PLAN A

Reflexión # 261. Domingo 18 - Octubre 2026

Pasos para realizar hoy:

1). Lee y escucha: | 1 Samuel 31

1 Samuel 31

1Los filisteos, pues, pelearon contra Israel, y los de Israel huyeron delante de los filisteos, y cayeron muertos en el monte de Gilboa.
2Y siguiendo los filisteos a Saúl y a sus hijos, mataron a Jonatán, a Abinadab y a Malquisúa, hijos de Saúl.
3Y arreció la batalla contra Saúl, y le alcanzaron los flecheros, y tuvo gran temor de ellos.
4Entonces dijo Saúl a su escudero: Saca tu espada, y traspásame con ella, para que no vengan estos incircuncisos y me traspasen, y me escarnezcan. Mas su escudero no quería, porque tenía gran temor. Entonces tomó Saúl su propia espada y se echó sobre ella.
5Y viendo su escudero a Saúl muerto, él también se echó sobre su espada, y murió con él.
6Así murió Saúl en aquel día, juntamente con sus tres hijos, y su escudero, y todos sus varones.
7Y los de Israel que eran del otro lado del valle, y del otro lado del Jordán, viendo que Israel había huido y que Saúl y sus hijos habían sido muertos, dejaron las ciudades y huyeron; y los filisteos vinieron y habitaron en ellas.
8Aconteció al siguiente día, que viniendo los filisteos a despojar a los muertos, hallaron a Saúl y a sus tres hijos tendidos en el monte de Gilboa.
9Y le cortaron la cabeza, y le despojaron de las armas; y enviaron mensajeros por toda la tierra de los filisteos, para que llevaran las buenas nuevas al templo de sus ídolos y al pueblo.
10Y pusieron sus armas en el templo de Astarot, y colgaron su cuerpo en el muro de Bet-sán.
11Mas oyendo los de Jabes de Galaad esto que los filisteos hicieron a Saúl,
12todos los hombres valientes se levantaron, y anduvieron toda aquella noche, y quitaron el cuerpo de Saúl y los cuerpos de sus hijos del muro de Bet-sán; y viniendo a Jabes, los quemaron allí.
13Y tomando sus huesos, los sepultaron debajo de un árbol en Jabes, y ayunaron siete días

2). Lee y escucha: | 2 Corintios 7

2 Corintios 7

1Así que, amados, puesto que tenemos tales promesas, limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios.

Regocijo de Pablo al arrepentirse los corintios

2Admitidnos: a nadie hemos agraviado, a nadie hemos corrompido, a nadie hemos engañado.
3No lo digo para condenaros; pues ya he dicho antes que estáis en nuestro corazón, para morir y para vivir juntamente.
4Mucha franqueza tengo con vosotros; mucho me glorío con respecto de vosotros; lleno estoy de consolación; sobreabundo de gozo en todas nuestras tribulaciones.
5Porque de cierto, cuando vinimos a Macedonia, ningún reposo tuvo nuestro cuerpo, sino que en todo fuimos atribulados; de fuera, conflictos; de dentro, temores.
6Pero Dios, que consuela a los humildes, nos consoló con la venida de Tito;
7y no sólo con su venida, sino también con la consolación con que él había sido consolado en cuanto a vosotros, haciéndonos saber vuestro gran afecto, vuestro llanto, vuestra solicitud por mí, de manera que me regocijé aun más.
8Porque aunque os contristé con la carta, no me pesa, aunque entonces lo lamenté; porque veo que aquella carta, aunque por algún tiempo, os contristó.
9Ahora me gozo, no porque hayáis sido contristados, sino porque fuisteis contristados para arrepentimiento; porque habéis sido contristados según Dios, para que ninguna pérdida padecieseis por nuestra parte.
10Porque la tristeza que es según Dios produce arrepentimiento para salvación, de que no hay que arrepentirse; pero la tristeza del mundo produce muerte.
11Porque he aquí, esto mismo de que hayáis sido contristados según Dios, ¡qué solicitud produjo en vosotros, qué defensa, qué indignación, qué temor, qué ardiente afecto, qué celo, y qué vindicación! En todo os habéis mostrado limpios en el asunto.
12Así que, aunque os escribí, no fue por causa del que cometió el agravio, ni por causa del que lo padeció, sino para que se os hiciese manifiesta nuestra solicitud que tenemos por vosotros delante de Dios.
13Por esto hemos sido consolados en vuestra consolación; pero mucho más nos gozamos por el gozo de Tito, que haya sido confortado su espíritu por todos vosotros.
14Pues si de algo me he gloriado con él respecto de vosotros, no he sido avergonzado, sino que así como en todo os hemos hablado con verdad, también nuestro gloriarnos con Tito resultó verdad.
15Y su cariño para con vosotros es aun más abundante, cuando se acuerda de la obediencia de todos vosotros, de cómo lo recibisteis con temor y temblor.
16Me gozo de que en todo tengo confianza en vosotros.

