PLAN A

Reflexión # 262. Lunes 19 - Octubre 2026

Pasos para realizar hoy:

1) Ver el siguiente video explicativo: Resumen del libro de 2 Samuel
2). Lee y escucha: | 2 Samuel 1

2 Samuel 1

1Aconteció después de la muerte de Saúl, que vuelto David de la derrota de los amalecitas, estuvo dos días en Siclag.
2Al tercer día, sucedió que vino uno del campamento de Saúl, rotos sus vestidos, y tierra sobre su cabeza; y llegando a David, se postró en tierra e hizo reverencia.
3Y le preguntó David: ¿De dónde vienes? Y él respondió: Me he escapado del campamento de Israel.
4David le dijo: ¿Qué ha acontecido? Te ruego que me lo digas. Y él respondió: El pueblo huyó de la batalla, y también muchos del pueblo cayeron y son muertos; también Saúl y Jonatán su hijo murieron.
5Dijo David a aquel joven que le daba las nuevas: ¿Cómo sabes que han muerto Saúl y Jonatán su hijo?
6El joven que le daba las nuevas respondió: Casualmente vine al monte de Gilboa, y hallé a Saúl que se apoyaba sobre su lanza, y venían tras él carros y gente de a caballo.
7Y mirando él hacia atrás, me vio y me llamó; y yo dije: Heme aquí.
8Y me preguntó: ¿Quién eres tú? Y yo le respondí: Soy amalecita.
9El me volvió a decir: Te ruego que te pongas sobre mí y me mates, porque se ha apoderado de mí la angustia; pues mi vida está aún toda en mí.
10Yo entonces me puse sobre él y le maté, porque sabía que no podía vivir después de su caída; y tomé la corona que tenía en su cabeza, y la argolla que traía en su brazo, y las he traído acá a mi señor.
11Entonces David, asiendo de sus vestidos, los rasgó; y lo mismo hicieron los hombres que estaban con él.
12Y lloraron y lamentaron y ayunaron hasta la noche, por Saúl y por Jonatán su hijo, por el pueblo de Jehová y por la casa de Israel, porque habían caído a filo de espada.
13Y David dijo a aquel joven que le había traído las nuevas: ¿De dónde eres tú? Y él respondió: Yo soy hijo de un extranjero, amalecita.
14Y le dijo David: ¿Cómo no tuviste temor de extender tu mano para matar al ungido de Jehová?
15Entonces llamó David a uno de sus hombres, y le dijo: Ve y mátalo. Y él lo hirió, y murió.
16Y David le dijo: Tu sangre sea sobre tu cabeza, pues tu misma boca atestiguó contra ti, diciendo: Yo maté al ungido de Jehová.

David endecha a Saúl y a Jonatán

17Y endechó David a Saúl y a Jonatán su hijo con esta endecha,
18y dijo que debía enseñarse a los hijos de Judá. He aquí que está escrito en el libro de Jaser.
19¡Ha perecido la gloria de Israel sobre tus alturas! ¡Cómo han caído los valientes!
20No lo anunciéis en Gat, Ni deis las nuevas en las plazas de Ascalón; Para que no se alegren las hijas de los filisteos, Para que no salten de gozo las hijas de los incircuncisos.
21Montes de Gilboa, Ni rocío ni lluvia caiga sobre vosotros, ni seáis tierras de ofrendas; Porque allí fue desechado el escudo de los valientes, El escudo de Saúl, como si no hubiera sido ungido con aceite.
22Sin sangre de los muertos, sin grosura de los valientes, El arco de Jonatán no volvía atrás, Ni la espada de Saúl volvió vacía.
23Saúl y Jonatán, amados y queridos; Inseparables en su vida, tampoco en su muerte fueron separados; Más ligeros eran que águilas, Más fuertes que leones.
24Hijas de Israel, llorad por Saúl, Quien os vestía de escarlata con deleites, Quien adornaba vuestras ropas con ornamentos de oro.
25¡Cómo han caído los valientes en medio de la batalla! ¡Jonatán, muerto en tus alturas!
26Angustia tengo por ti, hermano mío Jonatán, Que me fuiste muy dulce. Más maravilloso me fue tu amor Que el amor de las mujeres.
27¡Cómo han caído los valientes, Han perecido las armas de guerra!

