PLAN A
Reflexión # 277. Martes 03 - Noviembre 2026
Pasos para realizar hoy:
1). Lee y escucha: | 2 Samuel 19
Lee y escucha: |2 Samuel 19 (Texto)
David vuelve a Jerusalén
1Dieron aviso a Joab: He aquí el rey llora, y hace duelo por Absalón.
2Y se volvió aquel día la victoria en luto para todo el pueblo; porque oyó decir el pueblo aquel día que el rey tenía dolor por su hijo.
3Y entró el pueblo aquel día en la ciudad escondidamente, como suele entrar a escondidas el pueblo avergonzado que ha huido de la batalla.
4Mas el rey, cubierto el rostro, clamaba en alta voz: ¡Hijo mío Absalón, Absalón, hijo mío, hijo mío!
5Entonces Joab vino al rey en la casa, y dijo: Hoy has avergonzado el rostro de todos tus siervos, que hoy han librado tu vida, y la vida de tus hijos y de tus hijas, y la vida de tus mujeres, y la vida de tus concubinas,
6amando a los que te aborrecen, y aborreciendo a los que te aman; porque hoy has declarado que nada te importan tus príncipes y siervos; pues hoy me has hecho ver claramente que si Absalón viviera, aunque todos nosotros estuviéramos muertos, entonces estarías contento.
7Levántate pues, ahora, y ve afuera y habla bondadosamente a tus siervos; porque juro por Jehová que si no sales, no quedará ni un hombre contigo esta noche; y esto te será peor que todos los males que te han sobrevenido desde tu juventud hasta ahora.
8Entonces se levantó el rey y se sentó a la puerta, y fue dado aviso a todo el pueblo, diciendo: He aquí el rey está sentado a la puerta. Y vino todo el pueblo delante del rey; pero Israel había huido, cada uno a su tienda.
9Y todo el pueblo disputaba en todas las tribus de Israel, diciendo: El rey nos ha librado de mano de nuestros enemigos, y nos ha salvado de mano de los filisteos; y ahora ha huido del país por miedo de Absalón.
10Y Absalón, a quien habíamos ungido sobre nosotros, ha muerto en la batalla. ¿Por qué, pues, estáis callados respecto de hacer volver al rey?
11Y el rey David envió a los sacerdotes Sadoc y Abiatar, diciendo: Hablad a los ancianos de Judá, y decidles: ¿Por qué seréis vosotros los postreros en hacer volver el rey a su casa, cuando la palabra de todo Israel ha venido al rey para hacerle volver a su casa?
12Vosotros sois mis hermanos; mis huesos y mi carne sois. ¿Por qué, pues, seréis vosotros los postreros en hacer volver al rey?
13Asimismo diréis a Amasa: ¿No eres tú también hueso mío y carne mía? Así me haga Dios, y aun me añada, si no fueres general del ejército delante de mí para siempre, en lugar de Joab.
14Así inclinó el corazón de todos los varones de Judá, como el de un solo hombre, para que enviasen a decir al rey: Vuelve tú, y todos tus siervos.
15Volvió, pues, el rey, y vino hasta el Jordán. Y Judá vino a Gilgal para recibir al rey y para hacerle pasar el Jordán.
16Y Simei hijo de Gera, hijo de Benjamín, que era de Bahurim, se dio prisa y descendió con los hombres de Judá a recibir al rey David.
17Con él venían mil hombres de Benjamín; asimismo Siba, criado de la casa de Saúl, con sus quince hijos y sus veinte siervos, los cuales pasaron el Jordán delante del rey.
18Y cruzaron el vado para pasar a la familia del rey, y para hacer lo que a él le pareciera. Entonces Simei hijo de Gera se postró delante del rey cuando él hubo pasado el Jordán,
19y dijo al rey: No me culpe mi señor de iniquidad, ni tengas memoria de los males que tu siervo hizo el día en que mi señor el rey salió de Jerusalén; no los guarde el rey en su corazón.
