PLAN A
Reflexión # 278. Miércoles 04 - Noviembre 2026
Pasos para realizar hoy:
1). Lee y escucha: | 2 Samuel 20
Lee y escucha: | 2 Samuel 20 (Texto)
2 Samuel 20
Sublevación de Seba
1Aconteció que se hallaba allí un hombre perverso que se llamaba Seba hijo de Bicri, hombre de Benjamín, el cual tocó la trompeta, y dijo: No tenemos nosotros parte en David, ni heredad con el hijo de Isaí. ¡Cada uno a su tienda, Israel!
2Así todos los hombres de Israel abandonaron a David, siguiendo a Seba hijo de Bicri; mas los de Judá siguieron a su rey desde el Jordán hasta Jerusalén.
3Y luego que llegó David a su casa en Jerusalén, tomó el rey las diez mujeres concubinas que había dejado para guardar la casa, y las puso en reclusión, y les dio alimentos; pero nunca más se llegó a ellas, sino que quedaron encerradas hasta que murieron, en viudez perpetua.
4Después dijo el rey a Amasa: Convócame a los hombres de Judá para dentro de tres días, y hállate tú aquí presente.
5Fue, pues, Amasa para convocar a los de Judá; pero se detuvo más del tiempo que le había sido señalado.
6Y dijo David a Abisai: Seba hijo de Bicri nos hará ahora más daño que Absalón; toma, pues, tú los siervos de tu señor, y ve tras él, no sea que halle para sí ciudades fortificadas, y nos cause dificultad.
7Entonces salieron en pos de él los hombres de Joab, y los cereteos y peleteos y todos los valientes; salieron de Jerusalén para ir tras Seba hijo de Bicri.
8Y estando ellos cerca de la piedra grande que está en Gabaón, les salió Amasa al encuentro. Y Joab estaba ceñido de su ropa, y sobre ella tenía pegado a sus lomos el cinto con una daga en su vaina, la cual se le cayó cuando él avanzó.
9Entonces Joab dijo a Amasa: ¿Te va bien, hermano mío? Y tomó Joab con la diestra la barba de Amasa, para besarlo.
10Y Amasa no se cuidó de la daga que estaba en la mano de Joab; y éste le hirió con ella en la quinta costilla, y derramó sus entrañas por tierra, y cayó muerto sin darle un segundo golpe. Después Joab y su hermano Abisai fueron en persecución de Seba hijo de Bicri.
11Y uno de los hombres de Joab se paró junto a él, diciendo: Cualquiera que ame a Joab y a David, vaya en pos de Joab.
12Y Amasa yacía revolcándose en su sangre en mitad del camino; y todo el que pasaba, al verle, se detenía; y viendo aquel hombre que todo el pueblo se paraba, apartó a Amasa del camino al campo, y echó sobre él una vestidura.
13Luego que fue apartado del camino, pasaron todos los que seguían a Joab, para ir tras Seba hijo de Bicri.
14Y él pasó por todas las tribus de Israel hasta Abel-bet-maaca y todo Barim; y se juntaron, y lo siguieron también.
15Y vinieron y lo sitiaron en Abel-bet-maaca, y pusieron baluarte contra la ciudad, y quedó sitiada; y todo el pueblo que estaba con Joab trabajaba por derribar la muralla.
16Entonces una mujer sabia dio voces en la ciudad, diciendo: Oíd, oíd; os ruego que digáis a Joab que venga acá, para que yo hable con él.
17Cuando él se acercó a ella, dijo la mujer: ¿Eres tú Joab? Y él respondió: Yo soy. Ella le dijo: Oye las palabras de tu sierva. Y él respondió: Oigo.
18Entonces volvió ella a hablar, diciendo: Antiguamente solían decir: Quien preguntare, pregunte en Abel; y así concluían cualquier asunto.
19Yo soy de las pacíficas y fieles de Israel; pero tú procuras destruir una ciudad que es madre en Israel. ¿Por qué destruyes la heredad de Jehová?
20Joab respondió diciendo: Nunca tal, nunca tal me acontezca, que yo destruya ni deshaga.
