PLAN A

Reflexión # 164. Lunes 13 - Julio 2026

Pasos para realizar hoy:

1). Lee y escucha: | Deuteronomio 12

Deuteronomio 12

El santuario único

1Estos son los estatutos y decretos que cuidaréis de poner por obra en la tierra que Jehová el Dios de tus padres te ha dado para que tomes posesión de ella, todos los días que vosotros viviereis sobre la tierra.
2Destruiréis enteramente todos los lugares donde las naciones que vosotros heredaréis sirvieron a sus dioses, sobre los montes altos, y sobre los collados, y debajo de todo árbol frondoso.
3Derribaréis sus altares, y quebraréis sus estatuas, y sus imágenes de Asera consumiréis con fuego; y destruiréis las esculturas de sus dioses, y raeréis su nombre de aquel lugar.
4No haréis así a Jehová vuestro Dios,
5sino que el lugar que Jehová vuestro Dios escogiere de entre todas vuestras tribus, para poner allí su nombre para su habitación, ése buscaréis, y allá iréis.
6Y allí llevaréis vuestros holocaustos, vuestros sacrificios, vuestros diezmos, y la ofrenda elevada de vuestras manos, vuestros votos, vuestras ofrendas voluntarias, y las primicias de vuestras vacas y de vuestras ovejas;
7y comeréis allí delante de Jehová vuestro Dios, y os alegraréis, vosotros y vuestras familias, en toda obra de vuestras manos en la cual Jehová tu Dios te hubiere bendecido.
8No haréis como todo lo que hacemos nosotros aquí ahora, cada uno lo que bien le parece,
9porque hasta ahora no habéis entrado al reposo y a la heredad que os da Jehová vuestro Dios.
10Mas pasaréis el Jordán, y habitaréis en la tierra que Jehová vuestro Dios os hace heredar; y él os dará reposo de todos vuestros enemigos alrededor, y habitaréis seguros.
11Y al lugar que Jehová vuestro Dios escogiere para poner en él su nombre, allí llevaréis todas las cosas que yo os mando: vuestros holocaustos, vuestros sacrificios, vuestros diezmos, las ofrendas elevadas de vuestras manos, y todo lo escogido de los votos que hubiereis prometido a Jehová.
12Y os alegraréis delante de Jehová vuestro Dios, vosotros, vuestros hijos, vuestras hijas, vuestros siervos y vuestras siervas, y el levita que habite en vuestras poblaciones; por cuanto no tiene parte ni heredad con vosotros.
13Cuídate de no ofrecer tus holocaustos en cualquier lugar que vieres;
14sino que en el lugar que Jehová escogiere, en una de tus tribus, allí ofrecerás tus holocaustos, y allí harás todo lo que yo te mando.
15Con todo, podrás matar y comer carne en todas tus poblaciones conforme a tu deseo, según la bendición que Jehová tu Dios te haya dado; el inmundo y el limpio la podrá comer, como la de gacela o de ciervo.
16Solamente que sangre no comeréis; sobre la tierra la derramaréis como agua.
17Ni comerás en tus poblaciones el diezmo de tu grano, de tu vino o de tu aceite, ni las primicias de tus vacas, ni de tus ovejas, ni los votos que prometieres, ni las ofrendas voluntarias, ni las ofrendas elevadas de tus manos;
18sino que delante de Jehová tu Dios las comerás, en el lugar que Jehová tu Dios hubiere escogido, tú, tu hijo, tu hija, tu siervo, tu sierva, y el levita que habita en tus poblaciones; te alegrarás delante de Jehová tu Dios de toda la obra de tus manos.
19Ten cuidado de no desamparar al levita en todos tus días sobre la tierra.
20Cuando Jehová tu Dios ensanchare tu territorio, como él te ha dicho, y tú dijeres: Comeré carne, porque deseaste comerla, conforme a lo que deseaste podrás comer.
21Si estuviere lejos de ti el lugar que Jehová tu Dios escogiere para poner allí su nombre, podrás matar de tus vacas y de tus ovejas que Jehová te hubiere dado, como te he mandado yo, y comerás en tus puertas según todo lo que deseares.
22Lo mismo que se come la gacela y el ciervo, así las podrás comer; el inmundo y el limpio podrán comer también de ellas.
23Solamente que te mantengas firme en no comer sangre; porque la sangre es la vida, y no comerás la vida juntamente con su carne.
24No la comerás; en tierra la derramarás como agua.
25No comerás de ella, para que te vaya bien a ti y a tus hijos después de ti, cuando hicieres lo recto ante los ojos de Jehová.
26Pero las cosas que hubieres consagrado, y tus votos, las tomarás, y vendrás con ellas al lugar que Jehová hubiere escogido;
27y ofrecerás tus holocaustos, la carne y la sangre, sobre el altar de Jehová tu Dios; y la sangre de tus sacrificios será derramada sobre el altar de Jehová tu Dios, y podrás comer la carne.
28Guarda y escucha todas estas palabras que yo te mando, para que haciendo lo bueno y lo recto ante los ojos de Jehová tu Dios, te vaya bien a ti y a tus hijos después de ti para siempre.