4). Lee y escucha: | Ezequiel 17

Ezequiel 17

1Vino a mí palabra de Jehová, diciendo:
2Hijo de hombre, propón una figura, y compón una parábola a la casa de Israel.
3Y dirás: Así ha dicho Jehová el Señor: Una gran águila, de grandes alas y de largos miembros, llena de plumas de diversos colores, vino al Líbano, y tomó el cogollo del cedro.
4Arrancó el principal de sus renuevos y lo llevó a tierra de mercaderes, y lo puso en una ciudad de comerciantes.
5Tomó también de la simiente de la tierra, y la puso en un campo bueno para sembrar, la plantó junto a aguas abundantes, la puso como un sauce.
6Y brotó, y se hizo una vid de mucho ramaje, de poca altura, y sus ramas miraban al águila, y sus raíces estaban debajo de ella; así que se hizo una vid, y arrojó sarmientos y echó mugrones.
7Había también otra gran águila, de grandes alas y de muchas plumas; y he aquí que esta vid juntó cerca de ella sus raíces, y extendió hacia ella sus ramas, para ser regada por ella por los surcos de su plantío.
8En un buen campo, junto a muchas aguas, fue plantada, para que hiciese ramas y diese fruto, y para que fuese vid robusta.
9Diles: Así ha dicho Jehová el Señor: ¿Será prosperada? ¿No arrancará sus raíces, y destruirá su fruto, y se secará? Todas sus hojas lozanas se secarán; y eso sin gran poder ni mucha gente para arrancarla de sus raíces.
10Y he aquí está plantada; ¿será prosperada? ¿No se secará del todo cuando el viento solano la toque? En los surcos de su verdor se secará.
11Y vino a mí palabra de Jehová, diciendo:
12Di ahora a la casa rebelde: ¿No habéis entendido qué significan estas cosas? Diles: He aquí que el rey de Babilonia vino a Jerusalén, y tomó a tu rey y a sus príncipes, y los llevó consigo a Babilonia.
13Tomó también a uno de la descendencia real e hizo pacto con él, y le hizo prestar juramento; y se llevó consigo a los poderosos de la tierra,
14para que el reino fuese abatido y no se levantase, a fin de que guardando el pacto, permaneciese en pie.
15Pero se rebeló contra él, enviando embajadores a Egipto para que le diese caballos y mucha gente. ¿Será prosperado, escapará el que estas cosas hizo? El que rompió el pacto, ¿podrá escapar?
16Vivo yo, dice Jehová el Señor, que morirá en medio de Babilonia, en el lugar donde habita el rey que le hizo reinar, cuyo juramento menospreció, y cuyo pacto hecho con él rompió.
17Y ni con gran ejército ni con mucha compañía hará Faraón nada por él en la batalla, cuando se levanten vallados y se edifiquen torres para cortar muchas vidas.
18Por cuanto menospreció el juramento y quebrantó el pacto, cuando he aquí que había dado su mano, y ha hecho todas estas cosas, no escapará.
19Por tanto, así ha dicho Jehová el Señor: Vivo yo, que el juramento mío que menospreció, y mi pacto que ha quebrantado, lo traeré sobre su misma cabeza.
20Extenderé sobre él mi red, y será preso en mi lazo, y lo haré venir a Babilonia, y allí entraré en juicio con él por su prevaricación con que contra mí se ha rebelado.
21Y todos sus fugitivos, con todas sus tropas, caerán a espada, y los que queden serán esparcidos a todos los vientos; y sabréis que yo Jehová he hablado.
22Así ha dicho Jehová el Señor: Tomaré yo del cogollo de aquel alto cedro, y lo plantaré; del principal de sus renuevos cortaré un tallo, y lo plantaré sobre el monte alto y sublime.
23En el monte alto de Israel lo plantaré, y alzará ramas, y dará fruto, y se hará magnífico cedro; y habitarán debajo de él todas las aves de toda especie; a la sombra de sus ramas habitarán.
24Y sabrán todos los árboles del campo que yo Jehová abatí el árbol sublime, levanté el árbol bajo, hice secar el árbol verde, e hice reverdecer el árbol seco. Yo Jehová lo he dicho, y lo haré.

