PLAN A

Reflexión # 129. Lunes 08- Junio 2026

Pasos para realizar hoy:

1). Ver el siguiente video explicativo: La historia de Moisés y Aarón como sacerdotes en la Biblia
2). Lee y escucha: | Números 12

Números 12

María y Aarón murmuran contra Moisés

1María y Aarón hablaron contra Moisés a causa de la mujer cusita que había tomado; porque él había tomado mujer cusita.
2Y dijeron: ¿Solamente por Moisés ha hablado Jehová? ¿No ha hablado también por nosotros? Y lo oyó Jehová.
3Y aquel varón Moisés era muy manso, más que todos los hombres que había sobre la tierra.
4Luego dijo Jehová a Moisés, a Aarón y a María: Salid vosotros tres al tabernáculo de reunión. Y salieron ellos tres.
5Entonces Jehová descendió en la columna de la nube, y se puso a la puerta del tabernáculo, y llamó a Aarón y a María; y salieron ambos.
6Y él les dijo: Oíd ahora mis palabras. Cuando haya entre vosotros profeta de Jehová, le apareceré en visión, en sueños hablaré con él.
7No así a mi siervo Moisés, que es fiel en toda mi casa.
8Cara a cara hablaré con él, y claramente, y no por figuras; y verá la apariencia de Jehová. ¿Por qué, pues, no tuvisteis temor de hablar contra mi siervo Moisés?
9Entonces la ira de Jehová se encendió contra ellos; y se fue.
10Y la nube se apartó del tabernáculo, y he aquí que María estaba leprosa como la nieve; y miró Aarón a María, y he aquí que estaba leprosa.
11Y dijo Aarón a Moisés: ¡Ah! señor mío, no pongas ahora sobre nosotros este pecado; porque locamente hemos actuado, y hemos pecado.
12No quede ella ahora como el que nace muerto, que al salir del vientre de su madre, tiene ya medio consumida su carne.
13Entonces Moisés clamó a Jehová, diciendo: Te ruego, oh Dios, que la sanes ahora.
14Respondió Jehová a Moisés: Pues si su padre hubiera escupido en su rostro, ¿no se avergonzaría por siete días? Sea echada fuera del campamento por siete días, y después volverá a la congregación.
15Así María fue echada del campamento siete días; y el pueblo no pasó adelante hasta que se reunió María con ellos.
16Después el pueblo partió de Hazerot, y acamparon en el desierto de Parán.

2). Lee y escucha: | Números 13

Números 13

Misión de los doce espías

1Y Jehová habló a Moisés, diciendo:
2Envía tú hombres que reconozcan la tierra de Canaán, la cual yo doy a los hijos de Israel; de cada tribu de sus padres enviaréis un varón, cada uno príncipe entre ellos.
3Y Moisés los envió desde el desierto de Parán, conforme a la palabra de Jehová; y todos aquellos varones eran príncipes de los hijos de Israel.
4Estos son sus nombres: De la tribu de Rubén, Samúa hijo de Zacur.
5De la tribu de Simeón, Safat hijo de Horí.
6De la tribu de Judá, Caleb hijo de Jefone.
7De la tribu de Isacar, Igal hijo de José.
8De la tribu de Efraín, Oseas hijo de Nun.
9De la tribu de Benjamín, Palti hijo de Rafú.
10De la tribu de Zabulón, Gadiel hijo de Sodi.
11De la tribu de José: de la tribu de Manasés, Gadi hijo de Susi.
12De la tribu de Dan, Amiel hijo de Gemali.
13De la tribu de Aser, Setur hijo de Micael.
14De la tribu de Neftalí, Nahbi hijo de Vapsi.
15De la tribu de Gad, Geuel hijo de Maqui.
16Estos son los nombres de los varones que Moisés envió a reconocer la tierra; y a Oseas hijo de Nun le puso Moisés el nombre de Josué.
17Los envió, pues, Moisés a reconocer la tierra de Canaán, diciéndoles: Subid de aquí al Neguev, y subid al monte,
18y observad la tierra cómo es, y el pueblo que la habita, si es fuerte o débil, si poco o numeroso;
19cómo es la tierra habitada, si es buena o mala; y cómo son las ciudades habitadas, si son campamentos o plazas fortificadas;
20y cómo es el terreno, si es fértil o estéril, si en él hay árboles o no; y esforzaos, y tomad del fruto del país. Y era el tiempo de las primeras uvas.
21Y ellos subieron, y reconocieron la tierra desde el desierto de Zin hasta Rehob, entrando en Hamat.
22Y subieron al Neguev y vinieron hasta Hebrón; y allí estaban Ahimán, Sesai y Talmai, hijos de Anac. Hebrón fue edificada siete años antes de Zoán en Egipto.
23Y llegaron hasta el arroyo de Escol, y de allí cortaron un sarmiento con un racimo de uvas, el cual trajeron dos en un palo, y de las granadas y de los higos.
24Y se llamó aquel lugar el Valle de Escol, por el racimo que cortaron de allí los hijos de Israel.
25Y volvieron de reconocer la tierra al fin de cuarenta días.
26Y anduvieron y vinieron a Moisés y a Aarón, y a toda la congregación de los hijos de Israel, en el desierto de Parán, en Cades, y dieron la información a ellos y a toda la congregación, y les mostraron el fruto de la tierra.
27Y les contaron, diciendo: Nosotros llegamos a la tierra a la cual nos enviaste, la que ciertamente fluye leche y miel; y este es el fruto de ella.
28Mas el pueblo que habita aquella tierra es fuerte, y las ciudades muy grandes y fortificadas; y también vimos allí a los hijos de Anac.
29Amalec habita el Neguev, y el heteo, el jebuseo y el amorreo habitan en el monte, y el cananeo habita junto al mar, y a la ribera del Jordán.
30Entonces Caleb hizo callar al pueblo delante de Moisés, y dijo: Subamos luego, y tomemos posesión de ella; porque más podremos nosotros que ellos.
31Mas los varones que subieron con él, dijeron: No podremos subir contra aquel pueblo, porque es más fuerte que nosotros.
32Y hablaron mal entre los hijos de Israel, de la tierra que habían reconocido, diciendo: La tierra por donde pasamos para reconocerla, es tierra que traga a sus moradores; y todo el pueblo que vimos en medio de ella son hombres de grande estatura.
33También vimos allí gigantes, hijos de Anac, raza de los gigantes, y éramos nosotros, a nuestro parecer, como langostas; y así les parecíamos a ellos.

