Reflexión # 234. Lunes 22 de septiembre 2025

Pasos para realizar hoy:

1). Lee y escucha: | Rut 2

Rut 2

Rut recoge espigas en el campo de Booz

1Tenía Noemí un pariente de su marido, hombre rico de la familia de Elimelec, el cual se llamaba Booz.
2Y Rut la moabita dijo a Noemí: Te ruego que me dejes ir al campo, y recogeré espigas en pos de aquel a cuyos ojos hallare gracia. Y ella le respondió: Vé, hija mía.
3Fue, pues, y llegando, espigó en el campo en pos de los segadores; y aconteció que aquella parte del campo era de Booz, el cual era de la familia de Elimelec.
4Y he aquí que Booz vino de Belén, y dijo a los segadores: Jehová sea con vosotros. Y ellos respondieron: Jehová te bendiga.
5Y Booz dijo a su criado el mayordomo de los segadores: ¿De quién es esta joven?
6Y el criado, mayordomo de los segadores, respondió y dijo: Es la joven moabita que volvió con Noemí de los campos de Moab;
7y ha dicho: Te ruego que me dejes recoger y juntar tras los segadores entre las gavillas. Entró, pues, y está desde por la mañana hasta ahora, sin descansar ni aun por un momento.
8Entonces Booz dijo a Rut: Oye, hija mía, no vayas a espigar a otro campo, ni pases de aquí; y aquí estarás junto a mis criadas.
9Mira bien el campo que sieguen, y síguelas; porque yo he mandado a los criados que no te molesten. Y cuando tengas sed, ve a las vasijas, y bebe del agua que sacan los criados.
10Ella entonces bajando su rostro se inclinó a tierra, y le dijo: ¿Por qué he hallado gracia en tus ojos para que me reconozcas, siendo yo extranjera?
11Y respondiendo Booz, le dijo: He sabido todo lo que has hecho con tu suegra después de la muerte de tu marido, y que dejando a tu padre y a tu madre y la tierra donde naciste, has venido a un pueblo que no conociste antes.
12Jehová recompense tu obra, y tu remuneración sea cumplida de parte de Jehová Dios de Israel, bajo cuyas alas has venido a refugiarte.
13Y ella dijo: Señor mío, halle yo gracia delante de tus ojos; porque me has consolado, y porque has hablado al corazón de tu sierva, aunque no soy ni como una de tus criadas.
14Y Booz le dijo a la hora de comer: Ven aquí, y come del pan, y moja tu bocado en el vinagre. Y ella se sentó junto a los segadores, y él le dio del potaje, y comió hasta que se sació, y le sobró.
15Luego se levantó para espigar. Y Booz mandó a sus criados, diciendo: Que recoja también espigas entre las gavillas, y no la avergoncéis;
16y dejaréis también caer para ella algo de los manojos, y lo dejaréis para que lo recoja, y no la reprendáis.
17Espigó, pues, en el campo hasta la noche, y desgranó lo que había recogido, y fue como un efa de cebada.
18Y lo tomó, y se fue a la ciudad; y su suegra vio lo que había recogido. Sacó también luego lo que le había sobrado después de haber quedado saciada, y se lo dio.
19Y le dijo su suegra: ¿Dónde has espigado hoy? ¿y dónde has trabajado? Bendito sea el que te ha reconocido. Y contó ella a su suegra con quién había trabajado, y dijo: El nombre del varón con quien hoy he trabajado es Booz.
20Y dijo Noemí a su nuera: Sea él bendito de Jehová, pues que no ha rehusado a los vivos la benevolencia que tuvo para con los que han muerto. Después le dijo Noemí: Nuestro pariente es aquel varón, y uno de los que pueden redimirnos.
21Y Rut la moabita dijo: Además de esto me ha dicho: Júntate con mis criadas, hasta que hayan acabado toda mi siega.
22Y Noemí respondió a Rut su nuera: Mejor es, hija mía, que salgas con sus criadas, y que no te encuentren en otro campo.
23Estuvo, pues, junto con las criadas de Booz espigando, hasta que se acabó la siega de la cebada y la del trigo; y vivía con su suegra.