 

3). Lee y escucha: | 2 Corintios 8

2 Corintios 8

La ofrenda para los santos

1Asimismo, hermanos, os hacemos saber la gracia de Dios que se ha dado a las iglesias de Macedonia;
2que en grande prueba de tribulación, la abundancia de su gozo y su profunda pobreza abundaron en riquezas de su generosidad.
3Pues doy testimonio de que con agrado han dado conforme a sus fuerzas, y aun más allá de sus fuerzas,
4pidiéndonos con muchos ruegos que les concediésemos el privilegio de participar en este servicio para los santos.
5Y no como lo esperábamos, sino que a sí mismos se dieron primeramente al Señor, y luego a nosotros por la voluntad de Dios;
6de manera que exhortamos a Tito para que tal como comenzó antes, asimismo acabe también entre vosotros esta obra de gracia.
7Por tanto, como en todo abundáis, en fe, en palabra, en ciencia, en toda solicitud, y en vuestro amor para con nosotros, abundad también en esta gracia.
8No hablo como quien manda, sino para poner a prueba, por medio de la diligencia de otros, también la sinceridad del amor vuestro.
9Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos.
10Y en esto doy mi consejo; porque esto os conviene a vosotros, que comenzasteis antes, no sólo a hacerlo, sino también a quererlo, desde el año pasado.
11Ahora, pues, llevad también a cabo el hacerlo, para que como estuvisteis prontos a querer, así también lo estéis en cumplir conforme a lo que tengáis.
12Porque si primero hay la voluntad dispuesta, será acepta según lo que uno tiene, no según lo que no tiene.
13Porque no digo esto para que haya para otros holgura, y para vosotros estrechez,
14sino para que en este tiempo, con igualdad, la abundancia vuestra supla la escasez de ellos, para que también la abundancia de ellos supla la necesidad vuestra, para que haya igualdad,
15como está escrito: El que recogió mucho, no tuvo más, y el que poco, no tuvo menos.
16Pero gracias a Dios que puso en el corazón de Tito la misma solicitud por vosotros.
17Pues a la verdad recibió la exhortación; pero estando también muy solícito, por su propia voluntad partió para ir a vosotros.
18Y enviamos juntamente con él al hermano cuya alabanza en el evangelio se oye por todas las iglesias;
19y no sólo esto, sino que también fue designado por las iglesias como compañero de nuestra peregrinación para llevar este donativo, que es administrado por nosotros para gloria del Señor mismo, y para demostrar vuestra buena voluntad;
20evitando que nadie nos censure en cuanto a esta ofrenda abundante que administramos,
21procurando hacer las cosas honradamente, no sólo delante del Señor sino también delante de los hombres.
22Enviamos también con ellos a nuestro hermano, cuya diligencia hemos comprobado repetidas veces en muchas cosas, y ahora mucho más diligente por la mucha confianza que tiene en vosotros.
23En cuanto a Tito, es mi compañero y colaborador para con vosotros; y en cuanto a nuestros hermanos, son mensajeros de las iglesias, y gloria de Cristo.
24Mostrad, pues, para con ellos ante las iglesias la prueba de vuestro amor, y de nuestro gloriarnos respecto de vosotros.

4). Lee y escucha: | Ezequiel 18

Ezequiel 18

1Vino a mí palabra de Jehová, diciendo:
2¿Qué pensáis vosotros, los que usáis este refrán sobre la tierra de Israel, que dice: Los padres comieron las uvas agrias, y los dientes de los hijos tienen la dentera?
3Vivo yo, dice Jehová el Señor, que nunca más tendréis por qué usar este refrán en Israel.
4He aquí que todas las almas son mías; como el alma del padre, así el alma del hijo es mía; el alma que pecare, esa morirá.
5Y el hombre que fuere justo, e hiciere según el derecho y la justicia;
6que no comiere sobre los montes, ni alzare sus ojos a los ídolos de la casa de Israel, ni violare la mujer de su prójimo, ni se llegare a la mujer menstruosa,
7ni oprimiere a ninguno; que al deudor devolviere su prenda, que no cometiere robo, y que diere de su pan al hambriento y cubriere al desnudo con vestido,
8que no prestare a interés ni tomare usura; que de la maldad retrajere su mano, e hiciere juicio verdadero entre hombre y hombre,
9en mis ordenanzas caminare, y guardare mis decretos para hacer rectamente, éste es justo; éste vivirá, dice Jehová el Señor.
10Mas si engendrare hijo ladrón, derramador de sangre, o que haga alguna cosa de estas,
11y que no haga las otras, sino que comiere sobre los montes, o violare la mujer de su prójimo,
12al pobre y menesteroso oprimiere, cometiere robos, no devolviere la prenda, o alzare sus ojos a los ídolos e hiciere abominación,
13prestare a interés y tomare usura; ¿vivirá éste? No vivirá. Todas estas abominaciones hizo; de cierto morirá, su sangre será sobre él.
14Pero si éste engendrare hijo, el cual viere todos los pecados que su padre hizo, y viéndolos no hiciere según ellos;
15no comiere sobre los montes, ni alzare sus ojos a los ídolos de la casa de Israel; la mujer de su prójimo no violare,
16ni oprimiere a nadie, la prenda no retuviere, ni cometiere robos; al hambriento diere de su pan, y cubriere con vestido al desnudo;
17apartare su mano del pobre, interés y usura no recibiere; guardare mis decretos y anduviere en mis ordenanzas; éste no morirá por la maldad de su padre; de cierto vivirá.
18Su padre, por cuanto hizo agravio, despojó violentamente al hermano, e hizo en medio de su pueblo lo que no es bueno, he aquí que él morirá por su maldad.
19Y si dijereis: ¿Por qué el hijo no llevará el pecado de su padre? Porque el hijo hizo según el derecho y la justicia, guardó todos mis estatutos y los cumplió, de cierto vivirá.
20El alma que pecare, esa morirá; el hijo no llevará el pecado del padre, ni el padre llevará el pecado del hijo; la justicia del justo será sobre él, y la impiedad del impío será sobre él.

