PLAN A
Reflexión # 161. Viernes 10 - Julio 2026
Pasos para realizar hoy:
1). Ver el siguiente video explicativo: 2.º mandamiento: No ídolos
2). Lee y escucha: | Deuteronomio 9
Lee y escucha: Deuteronomio 9 Texto)
Deuteronomio 9
Dios destruirá a las naciones de Canaán
1Oye, Israel: tú vas hoy a pasar el Jordán, para entrar a desposeer a naciones más numerosas y más poderosas que tú, ciudades grandes y amuralladas hasta el cielo;
2un pueblo grande y alto, hijos de los anaceos, de los cuales tienes tú conocimiento, y has oído decir: ¿Quién se sostendrá delante de los hijos de Anac?
3Entiende, pues, hoy, que es Jehová tu Dios el que pasa delante de ti como fuego consumidor, que los destruirá y humillará delante de ti; y tú los echarás, y los destruirás en seguida, como Jehová te ha dicho.
4No pienses en tu corazón cuando Jehová tu Dios los haya echado de delante de ti, diciendo: Por mi justicia me ha traído Jehová a poseer esta tierra; pues por la impiedad de estas naciones Jehová las arroja de delante de ti.
5No por tu justicia, ni por la rectitud de tu corazón entras a poseer la tierra de ellos, sino por la impiedad de estas naciones Jehová tu Dios las arroja de delante de ti, y para confirmar la palabra que Jehová juró a tus padres Abraham, Isaac y Jacob.
La rebelión de Israel en Horeb
6Por tanto, sabe que no es por tu justicia que Jehová tu Dios te da esta buena tierra para tomarla; porque pueblo duro de cerviz eres tú.
7Acuérdate, no olvides que has provocado la ira de Jehová tu Dios en el desierto; desde el día que saliste de la tierra de Egipto, hasta que entrasteis en este lugar, habéis sido rebeldes a Jehová.
8En Horeb provocasteis a ira a Jehová, y se enojó Jehová contra vosotros para destruiros.
9Cuando yo subí al monte para recibir las tablas de piedra, las tablas del pacto que Jehová hizo con vosotros, estuve entonces en el monte cuarenta días y cuarenta noches, sin comer pan ni beber agua;
10y me dio Jehová las dos tablas de piedra escritas con el dedo de Dios; y en ellas estaba escrito según todas las palabras que os habló Jehová en el monte, de en medio del fuego, el día de la asamblea.
11Sucedió al fin de los cuarenta días y cuarenta noches, que Jehová me dio las dos tablas de piedra, las tablas del pacto.
12Y me dijo Jehová: Levántate, desciende pronto de aquí, porque tu pueblo que sacaste de Egipto se ha corrompido; pronto se han apartado del camino que yo les mandé; se han hecho una imagen de fundición.
13Y me habló Jehová, diciendo: He observado a ese pueblo, y he aquí que es pueblo duro de cerviz.
14Déjame que los destruya, y borre su nombre de debajo del cielo, y yo te pondré sobre una nación fuerte y mucho más numerosa que ellos.
15Y volví y descendí del monte, el cual ardía en fuego, con las tablas del pacto en mis dos manos.
16Y miré, y he aquí habíais pecado contra Jehová vuestro Dios; os habíais hecho un becerro de fundición, apartándoos pronto del camino que Jehová os había mandado.
17Entonces tomé las dos tablas y las arrojé de mis dos manos, y las quebré delante de vuestros ojos.
18Y me postré delante de Jehová como antes, cuarenta días y cuarenta noches; no comí pan ni bebí agua, a causa de todo vuestro pecado que habíais cometido haciendo el mal ante los ojos de Jehová para enojarlo.
19Porque temí a causa del furor y de la ira con que Jehová estaba enojado contra vosotros para destruiros. Pero Jehová me escuchó aun esta vez.
20Contra Aarón también se enojó Jehová en gran manera para destruirlo; y también oré por Aarón en aquel entonces.
21Y tomé el objeto de vuestro pecado, el becerro que habíais hecho, y lo quemé en el fuego, y lo desmenucé moliéndolo muy bien, hasta que fue reducido a polvo; y eché el polvo de él en el arroyo que descendía del monte.
22También en Tabera, en Masah y en Kibrot-hataava provocasteis a ira a Jehová.
