PLAN A

Reflexión # 221. Martes 08 - Septiembre 2026

Pasos para realizar hoy:

1). Lee y escucha: | Jueces 12

Jueces 12

1Los hombres de la tribu de Efraín se reunieron, pasaron hacia el norte y dijeron a Jefté:
—¿Por qué fuiste a hacer guerra contra los hijos de Amón, y no nos llamaste para que fuéramos contigo? ¡Quemaremos ahora tu casa contigo dentro!
2Jefté les respondió:
—Yo y mi pueblo teníamos una gran contienda con los hijos de Amón; os llamé, pero no me defendisteis de ellos.
3Viendo, pues, que no me defendíais, arriesgué mi vida, ataqué a los hijos de Amón, y Jehová me los entregó. ¿Por qué, pues, habéis subido hoy para pelear conmigo?
4Entonces reunió Jefté a todos los hombres de Galaad y peleó contra Efraín. Y los de Galaad derrotaron a Efraín, porque habían dicho: Vosotros sois fugitivos de Efraín, vosotros los galaaditas, que habitáis entre Efraín y Manasés.
5Los galaaditas tomaron los vados del Jordán a los de Efraín, y cuando los fugitivos de Efraín llegaban y decían:
—Quiero pasar,
los de Galaad les preguntaban:
—¿Eres tú efrateo?
Si él respondía que no,
6entonces le decían:
—Ahora, pues, di Shibolet.
Si decía Sibolet, porque no podía pronunciarlo correctamente, le echaban mano y lo degollaban junto a los vados del Jordán. Así murieron cuarenta y dos mil de los de Efraín.
7Jefté juzgó a Israel seis años. Murió Jefté, el galaadita, y fue sepultado en una de las ciudades de Galaad.

Ibzán, Elón y Abdón, jueces de Israel

8Después de él juzgó a Israel Ibzán, de Belén,
9quien tuvo treinta hijos y treinta hijas, las cuales casó con gente de fuera, y tomó de fuera treinta hijas para sus hijos. Juzgó a Israel siete años.
10Murió Ibzán y fue sepultado en Belén.
11Después de él juzgó a Israel Elón, el zabulonita, quien juzgó a Israel diez años.
12Murió Elón, el zabulonita, y fue sepultado en Ajalón, en la tierra de Zabulón.
13Después de él juzgó a Israel Abdón hijo de Hilel, el piratonita.
14Este tuvo cuarenta hijos y treinta nietos que cabalgaban sobre setenta asnos. Juzgó a Israel ocho años.
15Murió Abdón hijo de Hilel piratonita y fue sepultado en Piratón, en la tierra de Efraín, en el monte de Amalec.

2). Lee y escucha: | Hechos 27

Hechos 27

Pablo es enviado a Roma

1Cuando se decidió que habíamos de navegar para Italia, entregaron a Pablo y a algunos otros presos a un centurión llamado Julio, de la compañía Augusta.
2Nos embarcamos en una nave adramitena que iba a tocar los puertos de Asia, y zarpamos. Estaba con nosotros Aristarco, macedonio de Tesalónica.
3Al otro día llegamos a Sidón; y Julio, tratando humanamente a Pablo, le permitió que fuera a los amigos para ser atendido por ellos.
4Y haciéndonos a la vela desde allí, navegamos a sotavento de Chipre, porque los vientos eran contrarios.
5Habiendo atravesado el mar frente a Cilicia y Panfilia, llegamos a Mira, ciudad de Licia.
6Allí el centurión halló una nave alejandrina que zarpaba para Italia, y nos embarcó en ella.
7Navegamos despacio muchos días, y habiendo llegado a duras penas frente a Gnido porque nos lo impedía el viento, navegamos a sotavento de Creta, frente a Salmón.
8Después de costearla con dificultad, llegamos a un lugar que llaman Buenos Puertos, cerca del cual estaba la ciudad de Lasea.
9Como habíamos perdido mucho tiempo y era ya peligrosa la navegación por haber pasado ya el ayuno, Pablo los amonestaba,
10diciéndoles:
—Veo que la navegación va a ser con perjuicio y mucha pérdida, no solo del cargamento y de la nave, sino también de nuestras vidas.
11Pero el centurión daba más crédito al dueño y al capitán de la nave que a lo que Pablo decía.
12Y como el puerto era incómodo para invernar, la mayoría acordó zarpar de allí e intentar llegar a Fenice, puerto de Creta que mira al sudoeste y noroeste, e invernar allí.

