PLAN A
Reflexión # 220. Lunes 07 - Septiembre 2026
Pasos para realizar hoy:
1). Lee y escucha: | Jueces 11
Lee y escucha: Jueces 11 Texto)
Jueces 11
1Jefté, el galaadita, era esforzado y valeroso. Era hijo de una ramera y de un hombre llamado Galaad.
2Pero también la mujer de Galaad le dio hijos, los cuales, cuando crecieron, echaron fuera a Jefté, diciéndole: No heredarás en la casa de nuestro padre, porque eres hijo de otra mujer.
3Huyó, pues, Jefté de sus hermanos, y se fue a vivir en tierra de Tob, donde reunió una banda de hombres ociosos que salían con él.
4Aconteció andando el tiempo, que los hijos de Amón hicieron guerra contra Israel.
5Cuando ello sucedió, los ancianos de Galaad fueron a traer a Jefté de la tierra de Tob,
6y le dijeron:
—Ven, para que seas nuestro jefe en la guerra contra los hijos de Amón.
7Jefté respondió a los ancianos de Galaad:
—¿No me aborrecisteis vosotros y me echasteis de la casa de mi padre? ¿Por qué, pues, venís ahora a mí cuando estáis en aflicción?
8Los ancianos de Galaad respondieron a Jefté:
—Por esta misma causa volvemos ahora a ti, para que vengas con nosotros a pelear contra los hijos de Amón y a ser el caudillo de todos los que vivimos en Galaad.
9Jefté dijo entonces a los ancianos de Galaad:
—Si me hacéis volver para que pelee contra los hijos de Amón, y Jehová los entrega delante de mí, ¿seré yo vuestro caudillo?
10Los ancianos de Galaad respondieron a Jefté:
—Jehová sea testigo entre nosotros si no hacemos como tú dices.
11Fue, pues, Jefté con los ancianos de Galaad y el pueblo lo eligió como su caudillo y jefe. En Mizpa, Jefté repitió todas sus palabras delante de Jehová,
12y envió mensajeros al rey de los amonitas, diciendo:
—¿Qué tienes tú conmigo, para venir a hacer guerra contra mi tierra?
13El rey de los amonitas respondió a los mensajeros de Jefté:
—Por cuanto Israel, cuando subió de Egipto, tomó mi tierra, desde el Arnón hasta el Jaboc y el Jordán, devuélvela tú ahora en paz.
14Jefté envió otros mensajeros al rey de los amonitas,
15con el siguiente mensaje:
—Jefté ha dicho esto: Israel no tomó tierra de Moab ni tierra de los hijos de Amón.
16Porque cuando Israel subió de Egipto y anduvo por el desierto hasta el Mar Rojo, llegó a Cades.
17Entonces Israel envió mensajeros al rey de Edom, diciendo: Yo te ruego que me dejes pasar por tu tierra, pero el rey de Edom no los escuchó. También envió mensajeros al rey de Moab, el cual tampoco quiso. Israel, por tanto, se quedó en Cades.
18Después, yendo por el desierto, rodeó la tierra de Edom y la tierra de Moab y, viniendo por el lado oriental de la tierra de Moab, acampó al otro lado de Arnón, pero no entró en territorio de Moab, porque Arnón es territorio de Moab.
19Asimismo envió Israel mensajeros a Sehón, rey de los amorreos, rey de Hesbón, diciéndole: Te ruego que me dejes pasar por tu tierra hasta mi lugar.
20Pero Sehón no se fió de Israel para darle paso por su territorio, sino que reuniendo toda su gente acampó en Jahaza y peleó contra Israel.
21Pero Jehová, Dios de Israel, entregó a Sehón y a todo su pueblo en manos de Israel, y los derrotó. De esta manera se apoderó Israel de toda la tierra de los amorreos que habitaban en aquel país.
22También se apoderó de todo el territorio del amorreo desde el Arnón hasta el Jaboc, y desde el desierto hasta el Jordán.
23Así que, ¿pretendes tú apoderarte de lo que Jehová, Dios de Israel, le quitó al amorreo en favor de su pueblo Israel?
24Lo que te haga poseer Quemos, tu dios, ¿no lo poseerías tú? Así, todo lo que Jehová, nuestro Dios, nos ha dado, nosotros lo poseeremos.
25¿Eres tú ahora mejor en algo que Balac hijo de Zipor, rey de Moab? ¿Tuvo él alguna reclamación contra Israel o hizo guerra contra nosotros?