23Y cuando Jehová os envió desde Cades-barnea, diciendo: Subid y poseed la tierra que yo os he dado, también fuisteis rebeldes al mandato de Jehová vuestro Dios, y no le creísteis, ni obedecisteis a su voz.
24Rebeldes habéis sido a Jehová desde el día que yo os conozco.
25Me postré, pues, delante de Jehová; cuarenta días y cuarenta noches estuve postrado, porque Jehová dijo que os había de destruir.
26Y oré a Jehová, diciendo: Oh Señor Jehová, no destruyas a tu pueblo y a tu heredad que has redimido con tu grandeza, que sacaste de Egipto con mano poderosa.
27Acuérdate de tus siervos Abraham, Isaac y Jacob; no mires a la dureza de este pueblo, ni a su impiedad ni a su pecado,
28no sea que digan los de la tierra de donde nos sacaste: Por cuanto no pudo Jehová introducirlos en la tierra que les había prometido, o porque los aborrecía, los sacó para matarlos en el desierto.
29Y ellos son tu pueblo y tu heredad, que sacaste con tu gran poder y con tu brazo extendido.
3). Lee y escucha: | Salmos 102
Lee y escucha: | Salmos 102 (Texto)
Salmos 102.
Oración de un afligido
1Jehová, escucha mi oración, Y llegue a ti mi clamor.
2No escondas de mí tu rostro en el día de mi angustia; Inclina a mí tu oído; Apresúrate a responderme el día que te invocare.
3Porque mis días se han consumido como humo, Y mis huesos cual tizón están quemados.
4Mi corazón está herido, y seco como la hierba, Por lo cual me olvido de comer mi pan.
5Por la voz de mi gemido Mis huesos se han pegado a mi carne.
6Soy semejante al pelícano del desierto; Soy como el buho de las soledades;
7Velo, y soy Como el pájaro solitario sobre el tejado.
8Cada día me afrentan mis enemigos; Los que contra mí se enfurecen, se han conjurado contra mí.
9Por lo cual yo como ceniza a manera de pan, Y mi bebida mezclo con lágrimas,
10A causa de tu enojo y de tu ira; Pues me alzaste, y me has arrojado.
11Mis días son como sombra que se va, Y me he secado como la hierba.
12Mas tú, Jehová, permanecerás para siempre, Y tu memoria de generación en generación.
13Te levantarás y tendrás misericordia de Sion, Porque es tiempo de tener misericordia de ella, porque el plazo ha llegado.
14Porque tus siervos aman sus piedras, Y del polvo de ella tienen compasión.
15Entonces las naciones temerán el nombre de Jehová, Y todos los reyes de la tierra tu gloria;
16Por cuanto Jehová habrá edificado a Sion, Y en su gloria será visto;
17Habrá considerado la oración de los desvalidos, Y no habrá desechado el ruego de ellos.
18Se escribirá esto para la generación venidera; Y el pueblo que está por nacer alabará a JAH,
19Porque miró desde lo alto de su santuario; Jehová miró desde los cielos a la tierra,
20Para oír el gemido de los presos, Para soltar a los sentenciados a muerte;
21Para que publique en Sion el nombre de Jehová, Y su alabanza en Jerusalén,
22Cuando los pueblos y los reinos se congreguen En uno para servir a Jehová.
23El debilitó mi fuerza en el camino; Acortó mis días.
24Dije: Dios mío, no me cortes en la mitad de mis días; Por generación de generaciones son tus años.
25Desde el principio tú fundaste la tierra, Y los cielos son obra de tus manos.
26Ellos perecerán, mas tú permanecerás; Y todos ellos como una vestidura se envejecerán; Como un vestido los mudarás, y serán mudados;
27Pero tú eres el mismo, Y tus años no se acabarán.
28Los hijos de tus siervos habitarán seguros, Y su descendencia será establecida delante de ti.
4). Lee y escucha: | Isaías 37
Lee y escucha: | Isaías 37 (Texto)
Isaías 37
Judá es librado de Senaquerib
1Aconteció, pues, que cuando el rey Ezequías oyó esto, rasgó sus vestidos, y cubierto de cilicio vino a la casa de Jehová.
2Y envió a Eliaquim mayordomo, a Sebna escriba y a los ancianos de los sacerdotes, cubiertos de cilicio, al profeta Isaías hijo de Amoz.