2). Lee y escucha: | Salmos 145
Salmos 145 (Texto)

Salmos 145

Alabanza por la bondad y el poder de Dios

1Te exaltaré, mi Dios, mi Rey,
Y bendeciré tu nombre eternamente y para siempre.
2Cada día te bendeciré,
Y alabaré tu nombre eternamente y para siempre.
3Grande es Jehová, y digno de suprema alabanza;
Y su grandeza es inescrutable.
4Generación a generación celebrará tus obras,
Y anunciará tus poderosos hechos.
5En la hermosura de la gloria de tu magnificencia,
Y en tus hechos maravillosos meditaré.
6Del poder de tus hechos estupendos hablarán los hombres,
Y yo publicaré tu grandeza.
7Proclamarán la memoria de tu inmensa bondad,
Y cantarán tu justicia.
8Clemente y misericordioso es Jehová,
Lento para la ira, y grande en misericordia.
9Bueno es Jehová para con todos,
Y sus misericordias sobre todas sus obras.
10Te alaben, oh Jehová, todas tus obras,
Y tus santos te bendigan.
11La gloria de tu reino digan,
Y hablen de tu poder,
12Para hacer saber a los hijos de los hombres sus poderosos hechos,
Y la gloria de la magnificencia de su reino.
13Tu reino es reino de todos los siglos,
Y tu señorío en todas las generaciones.
14Sostiene Jehová a todos los que caen,
Y levanta a todos los oprimidos.
15Los ojos de todos esperan en ti,
Y tú les das su comida a su tiempo.
16Abres tu mano,
Y colmas de bendición a todo ser viviente.
17Justo es Jehová en todos sus caminos,
Y misericordioso en todas sus obras.
18Cercano está Jehová a todos los que le invocan,
A todos los que le invocan de veras.
19Cumplirá el deseo de los que le temen;
Oirá asimismo el clamor de ellos, y los salvará.
20Jehová guarda a todos los que le aman,
Mas destruirá a todos los impíos.
21La alabanza de Jehová proclamará mi boca;
Y todos bendigan su santo nombre eternamente y para siempre.

3) Ver el siguiente video: La Búsqueda de la Voluntad Divina: Reflexiones desde Jeremías
4). Lee y escucha: | Jeremías 42
Jeremías 42 (Texto)