21La cosa no es así: mas un hombre del monte de Efraín, que se llama Seba hijo de Bicri, ha levantado su mano contra el rey David; entregad a ése solamente, y me iré de la ciudad. Y la mujer dijo a Joab: He aquí su cabeza te será arrojada desde el muro.
22La mujer fue luego a todo el pueblo con su sabiduría; y ellos cortaron la cabeza a Seba hijo de Bicri, y se la arrojaron a Joab. Y él tocó la trompeta, y se retiraron de la ciudad, cada uno a su tienda. Y Joab se volvió al rey a Jerusalén.
Oficiales de David
23Así quedó Joab sobre todo el ejército de Israel, y Benaía hijo de Joiada sobre los cereteos y peleteos,
24y Adoram sobre los tributos, y Josafat hijo de Ahilud era el cronista.
25Seva era escriba, y Sadoc y Abiatar, sacerdotes,
26e Ira jaireo fue también sacerdote de David.
2). Lee y escucha: | Efesios 5
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Efesios 5
Andad como hijos de luz
1Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados.
2Y andad en amor, como también Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante.
3Pero fornicación y toda inmundicia, o avaricia, ni aun se nombre entre vosotros, como conviene a santos;
4ni palabras deshonestas, ni necedades, ni truhanerías, que no convienen, sino antes bien acciones de gracias.
5Porque sabéis esto, que ningún fornicario, o inmundo, o avaro, que es idólatra, tiene herencia en el reino de Cristo y de Dios.
6Nadie os engañe con palabras vanas, porque por estas cosas viene la ira de Dios sobre los hijos de desobediencia.
7No seáis, pues, partícipes con ellos.
8Porque en otro tiempo erais tinieblas, mas ahora sois luz en el Señor; andad como hijos de luz
9(porque el fruto del Espíritu es en toda bondad, justicia y verdad),
10comprobando lo que es agradable al Señor.
11Y no participéis en las obras infructuosas de las tinieblas, sino más bien reprendedlas;
12porque vergonzoso es aun hablar de lo que ellos hacen en secreto.
13Mas todas las cosas, cuando son puestas en evidencia por la luz, son hechas manifiestas; porque la luz es lo que manifiesta todo.
14Por lo cual dice:
Despiértate, tú que duermes,
Y levántate de los muertos,
Y te alumbrará Cristo.
15Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios,
16aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos.
17Por tanto, no seáis insensatos, sino entendidos de cuál sea la voluntad del Señor.
18No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu,
19hablando entre vosotros con salmos, con himnos y cánticos espirituales, cantando y alabando al Señor en vuestros corazones;
20dando siempre gracias por todo al Dios y Padre, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo.
Someteos los unos a los otros
21Someteos unos a otros en el temor de Dios.
22Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor;
23porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su Salvador.
24Así que, como la iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén a sus maridos en todo.
25Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella,
26para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra,
27a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha.
28Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama.
29Porque nadie aborreció jamás a su propia carne, sino que la sustenta y la cuida, como también Cristo a la iglesia,
30porque somos miembros de su cuerpo, de su carne y de sus huesos.
31Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne.
32Grande es este misterio; mas yo digo esto respecto de Cristo y de la iglesia.
33Por lo demás, cada uno de vosotros ame también a su mujer como a sí mismo; y la mujer respete a su marido.
3) El Espíritu Santo: Garantía de Nuestra Herencia
3). Lee y escucha: | Ezequiel 35
Ezequiel 35
Ezequiel 35
Profecía contra el Monte Seir
1Vino a mí palabra de Jehová, diciendo:
2Hijo de hombre, pon tu rostro hacia el monte de Seir, y profetiza contra él,
3y dile: Así ha dicho Jehová el Señor: He aquí yo estoy contra ti, oh monte de Seir, y extenderé mi mano contra ti, y te convertiré en desierto y en soledad.
4A tus ciudades asolaré, y tú serás asolado; y sabrás que yo soy Jehová.
5Por cuanto tuviste enemistad perpetua, y entregaste a los hijos de Israel al poder de la espada en el tiempo de su aflicción, en el tiempo extremadamente malo,
6por tanto, vivo yo, dice Jehová el Señor, que a sangre te destinaré, y sangre te perseguirá; y porque la sangre no aborreciste, sangre te perseguirá.