3Los cuales le dijeron: Así ha dicho Ezequías: Día de angustia, de reprensión y de blasfemia es este día; porque los hijos han llegado hasta el punto de nacer, y la que da a luz no tiene fuerzas.
4Quizá oirá Jehová tu Dios las palabras del Rabsaces, al cual el rey de Asiria su señor envió para blasfemar al Dios vivo, y para vituperar con las palabras que oyó Jehová tu Dios; eleva, pues, oración tú por el remanente que aún ha quedado.
5Vinieron, pues, los siervos de Ezequías a Isaías.
6Y les dijo Isaías: Diréis así a vuestro señor: Así ha dicho Jehová: No temas por las palabras que has oído, con las cuales me han blasfemado los siervos del rey de Asiria.
7He aquí que yo pondré en él un espíritu, y oirá un rumor, y volverá a su tierra; y haré que en su tierra perezca a espada.
8Vuelto, pues, el Rabsaces, halló al rey de Asiria que combatía contra Libna; porque ya había oído que se había apartado de Laquis.
9Mas oyendo decir de Tirhaca rey de Etiopía: He aquí que ha salido para hacerte guerra; al oírlo, envió embajadores a Ezequías, diciendo:
10Así diréis a Ezequías rey de Judá: No te engañe tu Dios en quien tú confías, diciendo: Jerusalén no será entregada en mano del rey de Asiria.
11He aquí que tú oíste lo que han hecho los reyes de Asiria a todas las tierras, que las destruyeron; ¿y escaparás tú?
12¿Acaso libraron sus dioses a las naciones que destruyeron mis antepasados, a Gozán, Harán, Resef y a los hijos de Edén que moraban en Telasar?
13¿Dónde está el rey de Hamat, el rey de Arfad, y el rey de la ciudad de Sefarvaim, de Hena y de Iva?
14Y tomó Ezequías las cartas de mano de los embajadores, y las leyó; y subió a la casa de Jehová, y las extendió delante de Jehová.
15Entonces Ezequías oró a Jehová, diciendo:
16Jehová de los ejércitos, Dios de Israel, que moras entre los querubines, sólo tú eres Dios de todos los reinos de la tierra; tú hiciste los cielos y la tierra.
17Inclina, oh Jehová, tu oído, y oye; abre, oh Jehová, tus ojos, y mira; y oye todas las palabras de Senaquerib, que ha enviado a blasfemar al Dios viviente.
18Ciertamente, oh Jehová, los reyes de Asiria destruyeron todas las tierras y sus comarcas,
19y entregaron los dioses de ellos al fuego; porque no eran dioses, sino obra de manos de hombre, madera y piedra; por eso los destruyeron.
20Ahora pues, Jehová Dios nuestro, líbranos de su mano, para que todos los reinos de la tierra conozcan que sólo tú eres Jehová.
21Entonces Isaías hijo de Amoz envió a decir a Ezequías: Así ha dicho Jehová Dios de Israel: Acerca de lo que me rogaste sobre Senaquerib rey de Asiria,
22estas son las palabras que Jehová habló contra él: La virgen hija de Sion te menosprecia, te escarnece; detrás de ti mueve su cabeza la hija de Jerusalén.
23¿A quién vituperaste, y a quién blasfemaste? ¿Contra quién has alzado tu voz, y levantado tus ojos en alto? Contra el Santo de Israel.
24Por mano de tus siervos has vituperado al Señor, y dijiste: Con la multitud de mis carros subiré a las alturas de los montes, a las laderas del Líbano; cortaré sus altos cedros, sus cipreses escogidos; llegaré hasta sus más elevadas cumbres, al bosque de sus feraces campos.
25Yo cavé, y bebí las aguas, y con las pisadas de mis pies secaré todos los ríos de Egipto.
26¿No has oído decir que desde tiempos antiguos yo lo hice, que desde los días de la antigüedad lo tengo ideado? Y ahora lo he hecho venir, y tú serás para reducir las ciudades fortificadas a montones de escombros.
27Sus moradores fueron de corto poder; fueron acobardados y confusos, fueron como hierba del campo y hortaliza verde, como heno de los terrados, que antes de sazón se seca.
28He conocido tu condición, tu salida y tu entrada, y tu furor contra mí.
