quien fue hecha la promesa; y fue ordenada por medio de ángeles en mano de un mediador.
20Y el mediador no lo es de uno solo; pero Dios es uno.
21¿Luego la ley es contraria a las promesas de Dios? En ninguna manera; porque si la ley dada pudiera vivificar, la justicia fuera verdaderamente por la ley.
22Mas la Escritura lo encerró todo bajo pecado, para que la promesa que es por la fe en Jesucristo fuese dada a los creyentes.
23Pero antes que viniese la fe, estábamos confinados bajo la ley, encerrados para aquella fe que iba a ser revelada.
24De manera que la ley ha sido nuestro ayo, para llevarnos a Cristo, a fin de que fuésemos justificados por la fe.
25Pero venida la fe, ya no estamos bajo ayo,
26pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús;
27porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos.
28Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús.
29Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa.

3) Ver el siguiente video explicativo: Espíritu de Dios
4). Lee y escucha: | Ezequiel 26

Ezequiel 26

Profecía contra Tiro

1Aconteció en el undécimo año, en el día primero del mes, que vino a mí palabra de Jehová, diciendo:
2Hijo de hombre, por cuanto dijo Tiro contra Jerusalén: Ea, bien; quebrantada está la que era puerta de las naciones; a mí se volvió; yo seré llena, y ella desierta;
3por tanto, así ha dicho Jehová el Señor: He aquí yo estoy contra ti, oh Tiro, y haré subir contra ti muchas naciones, como el mar hace subir sus olas.
4Y demolerán los muros de Tiro, y derribarán sus torres; y barreré de ella hasta su polvo, y la dejaré como una peña lisa.
5Tendedero de redes será en medio del mar, porque yo he hablado, dice Jehová el Señor; y será saqueada por las naciones.
6Y sus hijas que están en el campo serán muertas a espada; y sabrán que yo soy Jehová.
7Porque así ha dicho Jehová el Señor: He aquí que del norte traigo yo contra Tiro a Nabucodonosor rey de Babilonia, rey de reyes, con caballos y carros y jinetes, y tropas y mucho pueblo.
8Matará a espada a tus hijas que están en el campo, y pondrá contra ti torres de sitio, y levantará contra ti baluarte, y escudo afirmará contra ti.
9Y pondrá contra ti arietes, contra tus muros, y tus torres destruirá con hachas.
10Por la multitud de sus caballos te cubrirá el polvo de ellos; con el estruendo de su caballería y de las ruedas y de los carros, temblarán tus muros, cuando entre por tus puertas como por portillos de ciudad destruida.
11Con los cascos de sus caballos hollará todas tus calles; a tu pueblo matará a filo de espada, y tus fuertes columnas caerán a tierra.
12Y robarán tus riquezas y saquearán tus mercaderías; arruinarán tus muros, y tus casas preciosas destruirán; y pondrán tus piedras y tu madera y tu polvo en medio de las aguas.
13Y haré cesar el estrépito de tus canciones, y no se oirá más el son de tus cítaras.
14Y te pondré como una peña lisa; tendedero de redes serás, y nunca más serás edificada; porque yo Jehová he hablado, dice Jehová el Señor.
15Así ha dicho Jehová el Señor a Tiro: ¿No se estremecerán las costas al estruendo de tu caída, cuando griten los heridos, cuando se haga la matanza en medio de ti?
16Entonces todos los príncipes del mar descenderán de sus tronos, y se quitarán sus mantos, y desnudarán sus ropas bordadas; de espanto se vestirán, se sentarán sobre la tierra, y temblarán a cada momento, y estarán atónitos sobre ti.
17Y levantarán sobre ti endechas, y te dirán: ¿Cómo pereciste tú, poblada por gente de mar, ciudad que era alabada, que era fuerte en el mar, ella y sus habitantes, que infundían terror a todos los que la rodeaban?
18Ahora se estremecerán las islas en el día de tu caída; sí, las islas que están en el mar se espantarán a causa de tu fin.
19Porque así ha dicho Jehová el Señor: Yo te convertiré en ciudad asolada, como las ciudades que no se habitan; haré subir sobre ti el abismo, y las muchas aguas te cubrirán.
20Y te haré descender con los que descienden al sepulcro, con los pueblos de otros siglos, y te pondré en las profundidades de la tierra, como los desiertos antiguos, con los que descienden al sepulcro, para que nunca más seas poblada; y daré gloria en la tierra de los vivientes.
21Te convertiré en espanto, y dejarás de ser; serás buscada, y nunca más serás hallada, dice Jehová el Señor.