7Y convertiré al monte de Seir en desierto y en soledad, y cortaré de él al que vaya y al que venga.
8Y llenaré sus montes de sus muertos; en tus collados, en tus valles y en todos tus arroyos, caerán muertos a espada.
9Yo te pondré en asolamiento perpetuo, y tus ciudades nunca más se restaurarán; y sabréis que yo soy Jehová.
10Por cuanto dijiste: Las dos naciones y las dos tierras serán mías, y tomaré posesión de ellas; estando allí Jehová;
11por tanto, vivo yo, dice Jehová el Señor, yo haré conforme a tu ira, y conforme a tu celo con que procediste, a causa de tus enemistades con ellos; y seré conocido en ellos, cuando te juzgue.
12Y sabrás que yo Jehová he oído todas tus injurias que proferiste contra los montes de Israel, diciendo: Destruidos son, nos han sido dados para que los devoremos.
13Y os engrandecisteis contra mí con vuestra boca, y multiplicasteis contra mí vuestras palabras. Yo lo oí.
14Así ha dicho Jehová el Señor: Para que toda la tierra se regocije, yo te haré una desolación.
15Como te alegraste sobre la heredad de la casa de Israel, porque fue asolada, así te haré a ti; asolado será el monte de Seir, y todo Edom, todo él; y sabrán que yo soy Jehová.
Reflexionando profundamente sobre Efesios 5:8: Vivir como Hijos de Luz
Reflexión Efesios 5:8
“Porque en otro tiempo erais tinieblas; mas ahora sois luz en el Señor; andad como hijos de luz.” (Efesios 5:8)
- De las tinieblas a la luz: una nueva identidad
Pablo destaca una verdad sorprendente: no solo vivíamos en tinieblas, sino que éramos tinieblas. Nuestra vida estaba separada de Dios y guiada por criterios humanos incapaces de llevarnos a la plenitud. Sin embargo, por la gracia de Cristo, fuimos transformados de manera radical. Ahora no solo hemos recibido luz, sino que somos “luz en el Señor”. Esta nueva identidad nos recuerda que pertenecemos a Cristo y estamos llamados a reflejar Su carácter, Su amor y Su verdad en todo lo que hacemos.
- Andad como hijos de luz
Jesús dijo: “Yo soy la luz del mundo” (Juan 8:12). La luz que brilla en nosotros no proviene de nuestras propias capacidades, sino de Su presencia obrando en nuestro corazón. Por eso, Pablo nos exhorta a vivir de acuerdo con nuestra nueva naturaleza. Andar como hijos de luz significa hablar con verdad, actuar con integridad, mostrar misericordia, servir con humildad y mantener un corazón limpio delante de Dios. La verdadera espiritualidad no consiste en aparentar santidad, sino en permanecer cerca de Cristo para que Su luz se refleje naturalmente en nuestra vida diaria.
- Brillando en un mundo oscuro
La luz no solo ilumina, también revela. La presencia de Cristo expone áreas de nuestra vida que necesitan ser transformadas, no para condenarnos, sino para restaurarnos. Al mismo tiempo, Dios nos llama a ser luz en medio de una sociedad marcada por la confusión, el egoísmo y la desesperanza. En la familia, el trabajo, la iglesia o las redes sociales, podemos reflejar a Cristo mediante actos sencillos: una palabra de ánimo, una muestra de compasión, una respuesta llena de gracia o una vida coherente con el evangelio. La santidad comienza recordando quiénes somos: personas redimidas, perdonadas y transformadas por Dios.
Reflexión final
Efesios 5:8 nos invita a vivir conforme a nuestra nueva identidad. Ya no pertenecemos a las tinieblas; ahora somos luz en el SEÑOR. La pregunta no es solo si conocemos a Cristo, sino si Su luz se refleja en nuestras palabras, decisiones y actitudes. Que cada día nos acerquemos más a Él, para que Su gloria ilumine nuestro corazón y, a través de nuestra vida, alcance a quienes aún caminan en la oscuridad.
Amigo/as, ¡Feliz y bendecida lectura de la Palabra y, además, feliz noche!