26Ya hace trescientos años que Israel habita en Hesbón y sus aldeas, en Aroer y sus aldeas, y en todas las ciudades que están en el territorio del Arnón, ¿por qué no las habéis recobrado en todo ese tiempo?
27Así que, yo en nada he pecado contra ti, pero tú haces mal peleando contra mí. Jehová, que es el juez, juzgue hoy entre los hijos de Israel y los hijos de Amón.
28Pero el rey de los hijos de Amón no atendió a estas razones que Jefté le había enviado.
29Entonces el espíritu de Jehová vino sobre Jefté, y este recorrió Galaad y Manasés. De allí pasó a Mizpa de Galaad, y de Mizpa de Galaad pasó a los hijos de Amón.
30Entonces Jefté hizo voto a Jehová, diciendo: Si entregas a los amonitas en mis manos,
31cualquiera que salga de las puertas de mi casa a recibirme cuando yo regrese victorioso de los amonitas, será de Jehová y lo ofreceré en holocausto.
32Jefté fue a pelear contra los hijos de Amón, y Jehová los entregó en sus manos.
33Desde Aroer y hasta llegar a Minit conquistó veinte ciudades, y hasta la Vega de las viñas los derrotó con gran estrago. Así fueron sometidos los amonitas por los hijos de Israel.
34Cuando volvió Jefté a Mizpa, a su casa, su hija salió a recibirlo con panderos y danzas. Ella era sola, su hija única; fuera de ella no tenía hijo ni hija.
35Cuando él la vio, rasgó sus vestidos, diciendo:
—¡Ay, hija mía!, en verdad que me has afligido, y tú misma has venido a ser causa de mi dolor, porque le he dado mi palabra a Jehová y no podré retractarme.
36Ella entonces le respondió:
—Padre mío, si le has dado tu palabra a Jehová, haz conmigo conforme a lo que prometiste, ya que Jehová te ha permitido vengarte de tus enemigos, los hijos de Amón.
37Y añadió:
—Concédeme esto: déjame que por dos meses vaya y descienda por los montes a llorar mi virginidad junto con mis compañeras.
38Jefté le respondió:
—Ve.
La dejó por dos meses. Fue con sus compañeras y lloró su virginidad por los montes.
39Pasados los dos meses volvió a su padre, quien cumplió el voto que había hecho. La hija de Jefté nunca conoció varón.
40Por eso es costumbre en Israel que todos los años vayan las doncellas de Israel a llorar a la hija de Jefté, el galaadita, durante cuatro días.
2). Lee y escucha: | Hechos 26
Lee y escucha: | Hechos 26 Texto)
Hechos 26
Defensa de Pablo ante Agripa
1Entonces Agripa dijo a Pablo:
—Se te permite hablar por ti mismo. Pablo entonces, extendiendo la mano, comenzó así su defensa:
2—Me tengo por dichoso, rey Agripa, de que pueda defenderme hoy delante de ti de todas las cosas de que soy acusado por los judíos.
3Mayormente porque tú conoces todas las costumbres y cuestiones que hay entre los judíos; por lo cual te ruego que me oigas con paciencia.
Vida anterior de Pablo
4Mi vida, pues, desde mi juventud, la cual desde el principio pasé en mi nación, en Jerusalén, la conocen todos los judíos;
5los cuales también saben que yo desde el principio, si quieren testificarlo, conforme a la más rigurosa secta de nuestra religión viví como fariseo.
6Ahora, por la esperanza de la promesa que hizo Dios a nuestros padres, soy llamado a juicio;
7promesa cuyo cumplimiento esperan que han de alcanzar nuestras doce tribus, sirviendo constantemente a Dios de día y de noche. Por esta esperanza, rey Agripa, soy acusado por los judíos.
8¡Qué! ¿Se juzga entre vosotros cosa increíble que Dios resucite a los muertos?
Pablo el perseguidor
9Yo ciertamente había creído mi deber hacer muchas cosas contra el nombre de Jesús de Nazaret;
10lo cual también hice en Jerusalén. Yo encerré en cárceles a muchos de los santos, habiendo recibido poderes de los principales sacerdotes; y cuando los mataron, yo di mi voto.
11Y muchas veces, castigándolos en todas las sinagogas, los forcé a blasfemar; y, enfurecido sobremanera contra ellos, los perseguí hasta en las ciudades extranjeras.
Pablo relata su conversión
12Ocupado en esto, iba yo a Damasco con poderes especiales y en comisión de los principales sacerdotes,
13cuando a mediodía, rey, yendo por el camino, vi una luz del cielo que sobrepasaba el resplandor del sol, la cual me rodeó a mí y a los que iban conmigo.