 

Gálatas 3:25: vivir la libertad que nace de la fe

«Pero venida la fe, ya no estamos bajo ayo». Gálatas 3:25

La fe cambia nuestra relación con Dios Gálatas 3:25 afirma: «Pero venida la fe, ya no estamos bajo ayo». Con estas palabras, Pablo explica que la ley cumplió una función temporal: guiar y señalar la necesidad de salvación. Sin embargo, la llegada de Jesucristo inaugura una nueva etapa. Quienes confían en él ya no dependen de cumplir normas para ganar aceptación ante Dios; reciben su gracia por medio de la fe. Esta verdad se armoniza con Romanos 10:4: «Cristo es el fin de la ley para justicia a todo aquel que cree», y con Efesios 2:8-9, que recuerda que la salvación es por gracia, no por obras.

Esta enseñanza sigue siendo relevante.

Es fácil medir la vida espiritual por una lista de logros, comparar nuestra conducta con la de otros o pensar que un error nos aleja irremediablemente de Dios. El versículo nos recuerda que nuestra esperanza descansa en la obra de Cristo, no en una perfección que no podemos alcanzar por nuestros propios medios. Así lo afirma Hebreos 10:22, invitándonos a acercarnos «con corazón sincero, en plena certidumbre de fe», confiando en la obra completa de Cristo.

Libertad que no elimina la responsabilidad

Estar libres de la condena de la ley no significa vivir sin dirección moral. La gracia no es una invitación a ignorar el bien, sino el fundamento de una respuesta agradecida. Al comprender el amor de Dios, somos llamados a amar al prójimo, servir con humildad y obedecer las enseñanzas de Jesús. Estas acciones no compran la salvación: expresan una fe viva y una vida transformada. Gálatas 5:13 lo expresa así: «No uséis la libertad como ocasión para la carne, sino servíos por amor los unos a los otros».

Por eso, la libertad cristiana combina confianza y compromiso. Podemos acercarnos a Dios con sinceridad, reconocer nuestras faltas y buscar crecer, sin quedar atrapados en la culpa ni en el afán de demostrar que merecemos su favor. La obediencia nace entonces de la relación, no del temor a ser rechazados. Santiago 1:25 describe esta dinámica: quien mira atentamente la «ley perfecta, la de la libertad», y persevera en ella, «éste será bienaventurado en lo que hace».

Preguntas para examinar la vida espiritual

Gálatas 3:25 invita a preguntarnos dónde ponemos nuestra confianza. ¿Descansamos en la obra de Cristo o intentamos sostener nuestra esperanza con méritos personales? ¿Vivimos la libertad de la fe o seguimos bajo una carga de reglas que usamos para medir nuestro valor? Romanos 8:1 nos recuerda que «ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús», y esto nos ayuda a evaluar si vivimos desde la gracia o desde el temor.

La lectura de la Biblia y de buenos libros cristianos puede ayudarnos a profundizar en estas preguntas, siempre que nos conduzca de nuevo a las Escrituras y a Cristo. Al recibir la gracia con gratitud, podemos vivir con mayor plenitud: no para obtener el amor de Dios, sino porque ya hemos sido alcanzados por él. Como declara 1 Juan 4:19: «Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero».

Feliz y bendecida lectura de la Palabra, y feliz noche.