PLAN A

Reflexión # 259. Viernes 16 - Octubre 2026

Pasos para realizar hoy:

1). Lee y escucha: | 1 Samuel 28

1 Samuel 28

1Aconteció en aquellos días, que los filisteos reunieron sus fuerzas para pelear contra Israel. Y dijo Aquis a David: Ten entendido que has de salir conmigo a campaña, tú y tus hombres.
2Y David respondió a Aquis: Muy bien, tú sabrás lo que hará tu siervo. Y Aquis dijo a David: Por tanto, yo te constituiré guarda de mi persona durante toda mi vida.

Saúl y la adivina de Endor

3Ya Samuel había muerto, y todo Israel lo había lamentado, y le habían sepultado en Ramá, su ciudad. Y Saúl había arrojado de la tierra a los encantadores y adivinos.
4Se juntaron, pues, los filisteos, y vinieron y acamparon en Sunem; y Saúl juntó a todo Israel, y acamparon en Gilboa.
5Y cuando vio Saúl el campamento de los filisteos, tuvo miedo, y se turbó su corazón en gran manera.
6Y consultó Saúl a Jehová; pero Jehová no le respondió ni por sueños, ni por Urim, ni por profetas.
7Entonces Saúl dijo a sus criados: Buscadme una mujer que tenga espíritu de adivinación, para que yo vaya a ella y por medio de ella pregunte. Y sus criados le respondieron: He aquí hay una mujer en Endor que tiene espíritu de adivinación.
8Y se disfrazó Saúl, y se puso otros vestidos, y se fue con dos hombres, y vinieron a aquella mujer de noche; y él dijo: Yo te ruego que me adivines por el espíritu de adivinación, y me hagas subir a quien yo te dijere.
9Y la mujer le dijo: He aquí tú sabes lo que Saúl ha hecho, cómo ha cortado de la tierra a los evocadores y a los adivinos. ¿Por qué, pues, pones tropiezo a mi vida, para hacerme morir?
10Entonces Saúl le juró por Jehová, diciendo: Vive Jehová, que ningún mal te vendrá por esto.
11La mujer entonces dijo: ¿A quién te haré venir? Y él respondió: Hazme venir a Samuel.
12Y viendo la mujer a Samuel, clamó en alta voz, y habló aquella mujer a Saúl, diciendo:
13¿Por qué me has engañado? pues tú eres Saúl. Y el rey le dijo: No temas. ¿Qué has visto? Y la mujer respondió a Saúl: He visto dioses que suben de la tierra.
14El le dijo: ¿Cuál es su forma? Y ella respondió: Un hombre anciano viene, cubierto de un manto. Saúl entonces entendió que era Samuel, y humillando el rostro a tierra, hizo gran reverencia.
15Y Samuel dijo a Saúl: ¿Por qué me has inquietado haciéndome venir? Y Saúl respondió: Estoy muy angustiado, pues los filisteos pelean contra mí, y Dios se ha apartado de mí, y no me responde más, ni por medio de profetas ni por sueños; por esto te he llamado, para que me declares lo que tengo que hacer.
16Entonces Samuel dijo: ¿Y para qué me preguntas a mí, si Jehová se ha apartado de ti y es tu enemigo?
17Jehová te ha hecho como dijo por medio de mí; pues Jehová ha quitado el reino de tu mano, y lo ha dado a tu compañero, David.
18Como tú no obedeciste a la voz de Jehová, ni cumpliste el ardor de su ira contra Amalec, por eso Jehová te ha hecho esto hoy.
19Y Jehová entregará a Israel también contigo en manos de los filisteos; y mañana estaréis conmigo, tú y tus hijos; y Jehová entregará también al ejército de Israel en mano de los filisteos.
20Entonces Saúl cayó en tierra cuan grande era, y tuvo gran temor por las palabras de Samuel; y estaba sin fuerzas, porque en todo aquel día y aquella noche no había comido pan.
21Entonces la mujer vino a Saúl, y viéndolo turbado en gran manera, le dijo: He aquí que tu sierva ha obedecido a tu voz, y he arriesgado mi vida, y he oído las palabras que tú me has dicho.
22Te ruego, pues, que tú también oigas la voz de tu sierva; pondré yo delante de ti un bocado de pan para que comas, a fin de que cobres fuerzas, y sigas tu camino.
23Y él rehusó diciendo: No comeré. Pero porfiaron con él sus siervos juntamente con la mujer, y él les obedeció. Se levantó, pues, del suelo, y se sentó sobre una cama.
24Y aquella mujer tenía en su casa un ternero engordado, el cual mató luego; y tomó harina y la amasó, y coció de ella panes sin levadura.
25Y lo trajo delante de Saúl y de sus siervos; y después de haber comido, se levantaron, y se fueron aquella noche

2). Lee y escucha: | 2 Corintios 5

2 Corintios 5

1Porque sabemos que si nuestra morada terrestre, este tabernáculo, se deshiciere, tenemos de Dios un edificio, una casa no hecha de manos, eterna, en los cielos.
2Y por esto también gemimos, deseando ser revestidos de aquella nuestra habitación celestial;
3pues así seremos hallados vestidos, y no desnudos.
4Porque asimismo los que estamos en este tabernáculo gemimos con angustia; porque no quisiéramos ser desnudados, sino revestidos, para que lo mortal sea absorbido por la vida.
5Mas el que nos hizo para esto mismo es Dios, quien nos ha dado las arras del Espíritu.
6Así que vivimos confiados siempre, y sabiendo que entre tanto que estamos en el cuerpo, estamos ausentes del Señor
7(porque por fe andamos, no por vista);
8pero confiamos, y más quisiéramos estar ausentes del cuerpo, y presentes al Señor.
9Por tanto procuramos también, o ausentes o presentes, serle agradables.
10Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo.