La tempestad en el mar

13Y como comenzó a soplar una brisa del sur, les pareció que podían continuar el viaje. Entonces levaron anclas y fueron costeando Creta.
14Pero no mucho después dio contra la nave un viento huracanado llamado Euroclidón.
15La nave era arrastrada, y al no poder poner proa al viento, nos abandonamos a él y nos dejamos llevar.
16Después de pasar a sotavento de una pequeña isla llamada Clauda, con dificultad pudimos recoger el esquife.
17Una vez subido a bordo, usaron de refuerzos para asegurar las amarras de la nave; y por temor de dar en la Sirte, arriaron las velas y quedaron a la deriva.
18Pero siendo combatidos por una furiosa tempestad, al siguiente día empezaron a deshacerse de la carga,
19y al tercer día con nuestras propias manos arrojamos los aparejos de la nave.
20Al no aparecer ni sol ni estrellas por muchos días, y acosados por una tempestad no pequeña, ya habíamos perdido toda esperanza de salvarnos.
21Entonces Pablo, como hacía ya mucho que no comíamos, puesto en pie en medio de ellos, dijo:
—Habría sido por cierto conveniente haberme oído, y no zarpar de Creta tan solo para recibir este perjuicio y pérdida.
22Pero ahora os exhorto a tener buen ánimo, pues no habrá ninguna pérdida de vida entre vosotros, sino solamente de la nave,
23pues esta noche ha estado conmigo el ángel del Dios de quien soy y a quien sirvo,
24y me ha dicho: Pablo, no temas; es necesario que comparezcas ante César; además, Dios te ha concedido todos los que navegan contigo.
25Por tanto, tened buen ánimo, porque yo confío en Dios que será así como se me ha dicho.
26Con todo, es necesario que demos en alguna isla.
27Al llegar la decimacuarta noche, y siendo llevados a través del mar Adriático, a la medianoche los marineros sospecharon que estaban cerca de tierra.
28Echaron la sonda y hallaron veinte brazas; y pasando un poco más adelante, volvieron a echar la sonda y hallaron quince brazas.
29Temiendo dar en escollos, echaron cuatro anclas por la popa, y ansiaban que se hiciera de día.
30Entonces los marineros procuraron huir de la nave, y echando el esquife al mar aparentaban como que querían largar las anclas de proa.
31Pero Pablo dijo al centurión y a los soldados:
—Si estos no permanecen en la nave, vosotros no podéis salvaros.
32Entonces los soldados cortaron las amarras del esquife y lo dejaron perderse.
33Cuando comenzó a amanecer, Pablo exhortaba a todos que comieran, diciendo:
—Este es el decimocuarto día que veláis y permanecéis en ayunas, sin comer nada.
34Por tanto, os ruego que comáis por vuestra salud, pues ni aun un cabello de la cabeza de ninguno de vosotros perecerá.
35Y dicho esto, tomó el pan y dio gracias a Dios en presencia de todos, lo partió y comenzó a comer.
36Entonces todos, teniendo ya mejor ánimo, comieron también.
37Y éramos todas las personas en la nave doscientas setenta y seis.
38Una vez satisfechos, aligeraron la nave echando el trigo al mar.

El naufragio

39Cuando se hizo de día, no reconocieron el lugar, pero vieron una ensenada que tenía playa, en la cual acordaron varar la nave, si podían.
40Cortaron, pues, las anclas y las dejaron en el mar; aflojaron también las amarras del timón, izaron al viento la vela de proa y enfilaron hacia la playa.
41Pero, dando en un lugar de dos aguas, hicieron encallar la nave. La proa, hincada, quedó inmóvil, y la popa se abría con la violencia del mar.
42Entonces los soldados acordaron matar a los presos, para que ninguno se fugara nadando.
43Pero el centurión, queriendo salvar a Pablo, les impidió este intento, y mandó que los que supieran nadar se arrojaran al agua primero y salieran a tierra;
44y los demás, parte en tablas, parte en cosas de la nave. Y así aconteció que todos se salvaron saliendo a tierra.