29Porque contra mí te airaste, y tu arrogancia ha subido a mis oídos; pondré, pues, mi garfio en tu nariz, y mi freno en tus labios, y te haré volver por el camino por donde viniste.
30Y esto te será por señal: Comeréis este año lo que nace de suyo, y el año segundo lo que nace de suyo; y el año tercero sembraréis y segaréis, y plantaréis viñas, y comeréis su fruto.
31Y lo que hubiere quedado de la casa de Judá y lo que hubiere escapado, volverá a echar raíz abajo, y dará fruto arriba.
32Porque de Jerusalén saldrá un remanente, y del monte de Sion los que se salven. El celo de Jehová de los ejércitos hará esto.
33Por tanto, así dice Jehová acerca del rey de Asiria: No entrará en esta ciudad, ni arrojará saeta en ella; no vendrá delante de ella con escudo, ni levantará contra ella baluarte.
34Por el camino que vino, volverá, y no entrará en esta ciudad, dice Jehová.
35Porque yo ampararé a esta ciudad para salvarla, por amor de mí mismo, y por amor de David mi siervo.
36Y salió el ángel de Jehová y mató a ciento ochenta y cinco mil en el campamento de los asirios; y cuando se levantaron por la mañana, he aquí que todo era cuerpos de muertos.
37Entonces Senaquerib rey de Asiria se fue, e hizo su morada en Nínive.
38Y aconteció que mientras adoraba en el templo de Nisroc su dios, sus hijos Adramelec y Sarezer le mataron a espada, y huyeron a la tierra de Ararat; y reinó en su lugar Esarhadón su hijo.
Ezequías y el Dios que Permanece en Tiempos de Crisis
Reflexión: Isaías 37:20
“Ahora pues, Jehová Dios nuestro, líbranos de su mano, para que todos los reinos de la tierra conozcan que sólo tú eres Jehová.”
— Isaías 37:20
La Desesperación de Ezequías
En la escena de Isaías 37, encontramos a Ezequías, un rey que ha mostrado fidelidad en el pasado, ahora enfrentando una crisis sin precedentes. Su desobediencia lo ha llevado al borde del abismo, desafiando imprudentemente al temido imperio asirio. La ciudad de Jerusalén parece estar en peligro, con sus murallas vulnerables y el rugido de Asiria amenazando su existencia. Sin embargo, en medio de la desesperación, Ezequías toma una decisión crucial: no busca alianzas ni estrategias, simplemente se vuelve al SEÑOR.
Un Clamor Urgente
La reacción de Ezequías es profundamente humana y, al mismo tiempo, bíblica. Cuando se encuentra al final del camino, regresa al Dios que nunca se ha ido. Su oración es un grito de auxilio, un llamado a la acción de un Dios que responde. En ese momento de quiebre, Dios ofrece una perspectiva renovada, revelando que lo que parece invencible bajo la mirada humana es solo polvo ante su poder. «No temas… yo actuaré» (Is. 37:6-7) resuena como una promesa de protección y salvación, amén.
El Poder de la Oración de Ezequías
Ezequías no solo está orando por su supervivencia, sino también para que todos los reinos reconozcan al único Dios verdadero. Su súplica se convierte en un testimonio poderoso, y Dios actúa en consecuencia. La salvación no es un premio por sus méritos, sino el resultado de la gracia y de la fidelidad Divina. Este relato culmina en un contraste impresionante: mientras el templo de Jerusalén permanece, Senaquerib cae en su propio templo, subrayando una verdad fundamental: solo el Dios vivo permanece y salva. ¡Gloria a Dios! ¿Cuántos me acompañan en proclamar un sentido, AMÉN?
Preguntas para reflexionar y comentar:
Cuando llego al límite de mis fuerzas, ¿me vuelvo realmente al Señor como hizo Ezequías, o sigo intentando sostener mi vida con mis propios recursos?
¿Mi oración busca solo alivio para mi crisis, o también anhela que “todos los reinos de la tierra” —mi familia, mi entorno, mis decisiones— reconozcan que solo el SEÑOR es Dios?
¿Qué amenaza, miedo o “Senaquerib” en mi vida necesito entregar hoy a Dios, confiando en que Él permanece, actúa y salva por fidelidad a su pacto y no por mis méritos?
Amigo/as, ¡Feliz y bendecida lectura de la Palabra y, además, feliz noche!
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