El ministerio de la reconciliación

11Conociendo, pues, el temor del Señor, persuadimos a los hombres; pero a Dios le es manifiesto lo que somos; y espero que también lo sea a vuestras conciencias.
12No nos recomendamos, pues, otra vez a vosotros, sino os damos ocasión de gloriaros por nosotros, para que tengáis con qué responder a los que se glorían en las apariencias y no en el corazón.
13Porque si estamos locos, es para Dios; y si somos cuerdos, es para vosotros.
14Porque el amor de Cristo nos constriñe, pensando esto: que si uno murió por todos, luego todos murieron;
15y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos.
16De manera que nosotros de aquí en adelante a nadie conocemos según la carne; y aun si a Cristo conocimos según la carne, ya no lo conocemos así.
17De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.
18Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación;
19que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación.
20Así que, somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios.
21Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él

4). Lee y escucha: | Ezequiel 15

Ezequiel 15

1Vino a mí palabra de Jehová, diciendo:
2Hijo de hombre, ¿qué es la madera de la vid más que cualquier otra madera? ¿Qué es el sarmiento entre los árboles del bosque?
3¿Tomarán de ella madera para hacer alguna obra? ¿Tomarán de ella una estaca para colgar en ella alguna cosa?
4He aquí, es puesta en el fuego para ser consumida; sus dos extremos consumió el fuego, y la parte de en medio se quemó; ¿servirá para obra alguna?
5He aquí que cuando estaba entera no servía para obra alguna; ¿cuánto menos después que el fuego la hubiere consumido, y fuere quemada? ¿Servirá más para obra alguna?
6Por tanto, así ha dicho Jehová el Señor: Como la madera de la vid entre los árboles del bosque, la cual di al fuego para que la consumiese, así haré a los moradores de Jerusalén.
7Y pondré mi rostro contra ellos; aunque del fuego se escaparon, fuego los consumirá; y sabréis que yo soy Jehová, cuando pusiere mi rostro contra ellos.
8Y convertiré la tierra en asolamiento, por cuanto cometieron prevaricación, dice Jehová el Señor.

3) Discernir entre Profetas Verdaderos y Falsos en la Vida Real
Vivir con propósito ante el tribunal de Cristo

“Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo; para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo.” 2 Corintios 5:10

En 2 Corintios 5:10, el apóstol Pablo recuerda que todos compareceremos ante el tribunal de Cristo, donde cada persona recibirá conforme a lo que haya hecho mientras vivía. Esta afirmación puede invitarnos a detenernos y considerar cómo estamos usando nuestros días, nuestras palabras y nuestras decisiones. No se trata de vivir dominados por el temor, sino de reconocer que nuestra vida tiene propósito y que nuestras acciones importan. Como dice Romanos 14:12, “cada uno de nosotros dará a Dios cuenta de sí mismo.”

Una fe que se refleja en la vida

 Creer en Cristo no es únicamente aceptar una idea; también es permitir que esa fe transforme nuestra manera de vivir. La integridad se manifiesta en lo cotidiano: en la honestidad cuando nadie nos observa, en la paciencia ante las dificultades y en la disposición de actuar con justicia. Cada elección puede acercarnos a una vida coherente con el evangelio y dejar una huella en quienes nos rodean. Santiago 2:17 lo expresa con claridad: “la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma.”

La gracia no conduce a la complacencia

 La esperanza cristiana descansa en la gracia de Dios y en la salvación recibida por medio de Jesucristo, no en la pretensión de ganarla con obras. Sin embargo, esa seguridad no es motivo para vivir con indiferencia. Al contrario, la gratitud por el amor de Dios nos mueve a servir, adorar y buscar una vida que honre a quien nos ha dado esperanza. Las buenas obras no reemplazan la gracia: son una respuesta a ella. Efesios 2:10 nos recuerda que somos “creados en Cristo Jesús para buenas obras.”

Responsabilidad hacia los demás

La vida cristiana tampoco se limita al crecimiento personal. Formamos parte de una comunidad y nuestro comportamiento puede fortalecer o debilitar a otros. Una palabra de ánimo, un gesto generoso o una decisión tomada con compasión pueden comunicar el amor de Cristo de manera concreta. Por eso, vale la pena preguntarnos qué testimonio ofrecemos en nuestros hogares, congregaciones y espacios de trabajo. Hebreos 10:24 nos anima a “considerarnos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras.”

Examinar el camino con esperanza.

 Reflexionar sobre este pasaje no exige perfección inmediata, sino una disposición sincera a corregir el rumbo y crecer. Podemos pedir a Dios sabiduría para reconocer nuestras faltas y valor para actuar con mayor fidelidad. Vivir conscientes de que rendiremos cuentas nos ayuda a elegir con propósito, confiar en la gracia y procurar que nuestras vidas den gloria a Dios y reflejen el amor de Cristo. Como declara Salmo 139:23‑24: “Examíname, oh Dios… y guíame por el camino eterno.”

Amigo/as, ¡Feliz y bendecida lectura de la Palabra y, además, feliz noche!

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