3) Vea y escucha: La condición humana de la que no puedes escapar (no importa dónde vivas)
4). Lee y escucha: | Jeremías 31

Jeremías 31

1En aquel tiempo, dice Jehová, yo seré el Dios de todas las familias de Israel y ellas serán mi pueblo.
2Así ha dicho Jehová:
El pueblo que escapó de la espada
halló gracia en el desierto,
cuando Israel iba en busca de reposo.
3Jehová se me manifestó hace ya mucho tiempo, diciendo:
Con amor eterno te he amado;
por eso, te prolongué mi misericordia.
4Volveré a edificarte: serás reedificada,
virgen de Israel.
De nuevo serás adornada con tus panderos
y saldrás en alegres danzas.
5Volverás a plantar viñas
en los montes de Samaria;
plantarán los que plantan y disfrutarán de ellas,
6porque habrá día en que clamarán los guardas
en los montes de Efraín:
¡Levantaos y subamos a Sión,
a Jehová, nuestro Dios!
7Así ha dicho Jehová:
Regocijaos en Jacob con alegría;
dad voces de júbilo a la cabeza de naciones.
¡Haced oír, alabad y decid:
Salva, Jehová, a tu pueblo,
el resto de Israel!
8Yo los hago volver de la tierra del norte,
los reuniré de los extremos de la tierra;
entre ellos, juntamente, a ciegos y a cojos,
a la mujer que está encinta y a la que dio a luz.
En gran compañía volverán acá.
9Irán con llanto,
mas con misericordia los haré volver
y los haré andar junto a arroyos de aguas,
por camino derecho en el cual no tropezarán,
porque yo soy el padre de Israel,
y Efraín es mi primogénito.
10¡Oíd palabra de Jehová, naciones,
y hacedlo saber en las costas que están lejos!
Decid: El que dispersó a Israel,
lo reunirá y guardará,
como el pastor a su rebaño,
11porque Jehová redimió a Jacob,
lo redimió de mano del más fuerte que él.
12Vendrán con gritos de gozo a lo alto de Sión
y correrán a los bienes de Jehová:
al pan, al vino, al aceite
y al ganado de ovejas y de vacas.
Su vida será como un huerto de riego
y nunca más tendrán dolor alguno.
13Entonces la virgen danzará alegremente,
junto con los jóvenes y los viejos;
cambiaré su llanto en gozo,
los consolaré
y los alegraré de su dolor.
14El alma del sacerdote satisfaré con abundancia,
y mi pueblo será saciado de mis bienes,
dice Jehová.
15Así ha dicho Jehová:
Voz fue oída en Ramá,
llanto y lloro amargo:
es Raquel que llora por sus hijos,
y no quiso ser consolada acerca de sus hijos,
porque perecieron.
16Así ha dicho Jehová:
Reprime del llanto tu voz
y de las lágrimas tus ojos,
porque salario hay para tu trabajo,
dice Jehová.
Volverán de la tierra del enemigo.
17Esperanza hay también para tu porvenir,
dice Jehová,
y los hijos volverán a su propia tierra.
18Escuchando, he oído a Efraín que se lamentaba:
Me azotaste, y fui castigado como novillo indómito;
conviérteme, y seré convertido,
porque tú eres Jehová, mi Dios.
19Después que me aparté,
me arrepentí,
y después que reconocí mi falta,
me golpeé el muslo;
me avergoncé y me confundí,
porque llevé la afrenta de mi juventud.
20¿No es Efraín un hijo precioso para mí?
¿No es un niño en quien me deleito?
Desde que hablé de él,
lo he recordado constantemente.
Por eso mis entrañas se conmovieron por él,
y ciertamente tendré de él misericordia,
dice Jehová.
21Levanta para ti indicadores,
ponte señales altas,
fíjate con atención en la calzada.
¡Vuélvete por el camino por donde fuiste, virgen de Israel,
vuelve a estas tus ciudades!
22¿Hasta cuándo andarás errante, hija rebelde?,
porque Jehová ha creado una cosa nueva sobre la tierra:
¡la mujer cortejará al varón!
23Así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: Aún dirán esta palabra en la tierra de Judá y en sus ciudades, cuando yo haga volver a sus cautivos: ¡Jehová te bendiga, morada de justicia, monte santo!
24Y habitará allí Judá; y en todas sus ciudades, los labradores y los que van con los rebaños.
25Porque satisfaré al alma cansada y saciaré a toda alma entristecida.
26En esto, me desperté y miré, y mi sueño me fue agradable.