El camino de Dios es justo

21Mas el impío, si se apartare de todos sus pecados que hizo, y guardare todos mis estatutos e hiciere según el derecho y la justicia, de cierto vivirá; no morirá.
22Todas las transgresiones que cometió, no le serán recordadas; en su justicia que hizo vivirá.
23¿Quiero yo la muerte del impío? dice Jehová el Señor. ¿No vivirá, si se apartare de sus caminos?
24Mas si el justo se apartare de su justicia y cometiere maldad, e hiciere conforme a todas las abominaciones que el impío hizo, ¿vivirá él? Ninguna de las justicias que hizo le serán tenidas en cuenta; por su rebelión con que prevaricó, y por el pecado que cometió, por ello morirá.
25Y si dijereis: No es recto el camino del Señor; oíd ahora, casa de Israel: ¿No es recto mi camino? ¿no son vuestros caminos torcidos?
26Apartándose el justo de su justicia, y haciendo iniquidad, él morirá por ello; por la iniquidad que hizo, morirá.
27Y apartándose el impío de su impiedad que hizo, y haciendo según el derecho y la justicia, hará vivir su alma.
28Porque miró y se apartó de todas sus transgresiones que había cometido, de cierto vivirá; no morirá.
29Si aún dijere la casa de Israel: No es recto el camino del Señor; ¿no son rectos mis caminos, casa de Israel? Ciertamente, vuestros caminos no son rectos.
30Por tanto, yo os juzgaré a cada uno según sus caminos, oh casa de Israel, dice Jehová el Señor. Convertíos, y apartaos de todas vuestras transgresiones, y no os será la iniquidad causa de ruina.
31Echad de vosotros todas vuestras transgresiones con que habéis pecado, y haceos un corazón nuevo y un espíritu nuevo. ¿Por qué moriréis, casa de Israel?
32Porque no quiero la muerte del que muere, dice Jehová el Señor; convertíos, pues, y viviréis

Ezequiel 18: responsabilidad personal y esperanza de renovación

“Porque no quiero la muerte del que muere, dice Jehová el Señor; convertíos, pues, y viviréis.” Ezequiel 18:32

El proverbio y su contexto

Ezequiel 18 aborda con claridad la responsabilidad individual, pero su mensaje se entiende mejor a la luz de la experiencia histórica de Israel. El proverbio “los padres comieron uvas agrias, y a los hijos les dio dentera” también aparece en Jeremías 31:29, donde Dios anuncia que ese dicho dejará de usarse porque cada uno responderá por su propio camino. Algunos lo empleaban para explicar su sufrimiento, como si las consecuencias provinieran únicamente de los pecados de sus antepasados; así, el dicho podía convertirse en una excusa para la indiferencia y el fatalismo, algo que Dios corrige diciendo: “¿Y este proverbio qué significa para ustedes?” (Ez 18:2).

El pecado también tiene consecuencias colectivas

Sin embargo, el proverbio expresa una realidad: las acciones de una generación pueden afectar a las siguientes. La Biblia muestra cómo la rebelión persistente y la idolatría condujeron a consecuencias compartidas (2 Reyes 17:7-23), y la vida cotidiana evidencia que el pecado puede dejar huellas sociales. Un niño que crece en un hogar violento puede repetir ese comportamiento; otros pueden cargar con heridas y amargura. El daño no siempre se limita a quien lo inicia. Aun así, Ezequiel afirma la palabra de Dios: “Todas las vidas me pertenecen, tanto la del padre como la del hijo” (18:4). Las consecuencias heredadas no deben justificar las decisiones propias ni encubrir una conducta injusta. “El alma que pecare, esa morirá”, subraya el pasaje, recordando que cada cual responde por sus caminos.

Una invitación a cambiar

Los ejemplos de cambio de conducta del capítulo no proponen una salvación basada simplemente en méritos; muestran que una fe auténtica transforma la vida y que siempre es posible abandonar la injusticia. Por eso, la conclusión de Ezequiel 18:30-32 es central: Dios llama al pueblo a convertirse, apartarse de sus transgresiones y buscar un corazón y un espíritu nuevos, eco de promesas como “Les daré un corazón nuevo y pondré espíritu nuevo dentro de ustedes” (Ez 36:26). El pasaje combina responsabilidad y esperanza. No niega que el pecado pueda afectar a una comunidad (Iglesia) ni que sus consecuencias perduren; rechaza que esa realidad se convierta en una excusa para permanecer igual. La invitación final es a volver a Dios y vivir, como declara el SEÑOR: “No quiero la muerte del que muere… convertíos y viviréis” (18:32).

 Amigo/as, ¡Feliz y bendecida lectura de la Palabra y, además, feliz noche!