14Y habiendo caído todos nosotros en tierra, oí una voz que me hablaba y decía en lengua hebrea: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Dura cosa te es dar coces contra el aguijón.
15Yo entonces dije: ¿Quién eres, Señor? Y el Señor dijo: Yo soy Jesús, a quien tú persigues.
16Pero levántate y ponte sobre tus pies, porque para esto he aparecido a ti, para ponerte por ministro y testigo de las cosas que has visto y de aquellas en que me apareceré a ti,
17librándote de tu pueblo y de los gentiles, a quienes ahora te envío
18para que abras sus ojos, para que se conviertan de las tinieblas a la luz y de la potestad de Satanás a Dios; para que reciban, por la fe que es en mí, perdón de pecados y herencia entre los santificados.
Pablo obedece a la visión
19Por lo cual, rey Agripa, no fui rebelde a la visión celestial,
20sino que anuncié primeramente a los que están en Damasco y Jerusalén, y por toda la tierra de Judea, y a los gentiles, que se arrepintieran y se convirtieran a Dios, haciendo obras dignas de arrepentimiento.
21Por causa de esto los judíos, prendiéndome en el templo, intentaron matarme.
22Pero habiendo obtenido auxilio de Dios, persevero hasta el día de hoy dando testimonio a pequeños y a grandes, no diciendo nada fuera de las cosas que los profetas y Moisés dijeron que habían de suceder:
23Que el Cristo había de padecer, y ser el primero de la resurrección de los muertos, para anunciar luz al pueblo y a los gentiles.
Pablo insta a Agripa a que crea
24Diciendo él estas cosas en su defensa, Festo a gran voz dijo:
—¡Estás loco, Pablo! ¡Las muchas letras te vuelven loco!
25Pero él dijo:
—No estoy loco, excelentísimo Festo, sino que hablo palabras de verdad y de cordura.
26El rey, delante de quien también hablo con toda confianza, sabe estas cosas, pues no pienso que ignora nada de esto, porque no se ha hecho esto en algún rincón.
27¿Crees, rey Agripa, a los profetas? Yo sé que crees.
28Entonces Agripa dijo a Pablo:
—Por poco me persuades a hacerme cristiano.
29Y Pablo dijo:
—¡Quisiera Dios que por poco o por mucho, no solamente tú, sino también todos los que hoy me oyen, fuerais hechos tales cual yo soy, excepto estas cadenas!
30Cuando dijo estas cosas, se levantaron el rey, el gobernador, Berenice y los que se habían sentado con ellos;
31y cuando se retiraron aparte, hablaban entre sí, diciendo:
—Ninguna cosa digna de muerte ni de prisión ha hecho este hombre.
32Y Agripa dijo a Festo:
—Este hombre podría ser puesto en libertad, si no hubiera apelado a César.
3) Vea y escucha: La condición humana de la que no puedes escapar (no importa dónde vivas)
4). Lee y escucha: | Jeremías 30
Lee y escucha: | Jeremías 30 (Texto)
Jeremías 30
Dios promete que los cautivos volverán
1Palabra de Jehová que vino a Jeremías, diciendo:
2Así habló Jehová, Dios de Israel: Escribe en un libro todas las palabras que te he hablado.
3Porque vienen días, dice Jehová, en que haré volver a los cautivos de mi pueblo de Israel y de Judá, ha dicho Jehová, y los traeré a la tierra que di a sus padres, y la disfrutarán.
4Éstas, pues, son las palabras que habló Jehová acerca de Israel y de Judá.
5Así ha dicho Jehová:
¡Hemos oído gritos de terror y espanto!
¡No hay paz!
6¡Inquirid ahora, considerad si un varón da a luz!,
porque he visto que todos los hombres
tenían las manos sobre sus caderas
como la mujer que está de parto,
y que se han puesto pálidos todos los rostros.
7¡Ah, cuán grande es aquel día!
Tanto, que no hay otro semejante a él.
Es un tiempo de angustia para Jacob,
pero de ella será librado.
8Aquel día, dice Jehová de los ejércitos,
yo quebraré el yugo de su cuello y romperé sus coyundas,
y extranjeros no volverán a ponerlo en servidumbre,
9sino que servirán a Jehová, su Dios, y a David, su rey, a quien yo les levantaré.
10Tú, pues, siervo mío Jacob, no temas,
dice Jehová;
no te atemorices, Israel,
porque he aquí que yo soy el que te salvo de lejos,
a ti y a tu descendencia,
de la tierra de tu cautiverio.
