PLAN A
Reflexión # 258. Jueves 15 - Octubre 2026
Pasos para realizar hoy:
1). Lee y escucha: | 1 Samuel 27
Lee y escucha: 1 Samuel 27 (Texto)
1 Samuel 27
1Dijo luego David en su corazón: Al fin seré muerto algún día por la mano de Saúl; nada, por tanto, me será mejor que fugarme a la tierra de los filisteos, para que Saúl no se ocupe de mí, y no me ande buscando más por todo el territorio de Israel; y así escaparé de su mano.
2Se levantó, pues, David, y con los seiscientos hombres que tenía consigo se pasó a Aquis hijo de Maoc, rey de Gat.
3Y moró David con Aquis en Gat, él y sus hombres, cada uno con su familia; David con sus dos mujeres, Ahinoam jezreelita y Abigail la que fue mujer de Nabal el de Carmel.
4Y vino a Saúl la nueva de que David había huido a Gat, y no lo buscó más.
5Y David dijo a Aquis: Si he hallado gracia ante tus ojos, séame dado lugar en alguna de las aldeas para que habite allí; pues ¿por qué ha de morar tu siervo contigo en la ciudad real?
6Y Aquis le dio aquel día a Siclag, por lo cual Siclag vino a ser de los reyes de Judá hasta hoy.
7Fue el número de los días que David habitó en la tierra de los filisteos, un año y cuatro meses.
8Y subía David con sus hombres, y hacían incursiones contra los gesuritas, los gezritas y los amalecitas; porque éstos habitaban de largo tiempo la tierra, desde como quien va a Shur hasta la tierra de Egipto.
9Y asolaba David el país, y no dejaba con vida hombre ni mujer; y se llevaba las ovejas, las vacas, los asnos, los camellos y las ropas, y regresaba a Aquis.
10Y decía Aquis: ¿Dónde habéis merodeado hoy? Y David decía: En el Neguev de Judá, y el Neguev de Jerameel, o en el Neguev de los ceneos.
11Ni hombre ni mujer dejaba David con vida para que viniesen a Gat; diciendo: No sea que den aviso de nosotros y digan: Esto hizo David. Y esta fue su costumbre todo el tiempo que moró en la tierra de los filisteos.
12Y Aquis creía a David, y decía: El se ha hecho abominable a su pueblo de Israel, y será siempre mi siervo
2). Lee y escucha: | 2 Corintios 4
Lee y escucha: | 2 Corintios 4 (Texto)
2 Corintios 4
1Por lo cual, teniendo nosotros este ministerio según la misericordia que hemos recibido, no desmayamos.
2Antes bien renunciamos a lo oculto y vergonzoso, no andando con astucia, ni adulterando la palabra de Dios, sino por la manifestación de la verdad recomendándonos a toda conciencia humana delante de Dios.
3Pero si nuestro evangelio está aún encubierto, entre los que se pierden está encubierto;
4en los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios.
5Porque no nos predicamos a nosotros mismos, sino a Jesucristo como Señor, y a nosotros como vuestros siervos por amor de Jesús.
6Porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo.
Viviendo por la fe
7Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros,
8que estamos atribulados en todo, mas no angustiados; en apuros, mas no desesperados;
9perseguidos, mas no desamparados; derribados, pero no destruidos;
10llevando en el cuerpo siempre por todas partes la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestros cuerpos.
11Porque nosotros que vivimos, siempre estamos entregados a muerte por causa de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestra carne mortal.
12De manera que la muerte actúa en nosotros, y en vosotros la vida.
13Pero teniendo el mismo espíritu de fe, conforme a lo que está escrito: Creí, por lo cual hablé, nosotros también creemos, por lo cual también hablamos,
14sabiendo que el que resucitó al Señor Jesús, a nosotros también nos resucitará con Jesús, y nos presentará juntamente con vosotros.
15Porque todas estas cosas padecemos por amor a vosotros, para que abundando la gracia por medio de muchos, la acción de gracias sobreabunde para gloria de Dios.
16Por tanto, no desmayamos; antes aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en día.
17Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria;
18no mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas.
4). Lee y escucha: | Ezequiel 14
Lee y escucha: | Ezequiel 14 (Texto)
Ezequiel 14
1Vinieron a mí algunos de los ancianos de Israel, y se sentaron delante de mí.
2Y vino a mí palabra de Jehová, diciendo:
3Hijo de hombre, estos hombres han puesto sus ídolos en su corazón, y han establecido el tropiezo de su maldad delante de su rostro. ¿Acaso he de ser yo en modo alguno consultado por ellos?
4Háblales, por tanto, y diles: Así ha dicho Jehová el Señor: Cualquier hombre de la casa de Israel que hubiere puesto sus ídolos en su corazón, y establecido el tropiezo de su maldad delante de su rostro, y viniere al profeta, yo Jehová responderé al que viniere conforme a la multitud de sus ídolos,
5para tomar a la casa de Israel por el corazón, ya que se han apartado de mí todos ellos por sus ídolos.
6Por tanto, di a la casa de Israel: Así dice Jehová el Señor: Convertíos, y volveos de vuestros ídolos, y apartad vuestro rostro de todas vuestras abominaciones.