3) La visión de Ezequiel: un llamado a la fidelidad
La tristeza que abre camino a una vida renovada

“Ahora me alegro, no porque hayáis sido contristados, sino porque fuisteis contristados para arrepentimiento; porque habéis contristado según Dios, para que recibáis no daño alguno de nuestra parte.”  2 Corintios 7:9

 Una tristeza que conduce al cambio En 2 Corintios 7:9, Pablo expresa su alegría porque la tristeza de los creyentes de Corinto los llevó al arrepentimiento. No celebra el dolor por sí mismo, sino el fruto que surgió de él: una disposición sincera a reconocer los errores y volver a Dios. Este pasaje nos recuerda que algunas emociones difíciles pueden ayudarnos a mirar con honestidad nuestras decisiones y sus consecuencias. La Biblia confirma este principio cuando declara: “La tristeza que es según Dios produce arrepentimiento para salvación” (2 Corintios 7:10). No es una tristeza que destruye, sino una que despierta, que abre los ojos y conduce a una vida más alineada con la verdad.

En ocasiones, intentamos evitar toda incomodidad, incluso cuando esta señala que algo necesita cambiar. Sin embargo, sentir pesar por una conducta que ha herido a otros o nos ha apartado de nuestros valores puede ser el primer paso hacia una vida más íntegra. La tristeza según Dios no busca hundirnos en la culpa ni definirnos por nuestros fallos; nos invita a responder con humildad y esperanza. Así como el salmista clamó: “Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón… y guíame por el camino eterno” (Salmo 139:23–24), esta tristeza abre espacio para que Dios revele lo que debe ser transformado.

El arrepentimiento se demuestra en la respuesta

 Arrepentirse es más que lamentar lo ocurrido. Implica reconocer la responsabilidad, buscar el perdón y tomar medidas concretas para actuar de otra manera. En la carta, Pablo señala que los corintios no se quedaron solamente en la aflicción: esa experiencia produjo un cambio significativo. Así, el arrepentimiento marca el comienzo de un proceso de transformación, no un punto final. Este principio se refleja también en Proverbios 28:13: “El que encubre sus pecados no prosperará; mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia.” La verdadera evidencia del arrepentimiento es el giro del corazón y de la conducta.

Este camino también requiere paciencia.

Reparar una relación o recuperar la confianza puede tomar tiempo, y no siempre es posible borrar las consecuencias de una decisión. Aun así, cada paso honesto hacia la reconciliación puede reflejar el deseo de vivir de acuerdo con la voluntad de Dios. La Escritura nos recuerda que Dios honra esos pasos: “Cercano está Jehová a los quebrantados de corazón” (Salmo 34:18). Él acompaña el proceso, no solo el resultado.

La comunidad (Iglesia) como apoyo para restaurar.

 La experiencia de los corintios ocurrió dentro de una comunidad de fe. La corrección, cuando se ofrece con amor y respeto, puede ayudar a reconocer aquello que uno no alcanza a ver por sí mismo. Del mismo modo, acompañar a alguien en su proceso exige escuchar, ofrecer apoyo y evitar reducirlo a su error. Gálatas 6:1 lo expresa con claridad: “Restaurad al tal con espíritu de mansedumbre.” La comunidad no es un tribunal, sino un taller donde Dios reconstruye vidas.

La alegría de Pablo nace al ver que la tristeza produjo un bien duradero. Su mensaje anima a enfrentar nuestras faltas sin desesperación: la gracia de Dios ofrece la posibilidad de volver, aprender y comenzar de nuevo. El arrepentimiento sincero abre paso a una vida renovada, con relaciones más cuidadas y una fe más consciente. Porque, como promete Lamentaciones 3:22–23, “Sus misericordias son nuevas cada mañana.” Cada día es una oportunidad para empezar de nuevo bajo la luz de Dios.

 Amigo/as, ¡Feliz y bendecida lectura de la Palabra y, además, feliz noche!