Jacob volverá, descansará y vivirá tranquilo,
y no habrá quien lo espante.
11Porque yo estoy contigo para salvarte,
dice Jehová,
y destruiré a todas las naciones entre las cuales te esparcí.
Pero a ti no te destruiré,
aunque te castigaré con justicia:
de ninguna manera te dejaré sin castigo.
12Así ha dicho Jehová:
Incurable es tu quebrantamiento
y dolorosa tu llaga.
13No hay quien juzgue tu causa para sanarte;
no hay para ti medicina eficaz.
14Todos tus enamorados te olvidaron;
no te buscan,
porque te herí como hiere un enemigo,
con azote de adversario cruel,
a causa de la magnitud de tu maldad
y de tus muchos pecados.
15¿Por qué gritas a causa de tu quebrantamiento?
Incurable es tu dolor,
porque por la grandeza de tu iniquidad
y por tus muchos pecados te he hecho esto.
16Pero serán devorados todos los que te devoran,
y todos tus adversarios, todos ellos,
irán al cautiverio;
pisoteados serán los que te pisotearon,
y a todos los que te despojaron,
yo los entregaré al despojo.
17Mas yo haré venir sanidad para ti,
y sanaré tus heridas,
dice Jehová,
porque Desechada te llamaron, diciendo:
Ésta es Sión, de la que nadie se acuerda.
18Así ha dicho Jehová:
He aquí yo hago volver a los cautivos de las tiendas de Jacob,
y de sus tiendas tendré misericordia;
la ciudad será edificada sobre su colina,
y el palacio será asentado en su lugar.
19Saldrá de ellos acción de gracias
y voz de nación que está en regocijo.
Los multiplicaré y no serán disminuidos;
los multiplicaré y no serán menoscabados.
20Serán sus hijos como antes,
y su congregación delante de mí será confirmada.
Yo castigaré a todos sus opresores.
21De ella saldrá su soberano,
y de en medio de ella saldrá su gobernante.
Lo haré acercarse
y él se acercará a mí,
porque ¿quién es aquel que se atreve a acercarse a mí?,
dice Jehová.
22Entonces vosotros seréis mi pueblo
y yo seré vuestro Dios.
23La tempestad de Jehová
sale con furor;
la tempestad que se prepara
se cierne sobre la cabeza de los impíos.
24No se calmará el ardor de la ira de Jehová
hasta que haya hecho y cumplido
los pensamientos de su corazón.
¡Al final de los días entenderéis esto!
Reflexiones sobre la Restauración de Israel en Jeremías 30-31
Reflexión | Jeremías 30: 17 (Texto)
“Porque yo haré venir sanidad para ti, y sanaré tus heridas, dice Jehová; porque desechada te llamaron, diciendo: Esta es Sion, de la que nadie se acuerda.” Jeremías 30:17
La Promesa de Restauración
En los capítulos 30 y 31 de Jeremías, se aborda la restauración de Israel y Judá, interrumpiendo la biografía del profeta con afirmaciones esenciales sobre la reconstitución del pueblo elegido. El texto, al mencionar «Jacob» y «Israel«, revela una perspectiva que trasciende los límites geográficos de los reinos, señalando la esperanza de un regreso incluso para aquellos que parecen haber sido olvidados.
El Lamento de Raquel
Una de las imágenes más impactantes se presenta en Jeremías 31:15, donde Raquel llora por sus hijos, simbolizando el dolor del exilio y la pérdida. Este lamento abundó en el contexto histórico del pueblo y se relaciona tipológicamente con Mateo 2:17-18, que recuerda el sufrimiento de las madres ante la matanza de inocentes. La memoria de la pérdida se entrelaza con las promesas de redención y restauración.
El Nuevo Pacto
La visión profética de un nuevo pacto (Jeremías 31:29-34) anticipa un cambio radical en la relación entre Dios y su pueblo. A diferencia del antiguo pacto, donde la corrupción de los líderes arrastraba a la nación, este nuevo arreglo es inclusivo: todos conocerán a Dios, y su ley será interiorizada. Esta promesa de una relación directa con el SEÑOR nos invita a reflexionar sobre nuestra propia experiencia espiritual y el nivel de conocimiento que tenemos de Él.
Así, Jeremías 30 y 31 nos ofrecen una visión esperanzadora, subrayando que, a pesar del sufrimiento y el exilio, la promesa de Dios siempre incluye la posibilidad de restauración y renovación espiritual para su pueblo.
Amigo/as, ¡Feliz y bendecida lectura de la Palabra y, además, feliz noche!