20Porque yo tu siervo reconozco haber pecado, y he venido hoy el primero de toda la casa de José, para descender a recibir a mi señor el rey.
21Respondió Abisai hijo de Sarvia y dijo: ¿No ha de morir por esto Simei, que maldijo al ungido de Jehová?
22David entonces dijo: ¿Qué tengo yo con vosotros, hijos de Sarvia, para que hoy me seáis adversarios? ¿Ha de morir hoy alguno en Israel? ¿Pues no sé yo que hoy soy rey sobre Israel?
23Y dijo el rey a Simei: No morirás. Y el rey se lo juró.
24También Mefi-boset hijo de Saúl descendió a recibir al rey; no había lavado sus pies, ni había cortado su barba, ni tampoco había lavado sus vestidos, desde el día en que el rey salió hasta el día en que volvió en paz.
25Y luego que vino él a Jerusalén a recibir al rey, el rey le dijo: Mefi-boset, ¿por qué no fuiste conmigo?
26Y él respondió: Rey señor mío, mi siervo me engañó; pues tu siervo había dicho: Enalbárdame un asno, y montaré en él, e iré al rey; porque tu siervo es cojo.
27Pero él ha calumniado a tu siervo delante de mi señor el rey; mas mi señor el rey es como un ángel de Dios; haz, pues, lo que bien te parezca.
28Porque toda la casa de mi padre era digna de muerte delante de mi señor el rey, y tú pusiste a tu siervo entre los convidados a tu mesa. ¿Qué derecho, pues, tengo aún para clamar más al rey?
29Y el rey le dijo: ¿Para qué más palabras? Yo he determinado que tú y Siba os dividáis las tierras.
30Y Mefi-boset dijo al rey: Deja que él las tome todas, pues que mi señor el rey ha vuelto en paz a su casa.
31También Barzilai galaadita descendió de Rogelim, y pasó el Jordán con el rey, para acompañarle al otro lado del Jordán.
32Era Barzilai muy anciano, de ochenta años, y él había dado provisiones al rey cuando estaba en Mahanaim, porque era hombre muy rico.
33Y el rey dijo a Barzilai: Pasa conmigo, y yo te sustentaré conmigo en Jerusalén.
34Mas Barzilai dijo al rey: ¿Cuántos años más habré de vivir, para que yo suba con el rey a Jerusalén?
35De edad de ochenta años soy este día. ¿Podré distinguir entre lo que es agradable y lo que no lo es? ¿Tomará gusto ahora tu siervo en lo que coma o beba? ¿Oiré más la voz de los cantores y de las cantoras? ¿Para qué, pues, ha de ser tu siervo una carga para mi señor el rey?
36Pasará tu siervo un poco más allá del Jordán con el rey; ¿por qué me ha de dar el rey tan grande recompensa?
37Yo te ruego que dejes volver a tu siervo, y que muera en mi ciudad, junto al sepulcro de mi padre y de mi madre. Mas he aquí a tu siervo Quimam; que pase él con mi señor el rey, y haz a él lo que bien te pareciere.
38Y el rey dijo: Pues pase conmigo Quimam, y yo haré con él como bien te parezca; y todo lo que tú pidieres de mí, yo lo haré.
39Y todo el pueblo pasó el Jordán; y luego que el rey hubo también pasado, el rey besó a Barzilai, y lo bendijo; y él se volvió a su casa.
40El rey entonces pasó a Gilgal, y con él pasó Quimam; y todo el pueblo de Judá acompañaba al rey, y también la mitad del pueblo de Israel.
41Y he aquí todos los hombres de Israel vinieron al rey, y le dijeron: ¿Por qué los hombres de Judá, nuestros hermanos, te han llevado, y han hecho pasar el Jordán al rey y a su familia, y a todos los siervos de David con él?
42Y todos los hombres de Judá respondieron a todos los de Israel: Porque el rey es nuestro pariente. Mas ¿por qué os enojáis vosotros de eso? ¿Hemos nosotros comido algo del rey? ¿Hemos recibido de él algún regalo?