Advertencias contra la idolatría

29Cuando Jehová tu Dios haya destruido delante de ti las naciones adonde tú vas para poseerlas, y las heredes, y habites en su tierra,
30guárdate que no tropieces yendo en pos de ellas, después que sean destruidas delante de ti; no preguntes acerca de sus dioses, diciendo: De la manera que servían aquellas naciones a sus dioses, yo también les serviré.
31No harás así a Jehová tu Dios; porque toda cosa abominable que Jehová aborrece, hicieron ellos a sus dioses; pues aun a sus hijos y a sus hijas quemaban en el fuego a sus dioses.
32Cuidarás de hacer todo lo que yo te mando; no añadirás a ello, ni de ello quitarás.

2). Lee y escucha: | Salmos 105

Salmos 105

Maravillas de Jehová a favor de Israel

1Alabad a Jehová, invocad su nombre;
Dad a conocer sus obras en los pueblos.
2Cantadle, cantadle salmos;
Hablad de todas sus maravillas.
3Gloriaos en su santo nombre;
Alégrese el corazón de los que buscan a Jehová.
4Buscad a Jehová y su poder;
Buscad siempre su rostro.
5Acordaos de las maravillas que él ha hecho,
De sus prodigios y de los juicios de su boca,
6Oh vosotros, descendencia de Abraham su siervo,
Hijos de Jacob, sus escogidos.
7El es Jehová nuestro Dios;
En toda la tierra están sus juicios.
8Se acordó para siempre de su pacto;
De la palabra que mandó para mil generaciones,
9La cual concertó con Abraham,
Y de su juramento a Isaac.
10La estableció a Jacob por decreto,
A Israel por pacto sempiterno,
11Diciendo: A ti te daré la tierra de Canaán
Como porción de vuestra heredad.
12Cuando ellos eran pocos en número,
Y forasteros en ella,
13Y andaban de nación en nación,
De un reino a otro pueblo,
14No consintió que nadie los agraviase,
Y por causa de ellos castigó a los reyes.
15No toquéis, dijo, a mis ungidos,
Ni hagáis mal a mis profetas.
16Trajo hambre sobre la tierra,
Y quebrantó todo sustento de pan.
17Envió un varón delante de ellos;
A José, que fue vendido por siervo.
18Afligieron sus pies con grillos;
En cárcel fue puesta su persona.
19Hasta la hora que se cumplió su palabra,
El dicho de Jehová le probó.
20Envió el rey, y le soltó;
El señor de los pueblos, y le dejó ir libre.
21Lo puso por señor de su casa,
Y por gobernador de todas sus posesiones,
22Para que reprimiera a sus grandes como él quisiese,
Y a sus ancianos enseñara sabiduría.
23Después entró Israel en Egipto,
Y Jacob moró en la tierra de Cam.
24Y multiplicó su pueblo en gran manera,
Y lo hizo más fuerte que sus enemigos.
25Cambió el corazón de ellos para que aborreciesen a su pueblo,
Para que contra sus siervos pensasen mal.
26Envió a su siervo Moisés,
Y a Aarón, al cual escogió.
27Puso en ellos las palabras de sus señales,
Y sus prodigios en la tierra de Cam.
28Envió tinieblas que lo oscurecieron todo;
No fueron rebeldes a su palabra.
29Volvió sus aguas en sangre,
Y mató sus peces.
30Su tierra produjo ranas
Hasta en las cámaras de sus reyes.
31Habló, y vinieron enjambres de moscas,
Y piojos en todos sus términos.
32Les dio granizo por lluvia,
Y llamas de fuego en su tierra.
33Destrozó sus viñas y sus higueras,
Y quebró los árboles de su territorio.
34Habló, y vinieron langostas,
Y pulgón sin número;
35Y comieron toda la hierba de su país,
Y devoraron el fruto de su tierra.
36Hirió de muerte a todos los primogénitos en su tierra,
Las primicias de toda su fuerza.
37Los sacó con plata y oro;
Y no hubo en sus tribus enfermo.
38Egipto se alegró de que salieran,
Porque su terror había caído sobre ellos.
39Extendió una nube por cubierta,
Y fuego para alumbrar la noche.
40Pidieron, e hizo venir codornices;
Y los sació de pan del cielo.
41Abrió la peña, y fluyeron aguas;
Corrieron por los sequedales como un río.
42Porque se acordó de su santa palabra
Dada a Abraham su siervo.
43Sacó a su pueblo con gozo;
Con júbilo a sus escogidos.
44Les dio las tierras de las naciones,
Y las labores de los pueblos heredaron;
45Para que guardasen sus estatutos,
Y cumpliesen sus leyes. Aleluya.