3). Lee y escucha: | Salmos 55

Salmos 55

Plegaria pidiendo la destrucción de enemigos traicioneros

1Escucha, oh Dios, mi oración,
Y no te escondas de mi súplica.
2Está atento, y respóndeme;
Clamo en mi oración, y me conmuevo,
3A causa de la voz del enemigo,
Por la opresión del impío;
Porque sobre mí echaron iniquidad,
Y con furor me persiguen.
4Mi corazón está dolorido dentro de mí,
Y terrores de muerte sobre mí han caído.
5Temor y temblor vinieron sobre mí,
Y terror me ha cubierto.
6Y dije: ¡Quién me diese alas como de paloma!
Volaría yo, y descansaría.
7Ciertamente huiría lejos;
Moraría en el desierto. Selah
8Me apresuraría a escapar
Del viento borrascoso, de la tempestad.
9Destrúyelos, oh Señor; confunde la lengua de ellos;
Porque he visto violencia y rencilla en la ciudad.
10Día y noche la rodean sobre sus muros,
E iniquidad y trabajo hay en medio de ella.
11Maldad hay en medio de ella,
Y el fraude y el engaño no se apartan de sus plazas.
12Porque no me afrentó un enemigo,
Lo cual habría soportado;
Ni se alzó contra mí el que me aborrecía,
Porque me hubiera ocultado de él;
13Sino tú, hombre, al parecer íntimo mío,
Mi guía, y mi familiar;
14Que juntos comunicábamos dulcemente los secretos,
Y andábamos en amistad en la casa de Dios.
15Que la muerte les sorprenda;
Desciendan vivos al Seol,
Porque hay maldades en sus moradas, en medio de ellos.
16En cuanto a mí, a Dios clamaré;
Y Jehová me salvará.
17Tarde y mañana y a mediodía oraré y clamaré,
Y él oirá mi voz.
18El redimirá en paz mi alma de la guerra contra mí,
Aunque contra mí haya muchos.
19Dios oirá, y los quebrantará luego,
El que permanece desde la antigüedad;
Por cuanto no cambian,
Ni temen a Dios. Selah
20Extendió el inicuo sus manos contra los que estaban en paz con él;
Violó su pacto.
21Los dichos de su boca son más blandos que mantequilla,
Pero guerra hay en su corazón;
Suaviza sus palabras más que el aceite,
Mas ellas son espadas desnudas.
22Echa sobre Jehová tu carga, y él te sustentará;
No dejará para siempre caído al justo.
23Mas tú, oh Dios, harás descender aquéllos al pozo de perdición.
Los hombres sanguinarios y engañadores no llegarán a la mitad de sus días;
Pero yo en ti confiaré.