7Porque cualquier hombre de la casa de Israel, y de los extranjeros que moran en Israel, que se hubiere apartado de andar en pos de mí, y hubiere puesto sus ídolos en su corazón, y establecido delante de su rostro el tropiezo de su maldad, y viniere al profeta para preguntarle por mí, yo Jehová le responderé por mí mismo;
8y pondré mi rostro contra aquel hombre, y le pondré por señal y por escarmiento, y lo cortaré de en medio de mi pueblo; y sabréis que yo soy Jehová.
9Y cuando el profeta fuere engañado y hablare palabra, yo Jehová engañé al tal profeta; y extenderé mi mano contra él, y lo destruiré de en medio de mi pueblo Israel.
10Y llevarán ambos el castigo de su maldad; como la maldad del que consultare, así será la maldad del profeta,
11para que la casa de Israel no se desvíe más de en pos de mí, ni se contamine más en todas sus rebeliones; y me sean por pueblo, y yo les sea por Dios, dice Jehová el Señor.
Justicia del castigo de Jerusalén
12Vino a mí palabra de Jehová, diciendo:
13Hijo de hombre, cuando la tierra pecare contra mí rebelándose pérfidamente, y extendiere yo mi mano sobre ella, y le quebrantare el sustento del pan, y enviare en ella hambre, y cortare de ella hombres y bestias,
14si estuviesen en medio de ella estos tres varones, Noé, Daniel y Job, ellos por su justicia librarían únicamente sus propias vidas, dice Jehová el Señor.
15Y si hiciere pasar bestias feroces por la tierra y la asolaren, y quedare desolada de modo que no haya quien pase a causa de las fieras,
16y estos tres varones estuviesen en medio de ella, vivo yo, dice Jehová el Señor, ni a sus hijos ni a sus hijas librarían; ellos solos serían librados, y la tierra quedaría desolada.
17O si yo trajere espada sobre la tierra, y dijere: Espada, pasa por la tierra; e hiciere cortar de ella hombres y bestias,
18y estos tres varones estuviesen en medio de ella, vivo yo, dice Jehová el Señor, no librarían a sus hijos ni a sus hijas; ellos solos serían librados.
19O si enviare pestilencia sobre esa tierra y derramare mi ira sobre ella en sangre, para cortar de ella hombres y bestias,
20y estuviesen en medio de ella Noé, Daniel y Job, vivo yo, dice Jehová el Señor, no librarían a hijo ni a hija; ellos por su justicia librarían solamente sus propias vidas.
21Por lo cual así ha dicho Jehová el Señor: ¿Cuánto más cuando yo enviare contra Jerusalén mis cuatro juicios terribles, espada, hambre, fieras y pestilencia, para cortar de ella hombres y bestias?
22Sin embargo, he aquí quedará en ella un remanente, hijos e hijas, que serán llevados fuera; he aquí que ellos vendrán a vosotros, y veréis su camino y sus hechos, y seréis consolados del mal que hice venir sobre Jerusalén, de todas las cosas que traje sobre ella.
23Y os consolarán cuando viereis su camino y sus hechos, y conoceréis que no sin causa hice todo lo que he hecho en ella, dice Jehová el Señor.itulo
3) Discernir entre Profetas Verdaderos y Falsos en la Vida Real
Cuando el corazón se convierte en altar
Reflexión | Ezequiel 14: 6
“Así dice Jehová el Señor: Convertíos, y volveos de vuestros ídolos, y apartad vuestro rostro de todas vuestras abominaciones.” Ezequiel 14:6
La idolatría que permanece oculta
Ezequiel 14 presenta una advertencia profundamente actual: es posible mantener una apariencia de fidelidad religiosa mientras el corazón se aparta del Dios viviente. Los ancianos de Israel acudían al profeta, pero habían establecido ídolos dentro de sí. Su conducta pública podía parecer correcta, aunque sus afectos y decisiones revelaban otra lealtad.
También nosotros podemos caer en esa contradicción. Asistimos a la iglesia, cantamos con entusiasmo y confesamos la fe, pero quizá descuidamos la oración privada y la lectura atenta de las Escrituras. La comodidad, el bienestar físico, la reputación, el entretenimiento o el deseo sexual pueden ocupar el lugar que solo corresponde a Dios. Cuando una dificultad despierta una ira descontrolada, a menudo deja al descubierto aquello en lo que realmente confiamos.
La falsa seguridad de las apariencias
Quienes conservan ídolos en el corazón suelen buscar mensajes religiosos que confirmen su estilo de vida sin exigir arrepentimiento. Sin embargo, el SEÑOR declara que responderá conforme a la multitud de sus ídolos. El juicio sobre los profetas engañosos no significa que Dios haya ocultado su verdad. Su revelación ya estaba disponible, y sus advertencias eran claras. El problema consistía en que tanto los falsos profetas como el pueblo preferían sus mentiras.
La verdad divina exige examinarse con honestidad. No basta con buscar consuelo espiritual; debemos estar dispuestos a escuchar la corrección, abandonar nuestros ídolos y volver al SEÑOR.
Cuando el juicio se vuelve inevitable
Los versículos 12-23 enseñan además que el juicio puede llegar a un punto irreversible. Ni siquiera la presencia de Noé, Job y Daniel habría detenido la sentencia sobre una nación entregada a la maldad. Su justicia podía distinguirse, pero no serviría como sustituto para el arrepentimiento colectivo.
Meditemos en Ezequiel 14:8. Pidamos perdón por la incoherencia y gracia para vivir con una lealtad verdadera, no solo visible ante los demás, sino arraigada en el corazón.
Amigo/as, ¡Feliz y bendecida lectura de la Palabra y, además, feliz noche!
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