3). Ver el siguiente video explicativo: Resumen del libro de Isaías (2 parte)
4). Lee y escucha: | Isaías 40

Isaías 40

Jehová consuela a Sion

1Consolaos, consolaos, pueblo mío, dice vuestro Dios.
2Hablad al corazón de Jerusalén; decidle a voces que su tiempo es ya cumplido, que su pecado es perdonado; que doble ha recibido de la mano de Jehová por todos sus pecados.
3Voz que clama en el desierto: Preparad camino a Jehová; enderezad calzada en la soledad a nuestro Dios.
4Todo valle sea alzado, y bájese todo monte y collado; y lo torcido se enderece, y lo áspero se allane.
5Y se manifestará la gloria de Jehová, y toda carne juntamente la verá; porque la boca de Jehová ha hablado.
6Voz que decía: Da voces. Y yo respondí: ¿Qué tengo que decir a voces? Que toda carne es hierba, y toda su gloria como flor del campo.
7La hierba se seca, y la flor se marchita, porque el viento de Jehová sopló en ella; ciertamente como hierba es el pueblo.
8Sécase la hierba, marchítase la flor; mas la palabra del Dios nuestro permanece para siempre.
9Súbete sobre un monte alto, anunciadora de Sion; levanta fuertemente tu voz, anunciadora de Jerusalén; levántala, no temas; di a las ciudades de Judá: ¡Ved aquí al Dios vuestro!
10He aquí que Jehová el Señor vendrá con poder, y su brazo señoreará; he aquí que su recompensa viene con él, y su paga delante de su rostro.
11Como pastor apacentará su rebaño; en su brazo llevará los corderos, y en su seno los llevará; pastoreará suavemente a las recién paridas.