4). Lee y escucha: | Isaías 3

Isaías 3

Juicio de Jehová contra Judá y Jerusalén

1Porque he aquí que el Señor Jehová de los ejércitos quita de Jerusalén y de Judá al sustentador y al fuerte, todo sustento de pan y todo socorro de agua;
2el valiente y el hombre de guerra, el juez y el profeta, el adivino y el anciano;
3el capitán de cincuenta y el hombre de respeto, el consejero, el artífice excelente y el hábil orador.
4Y les pondré jóvenes por príncipes, y muchachos serán sus señores.
5Y el pueblo se hará violencia unos a otros, cada cual contra su vecino; el joven se levantará contra el anciano, y el villano contra el noble.
6Cuando alguno tomare de la mano a su hermano, de la familia de su padre, y le dijere: Tú tienes vestido, tú serás nuestro príncipe, y toma en tus manos esta ruina;
7él jurará aquel día, diciendo: No tomaré ese cuidado; porque en mi casa ni hay pan, ni qué vestir; no me hagáis príncipe del pueblo.
8Pues arruinada está Jerusalén, y Judá ha caído; porque la lengua de ellos y sus obras han sido contra Jehová para irritar los ojos de su majestad.
9La apariencia de sus rostros testifica contra ellos; porque como Sodoma publican su pecado, no lo disimulan. ¡Ay del alma de ellos! porque amontonaron mal para sí.
10Decid al justo que le irá bien, porque comerá de los frutos de sus manos.
11¡Ay del impío! Mal le irá, porque según las obras de sus manos le será pagado.
12Los opresores de mi pueblo son muchachos, y mujeres se enseñorearon de él. Pueblo mío, los que te guían te engañan, y tuercen el curso de tus caminos.
13Jehová está en pie para litigar, y está para juzgar a los pueblos.
14Jehová vendrá a juicio contra los ancianos de su pueblo y contra sus príncipes; porque vosotros habéis devorado la viña, y el despojo del pobre está en vuestras casas.
15¿Qué pensáis vosotros que majáis mi pueblo y moléis las caras de los pobres? dice el Señor, Jehová de los ejércitos.

Juicio contra las hijas de Sion

16Asimismo dice Jehová: Por cuanto las hijas de Sion se ensoberbecen, y andan con cuello erguido y con ojos desvergonzados; cuando andan van danzando, y haciendo son con los pies;
17por tanto, el Señor raerá la cabeza de las hijas de Sion, y Jehová descubrirá sus vergüenzas.
18Aquel día quitará el Señor el atavío del calzado, las redecillas, las lunetas,
19los collares, los pendientes y los brazaletes,
20las cofias, los atavíos de las piernas, los partidores del pelo, los pomitos de olor y los zarcillos,
21los anillos, y los joyeles de las narices,
22las ropas de gala, los mantoncillos, los velos, las bolsas,
23los espejos, el lino fino, las gasas y los tocados.
24Y en lugar de los perfumes aromáticos vendrá hediondez; y cuerda en lugar de cinturón, y cabeza rapada en lugar de la compostura del cabello; en lugar de ropa de gala ceñimiento de cilicio, y quemadura en vez de hermosura.
25Tus varones caerán a espada, y tu fuerza en la guerra.
26Sus puertas se entristecerán y enlutarán, y ella, desamparada, se sentará en tierra.

El Salmo 55: Reflexiones sobre la Traición y la Confianza en Dios

Porque no me afrentó un enemigo…Sino tú, hombre, al parecer íntimo mío…” Sal. 55: 12 – 14

El Contexto Emocional del Salmo 55

El Salmo 55 nos presenta la profunda angustia de David, no por la amenaza de un enemigo, sino por la traición de un amigo cercano. Este dolor emocional es más crudo y desgarrador que cualquier conflicto físico. David clama: “no me afrenta un enemigo… sino tú, hombre, al parecer íntimo mío.” Aquí radica el eje emocional del salmo, reflejando que el sufrimiento puede surgir de relaciones que una vez fueron cercanas.

Estructura del Salmo: Un Corazón en Conflicto

El Salmo 55 se desenvuelve en tres movimientos que entrelazan angustia y fe. Primero, se encuentra la angustia profunda (vv. 1–8), donde David expresa su ansiedad y su deseo de escapar. Luego, viene el dolor de la traición (vv. 12–14, 20–21). Aquí, David recuerda la confianza perdida, el dolor espiritual que causa un amigo que hiere. Y finalmente, la decisión de confiar (vv. 16–23), donde, a pesar del sufrimiento, David opta por clamar a Dios: “echa sobre Jehová tu carga, y él te sustentará.”

El Mensaje Central del Salmo 55

El mensaje del Salmo 55 es claro: Dios escucha el clamor del corazón herido. Él ve la traición y la injusticia, y nos sostiene mientras llevamos nuestras cargas. Este salmo nos invita a abrir nuestro corazón a Dios, trayendo nuestras heridas sin filtros. Nos enseña que la fe no es una negación del dolor, sino una entrega a Aquel que puede cargar nuestras cargas. La restauración comienza cuando permitimos que Dios asuma lo que nosotros no podemos llevar.

Amigo/as, ¡Feliz y bendecida lectura de la Palabra y, además, feliz noche!

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