El nuevo pacto

27Vienen días, dice Jehová, en que sembraré la casa de Israel y la casa de Judá de simiente de hombre y de simiente de animal.
28Y así como tuve cuidado de ellos para arrancar y derribar, para trastornar, perder y afligir, tendré cuidado de ellos para edificar y plantar, dice Jehová.
29En aquellos días no dirán más: Los padres comieron las uvas agrias y a los hijos les da dentera,
30sino que cada cual morirá por su propia maldad; a todo aquel que coma uvas agrias le dará dentera.
31Vienen días, dice Jehová, en los cuales haré un nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá.
32No como el pacto que hice con sus padres el día en que tomé su mano para sacarlos de la tierra de Egipto; porque ellos invalidaron mi pacto, aunque fui yo un marido para ellos, dice Jehová.
33Pero éste es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Jehová: Pondré mi ley en su mente y la escribiré en su corazón; yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo.
34Y no enseñará más ninguno a su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce a Jehová, porque todos me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande, dice Jehová. Porque perdonaré la maldad de ellos y no me acordaré más de su pecado.
35Así ha dicho Jehová, que da el sol para luz del día,
las leyes de la luna y de las estrellas para luz de la noche,
que agita el mar y braman sus olas;
Jehová de los ejércitos es su nombre:
36Si llegaran a faltar estas leyes delante de mí,
dice Jehová,
también faltaría la descendencia de Israel,
y dejaría de ser para siempre una nación delante de mí.
37Así ha dicho Jehová:
Si se pudieran medir los cielos arriba
y explorar abajo los fundamentos de la tierra,
también yo desecharía a toda la descendencia de Israel
por todo lo que hicieron, dice Jehová.
38Vienen días, dice Jehová, en que la ciudad será edificada a Jehová, desde la torre de Hananeel hasta la puerta del Ángulo.
39El cordel de medir saldrá en línea recta hasta el collado de Gareb, y luego girará hacia Goa.
40Todo el valle de los cadáveres y de la ceniza, y todos los campos hasta el arroyo Cedrón, hasta la esquina de la puerta de los Caballos al oriente, serán santos a Jehová. Nunca volverán a ser arrasados ni jamás serán destruidos.

Esperanza en Tiempos de Dificultad: Reflexiones sobre Jeremías 31:27

“He aquí, vienen días, dice Jehová, en que sembraré la casa de Israel y la casa de Judá con simiente de hombres y simiente de bestias.” Jeremías 31:27

La Promesa de Restauración

El versículo de Jeremías 31:27 nos lleva a reflexionar sobre la esperanza en momentos de dificultad. Esta promesa Divina nos recuerda que, a pesar de las circunstancias adversas, siempre hay un futuro lleno de posibilidades. A menudo, en nuestras vidas enfrentamos momentos de desolación, pero este pasaje nos invita a mirar más allá del sufrimiento, a ver el propósito que existe en cada etapa de nuestra existencia.

La Siembra Espiritual

Asimismo, el mensaje de Jeremías nos desafía a considerar qué estamos sembrando en nuestras vidas espirituales. Preguntémonos: ¿estamos cultivando fe, amor y esperanza? Lo que decidamos sembrar no solo afecta nuestros corazones, sino que también impacta a quienes nos rodean. La obra de Dios abarca a todos como parte de Su creación, y cada acción que llevamos a cabo puede ser un testimonio de Su restauración.

Un Nuevo Amanecer

La promesa de renovación y restauración nos anima a acercarnos a Dios con un corazón abierto, permitiendo que Él trabaje en nosotros y a través de nosotros. Aunque a veces la noche parezca oscura y larga, siempre habrá un nuevo amanecer. Por lo tanto, si enfrentamos momentos difíciles, recordemos que Dios nos invita a formar parte activa de Su obra, confiando en que, a pesar de los retos, un futuro prometedor nos espera.

Amigo/as, ¡Feliz y bendecida lectura de la Palabra y, además, feliz noche!