43Entonces respondieron los hombres de Israel, y dijeron a los de Judá: Nosotros tenemos en el rey diez partes, y en el mismo David más que vosotros. ¿Por qué, pues, nos habéis tenido en poco? ¿No hablamos nosotros los primeros, respecto de hacer volver a nuestro rey? Y las palabras de los hombres de Judá fueron más violentas que las de los hombres de Israel.
2). Lee y escucha: | Efesios 4
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Efesios 4
La unidad del Espíritu
1Yo pues, preso en el Señor, os ruego que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados,
2con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor,
3solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz;
4un cuerpo, y un Espíritu, como fuisteis también llamados en una misma esperanza de vuestra vocación;
5un Señor, una fe, un bautismo,
6un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos.
7Pero a cada uno de nosotros fue dada la gracia conforme a la medida del don de Cristo.
8Por lo cual dice:
Subiendo a lo alto, llevó cautiva la cautividad,
Y dio dones a los hombres.
9Y eso de que subió, ¿qué es, sino que también había descendido primero a las partes más bajas de la tierra?
10El que descendió, es el mismo que también subió por encima de todos los cielos para llenarlo todo.
11Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros,
12a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo,
13hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo;
14para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error,
15sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo,
16de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor.
La nueva vida en Cristo
17Esto, pues, digo y requiero en el Señor: que ya no andéis como los otros gentiles, que andan en la vanidad de su mente,
18teniendo el entendimiento entenebrecido, ajenos de la vida de Dios por la ignorancia que en ellos hay, por la dureza de su corazón;
19los cuales, después que perdieron toda sensibilidad, se entregaron a la lascivia para cometer con avidez toda clase de impureza.
20Mas vosotros no habéis aprendido así a Cristo,
21si en verdad le habéis oído, y habéis sido por él enseñados, conforme a la verdad que está en Jesús.
22En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos,
23y renovaos en el espíritu de vuestra mente,
24y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad.
25Por lo cual, desechando la mentira, hablad verdad cada uno con su prójimo; porque somos miembros los unos de los otros.
26Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo,
27ni deis lugar al diablo.
28El que hurtaba, no hurte más, sino trabaje, haciendo con sus manos lo que es bueno, para que tenga qué compartir con el que padece necesidad.
29Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes.
30Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención.
31Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia.
32Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo.
3) El Espíritu Santo: Garantía de Nuestra Herencia
3). Lee y escucha: | Ezequiel 34
Ezequiel 34
Ezequiel 34
Profecía contra los pastores de Israel
1Vino a mí palabra de Jehová, diciendo:
2Hijo de hombre, profetiza contra los pastores de Israel; profetiza, y di a los pastores: Así ha dicho Jehová el Señor: ¡Ay de los pastores de Israel, que se apacientan a sí mismos! ¿No apacientan los pastores a los rebaños?
3Coméis la grosura, y os vestís de la lana; la engordada degolláis, mas no apacentáis a las ovejas.
4No fortalecisteis las débiles, ni curasteis la enferma; no vendasteis la perniquebrada, no volvisteis al redil la descarriada, ni buscasteis la perdida, sino que os habéis enseñoreado de ellas con dureza y con violencia.
5Y andan errantes por falta de pastor, y son presa de todas las fieras del campo, y se han dispersado.
6Anduvieron perdidas mis ovejas por todos los montes, y en todo collado alto; y en toda la faz de la tierra fueron esparcidas mis ovejas, y no hubo quien las buscase, ni quien preguntase por ellas.
7Por tanto, pastores, oíd palabra de Jehová:
8Vivo yo, ha dicho Jehová el Señor, que por cuanto mi rebaño fue para ser robado, y mis ovejas fueron para ser presa de todas las fieras del campo, sin pastor; ni mis pastores buscaron mis ovejas, sino que los pastores se apacentaron a sí mismos, y no apacentaron mis ovejas;
9por tanto, oh pastores, oíd palabra de Jehová.