Jeremías 42

Mensaje a Johanán

1Vinieron todos los oficiales de la gente de guerra, y Johanán hijo de Carea, Jezanías hijo de Osaías, y todo el pueblo desde el menor hasta el mayor,
2y dijeron al profeta Jeremías: Acepta ahora nuestro ruego delante de ti, y ruega por nosotros a Jehová tu Dios por todo este resto (pues de muchos hemos quedado unos pocos, como nos ven tus ojos),
3para que Jehová tu Dios nos enseñe el camino por donde vayamos, y lo que hemos de hacer.
4Y el profeta Jeremías les dijo: He oído. He aquí que voy a orar a Jehová vuestro Dios, como habéis dicho, y todo lo que Jehová os respondiere, os enseñaré; no os reservaré palabra.
5Y ellos dijeron a Jeremías: Jehová sea entre nosotros testigo de la verdad y de la lealtad, si no hiciéremos conforme a todo aquello para lo cual Jehová tu Dios te enviare a nosotros.
6Sea bueno, sea malo, a la voz de Jehová nuestro Dios al cual te enviamos, obedeceremos, para que obedeciendo a la voz de Jehová nuestro Dios nos vaya bien.
7Aconteció que al cabo de diez días vino palabra de Jehová a Jeremías.
8Y llamó a Johanán hijo de Carea y a todos los oficiales de la gente de guerra que con él estaban, y a todo el pueblo desde el menor hasta el mayor;
9y les dijo: Así ha dicho Jehová Dios de Israel, al cual me enviasteis para presentar vuestros ruegos en su presencia:
10Si os quedareis quietos en esta tierra, os edificaré, y no os destruiré; os plantaré, y no os arrancaré; porque estoy arrepentido del mal que os he hecho.
11No temáis de la presencia del rey de Babilonia, del cual tenéis temor; no temáis de su presencia, ha dicho Jehová, porque con vosotros estoy yo para salvaros y libraros de su mano;
12y tendré de vosotros misericordia, y él tendrá misericordia de vosotros y os hará regresar a vuestra tierra.
13Mas si dijereis: No moraremos en esta tierra, no obedeciendo así a la voz de Jehová vuestro Dios,
14diciendo: No, sino que entraremos en la tierra de Egipto, en la cual no veremos guerra, ni oiremos sonido de trompeta, ni padeceremos hambre, y allá moraremos;
15ahora por eso, oíd la palabra de Jehová, remanente de Judá: Así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: Si vosotros volviereis vuestros rostros para entrar en Egipto, y entrareis para morar allá,
16sucederá que la espada que teméis, os alcanzará allí en la tierra de Egipto, y el hambre de que tenéis temor, allá en Egipto os perseguirá; y allí moriréis.
17Todos los hombres que volvieren sus rostros para entrar en Egipto para morar allí, morirán a espada, de hambre y de pestilencia; no habrá de ellos quien quede vivo, ni quien escape delante del mal que traeré yo sobre ellos.
18Porque así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: Como se derramó mi enojo y mi ira sobre los moradores de Jerusalén, así se derramará mi ira sobre vosotros cuando entrareis en Egipto; y seréis objeto de execración y de espanto, y de maldición y de afrenta; y no veréis más este lugar.
19Jehová habló sobre vosotros, oh remanente de Judá: No vayáis a Egipto; sabed ciertamente que os lo aviso hoy.
20¿Por qué hicisteis errar vuestras almas? Pues vosotros me enviasteis a Jehová vuestro Dios, diciendo: Ora por nosotros a Jehová nuestro Dios, y haznos saber todas las cosas que Jehová nuestro Dios dijere, y lo haremos.
21Y os lo he declarado hoy, y no habéis obedecido a la voz de Jehová vuestro Dios, ni a todas las cosas por las cuales me envió a vosotros.
22Ahora, pues, sabed de cierto que a espada, de hambre y de pestilencia moriréis en el lugar donde deseasteis entrar para morar allí.

La Búsqueda de la Voluntad Divina: Reflexiones desde Jeremías  

Aconteció que al cabo de diez días vino palabra de Jehová a Jeremías.” 9y les dijo…Si os quedareis quietos en esta tierra, os edificaré, y no os destruiré; os plantaré, y no os arrancaré”.   Jer. 42; 9, 10

 

 

La Anécdota del Hombre Disoluto

Se cuenta una vieja anécdota de un hombre disoluto que, tras escuchar un mensaje evangelístico, decide reordenar su vida. Al acudir a hablar con un hombre de Dios, este le aconseja dejar atrás el alcohol, las mujeres y el juego. Sin embargo, el hombre, tras unos momentos de reflexión, responde: “¿sabe? creo que no merezco lo mejor. ¿Qué es lo segundo mejor?” Esta respuesta plantea una pregunta desafiante sobre lo que realmente buscamos en nuestra vida.

El Caso de Jeremías y el Pueblo de Judá

Después de la catastrófica destrucción de Jerusalén, Jeremías se convierte en una figura consultada por los supervivientes, no porque deseen lo mejor de Dios, sino porque buscan su aprobación para sus propios planes. Mientras que Jeremías intenta transmitir un mensaje claro: “permaneced en Judá y Dios os protegerá”, pronto se vuelve evidente que muchos prefieren huir a Egipto pensando que allí encontrarán seguridad. Esta tendencia refleja una preocupación común en la humanidad: la inclinación de apoyarse en nuestras decisiones antes que en la voluntad Divina.

La Reflexión sobre la Voluntad de Dios

Es fácil caer en la trampa de buscar la aprobación Divina solo cuando nuestras decisiones parecen alinearse con lo que creemos deseado. Al final, el deseo de que Dios respalde nuestras preferencias puede impedirnos abrazar su verdadera voluntad. En el camino de la fe, debemos preguntarnos con sinceridad: ¿estamos dispuestos a escuchar lo que Dios realmente quiere, o solo lo que queremos oír? La respuesta a esta pregunta puede guiarnos en nuestra lectura bíblica diaria. amén.

 

Amigo/as, ¡Feliz y bendecida lectura de la Palabra y, además, feliz noche!

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