El incomparable Dios de Israel

12¿Quién midió las aguas con el hueco de su mano y los cielos con su palmo, con tres dedos juntó el polvo de la tierra, y pesó los montes con balanza y con pesas los collados?
13¿Quién enseñó al Espíritu de Jehová, o le aconsejó enseñándole?
14¿A quién pidió consejo para ser avisado? ¿Quién le enseñó el camino del juicio, o le enseñó ciencia, o le mostró la senda de la prudencia?
15He aquí que las naciones le son como la gota de agua que cae del cubo, y como menudo polvo en las balanzas le son estimadas; he aquí que hace desaparecer las islas como polvo.
16Ni el Líbano bastará para el fuego, ni todos sus animales para el sacrificio.
17Como nada son todas las naciones delante de él; y en su comparación serán estimadas en menos que nada, y que lo que no es.
18¿A qué, pues, haréis semejante a Dios, o qué imagen le compondréis?
19El artífice prepara la imagen de talla, el platero le extiende el oro y le funde cadenas de plata.
20El pobre escoge, para ofrecerle, madera que no se apolille; se busca un maestro sabio, que le haga una imagen de talla que no se mueva.
21¿No sabéis? ¿No habéis oído? ¿Nunca os lo han dicho desde el principio? ¿No habéis sido enseñados desde que la tierra se fundó?
22El está sentado sobre el círculo de la tierra, cuyos moradores son como langostas; él extiende los cielos como una cortina, los despliega como una tienda para morar.
23El convierte en nada a los poderosos, y a los que gobiernan la tierra hace como cosa vana.
24Como si nunca hubieran sido plantados, como si nunca hubieran sido sembrados, como si nunca su tronco hubiera tenido raíz en la tierra; tan pronto como sopla en ellos se secan, y el torbellino los lleva como hojarasca.
25¿A qué, pues, me haréis semejante o me compararéis? dice el Santo.
26Levantad en alto vuestros ojos, y mirad quién creó estas cosas; él saca y cuenta su ejército; a todas llama por sus nombres; ninguna faltará; tal es la grandeza de su fuerza, y el poder de su dominio.
27¿Por qué dices, oh Jacob, y hablas tú, Israel: Mi camino está escondido de Jehová, y de mi Dios pasó mi juicio?
28¿No has sabido, no has oído que el Dios eterno es Jehová, el cual creó los confines de la tierra? No desfallece, ni se fatiga con cansancio, y su entendimiento no hay quien lo alcance.
29El da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas.
30Los muchachos se fatigan y se cansan, los jóvenes flaquean y caen;
31pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán.

Isaías: Un Profeta de Esperanza y Consuelo

“Sécase la hierba, marchítase la flor; mas la palabra del Dios nuestro permanece para siempre.” Isaías 40: 8

Una Llamada en Tiempos de Crisis

Isaías, quien fue llamado por Dios a los treinta años en el año en que falleció el rey Uzías, se convirtió en una voz profética en medio de la angustia y el caos. A lo largo de su vida, enfrentó grandes desafíos, incluidos eventos históricos críticos como la invasión asiria de 701 a.C. y la profecía sobre la invasión babilónica en 712 a.C. Isaías no solo predijo estos eventos, sino que se dedicó a ofrecer consuelo y ayuda al remanente fiel.

El Ministerio de Consolación

Durante los oscuros días del reinado del rey Manasés, Isaías continuó su ministerio, ahí donde su voz se hizo eco entre los discípulos que atesorarían sus enseñanzas. Su enfoque en la compasión y el consuelo en momentos de incertidumbre es uno de los aspectos más destacados de su legado. A pesar de la represión, su mensaje de esperanza permanecía vivo, preparándose para una nueva generación que anhelaría escuchar las Palabras de Dios.

La Grandeza de Dios y su Promesa de Perdón

Los capítulos 40 a 55 de Isaías están impregnados de consuelo, subrayando la grandeza de Dios y su capacidad de perdonar los pecados. A pesar de la devastadora predicción relacionada con la destrucción de Jerusalén, Isaías reafirma que «mi pueblo» aún es amado y que sus pecados han sido perdonados. La promesa de restauración, el regreso de los exiliados y el anuncio de la llegada de Dios con poder resuenan como un grito de esperanza ante la desesperación.

 Preguntas para reflexionar y comentar:

Si todo lo humano se seca y marchita, qué aspectos de mi vida sigo tratando de sostener con mis propias fuerzas en lugar de descansar en la Palabra que permanece para siempre?

En los tiempos de crisis —como los que vivió Isaías— estoy escuchando la voz de consuelo de Dios, o estoy dejando que el ruido del miedo y la incertidumbre determine mi visión del futuro?

Si Dios promete restauración, perdón y regreso para su pueblo, qué áreas de mi historia personal necesitan que yo crea nuevamente en esa promesa de retorno, sanidad y esperanza?

 Amigo/as, ¡Feliz y bendecida lectura de la Palabra y, además, feliz noche!

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