10Así ha dicho Jehová el Señor: He aquí, yo estoy contra los pastores; y demandaré mis ovejas de su mano, y les haré dejar de apacentar las ovejas; ni los pastores se apacentarán más a sí mismos, pues yo libraré mis ovejas de sus bocas, y no les serán más por comida.
11Porque así ha dicho Jehová el Señor: He aquí yo, yo mismo iré a buscar mis ovejas, y las reconoceré.
12Como reconoce su rebaño el pastor el día que está en medio de sus ovejas esparcidas, así reconoceré mis ovejas, y las libraré de todos los lugares en que fueron esparcidas el día del nublado y de la oscuridad.
13Y yo las sacaré de los pueblos, y las juntaré de las tierras; las traeré a su propia tierra, y las apacentaré en los montes de Israel, por las riberas, y en todos los lugares habitados del país.
14En buenos pastos las apacentaré, y en los altos montes de Israel estará su aprisco; allí dormirán en buen redil, y en pastos suculentos serán apacentadas sobre los montes de Israel.
15Yo apacentaré mis ovejas, y yo les daré aprisco, dice Jehová el Señor.
16Yo buscaré la perdida, y haré volver al redil la descarriada; vendaré la perniquebrada, y fortaleceré la débil; mas a la engordada y a la fuerte destruiré; las apacentaré con justicia.
17Mas en cuanto a vosotras, ovejas mías, así ha dicho Jehová el Señor: He aquí yo juzgo entre oveja y oveja, entre carneros y machos cabríos.
18¿Os es poco que comáis los buenos pastos, sino que también holláis con vuestros pies lo que de vuestros pastos queda; y que bebiendo las aguas claras, enturbiáis además con vuestros pies las que quedan?
19Y mis ovejas comen lo hollado de vuestros pies, y beben lo que con vuestros pies habéis enturbiado.
20Por tanto, así les dice Jehová el Señor: He aquí yo, yo juzgaré entre la oveja engordada y la oveja flaca,
21por cuanto empujasteis con el costado y con el hombro, y acorneasteis con vuestros cuernos a todas las débiles, hasta que las echasteis y las dispersasteis.
22Yo salvaré a mis ovejas, y nunca más serán para rapiña; y juzgaré entre oveja y oveja.
23Y levantaré sobre ellas a un pastor, y él las apacentará; a mi siervo David, él las apacentará, y él les será por pastor.
24Yo Jehová les seré por Dios, y mi siervo David príncipe en medio de ellos. Yo Jehová he hablado.
25Y estableceré con ellos pacto de paz, y quitaré de la tierra las fieras; y habitarán en el desierto con seguridad, y dormirán en los bosques.
26Y daré bendición a ellas y a los alrededores de mi collado, y haré descender la lluvia en su tiempo; lluvias de bendición serán.
27Y el árbol del campo dará su fruto, y la tierra dará su fruto, y estarán sobre su tierra con seguridad; y sabrán que yo soy Jehová, cuando rompa las coyundas de su yugo, y los libre de mano de los que se sirven de ellos.
28No serán más por despojo de las naciones, ni las fieras de la tierra las devorarán; sino que habitarán con seguridad, y no habrá quien las espante.
29Y levantaré para ellos una planta de renombre, y no serán ya más consumidos de hambre en la tierra, ni ya más serán avergonzados por las naciones.
30Y sabrán que yo Jehová su Dios estoy con ellos, y ellos son mi pueblo, la casa de Israel, dice Jehová el Señor.
31Y vosotras, ovejas mías, ovejas de mi pasto, hombres sois, y yo vuestro Dios, dice Jehová el Señor.
Reflexiones sobre la Enseñanza de Ezequiel 34:16
Reflexión Ezequiel 34:16
« Yo buscaré la perdida, y haré volver al redil la descarriada; vendaré la perniquebrada, y fortaleceré la débil; mas a la engordada y a la fuerte destruiré; las apacentaré con justicia.”
Ez. 34:16
La Importancia del Cuidado en Nuestras Vidas
La enseñanza de Ezequiel 34:16 nos invita a reflexionar sobre cómo cuidamos de aquellos que nos rodean. En un mundo donde muchas veces se ignoran las necesidades de los vulnerables, este versículo se convierte en un llamado a ser agentes de cambio y compasión. Al igual que Dios busca a la oveja perdida, nosotros también tenemos la responsabilidad de extender nuestra mano a quienes se encuentran perdidos o heridos en nuestras comunidades – Iglesias.
Esta imagen del Pastor revela el corazón de Dios por quienes han sido olvidados, rechazados o quebrantados por las circunstancias. Cristo mismo afirmó: «Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido» (Lucas 19:10). Asimismo, en la parábola de la oveja perdida, el Señor muestra que cada persona tiene un valor incalculable delante de Dios (Lucas 15:4-7).
¿De qué manera puedo ser un instrumento de restauración en mi familia, iglesia o comunidad?
La Justicia en el Liderazgo
Este pasaje también pone de relieve la importancia de la justicia en el liderazgo. En nuestras diversas esferas de influencia, ya sea en el trabajo, la familia o la iglesia, debemos esforzarnos por ser líderes que cuidan y protegen a los que están bajo nuestra responsabilidad. La justicia y la equidad reveladas en la Escritura de Dios deben ser los principios que guíen cada una de nuestras acciones, asegurando que los valores de compasión y apoyo estén en el centro de nuestro liderazgo.
Dios no sólo consuela a las ovejas débiles; también confronta el abuso, el orgullo y la indiferencia. Por eso declara que apacentará a su rebaño «con justicia». El SEÑOR exige que quienes ejercen autoridad lo hagan con integridad, siguiendo el modelo del Buen Pastor. Pedro exhorta a los líderes a pastorear el rebaño de Dios «no como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey» (1 Pedro 5:2-3). Del mismo modo, Miqueas resume la voluntad Divina diciendo: «hacer justicia, amar misericordia y humillarte ante tu Dios» (Miqueas 6:8).
¿Uso mi influencia para servir o para ser servido?
Consolación en el Amor del Pastor (Cristo)
Finalmente, al meditar sobre el amor de Dios como Pastor, encontramos consuelo y esperanza. A pesar de las luchas y desafíos que enfrentamos, podemos confiar en que Dios está buscando activamente nuestro bienestar. Su promesa de restauración es un recordatorio constante de que, al acercarnos a Él, siempre encontramos sanación y fortaleza en nuestras debilidades. Esta enseñanza de Ezequiel nos anima a vivir con un propósito renovado, dispuestos a cuidar y ser un reflejo del amor Divino en el mundo.
La promesa de Dios va más allá del cuidado temporal. Él sana las heridas del corazón, restaura al que ha caído y fortalece al que se siente débil. David expresó esta verdad al decir: «Jehová es mi pastor; nada me faltará» (Salmo 23:1). Jesús confirmó su identidad como el cumplimiento perfecto de esta promesa cuando declaró: «Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas» (Juan 10:11).
Cuando nos sentimos extraviados, heridos o cansados, podemos descansar en la certeza de que el SEÑOR no abandona a los suyos. Su amor persigue, restaura y sostiene a quienes depositan su confianza en Él.
Preguntas para reflexionar:
¿He permitido que Cristo sane las heridas que aún cargo en mi corazón?
Reflexión Final
Ezequiel 34:16 nos presenta un retrato conmovedor del carácter de Dios: un Pastor que busca, restaura, sana, fortalece y juzga con justicia. Su amor no es pasivo ni indiferente; es un amor que actúa para rescatar y transformar. Al contemplar esta verdad, somos llamados no sólo a recibir su cuidado, sino también a convertirnos en instrumentos de su compasión, reflejando el corazón del Buen Pastor a un mundo necesitado de esperanza y restauración.
Pregunta final para meditar:
Si Cristo examinara hoy mi vida como Pastor de mi alma, ¿encontraría en mí un corazón que refleja su amor, su justicia y su compasión hacia los demás?
Amigo/as, ¡Feliz y bendecida lectura de la Palabra y, además, feliz noche!
