PLAN A

Reflexión # 114. Domingo 24 - Mayo 2026

Pasos para realizar hoy:

1). Lee y escucha: | Levítico 24

Levítico 24

Aceite para las lámparas

1Habló Jehová a Moisés, diciendo:
2Manda a los hijos de Israel que te traigan para el alumbrado aceite puro de olivas machacadas, para hacer arder las lámparas continuamente.
3Fuera del velo del testimonio, en el tabernáculo de reunión, las dispondrá Aarón desde la tarde hasta la mañana delante de Jehová; es estatuto perpetuo por vuestras generaciones.
4Sobre el candelero limpio pondrá siempre en orden las lámparas delante de Jehová.

El pan de la proposición

5Y tomarás flor de harina, y cocerás de ella doce tortas; cada torta será de dos décimas de efa.
6Y las pondrás en dos hileras, seis en cada hilera, sobre la mesa limpia delante de Jehová.
7Pondrás también sobre cada hilera incienso puro, y será para el pan como perfume, ofrenda encendida a Jehová.
8Cada día de reposo lo pondrá continuamente en orden delante de Jehová, en nombre de los hijos de Israel, como pacto perpetuo.
9Y será de Aarón y de sus hijos, los cuales lo comerán en lugar santo; porque es cosa muy santa para él, de las ofrendas encendidas a Jehová, por derecho perpetuo.

Castigo para el blasfemo

10En aquel tiempo el hijo de una mujer israelita, el cual era hijo de un egipcio, salió entre los hijos de Israel; y el hijo de la israelita y un hombre de Israel riñeron en el campamento.
11Y el hijo de la mujer israelita blasfemó el Nombre, y maldijo; entonces lo llevaron a Moisés. Y su madre se llamaba Selomit, hija de Dibri, de la tribu de Dan.
12Y lo pusieron en la cárcel, hasta que les fuese declarado por palabra de Jehová.
13Y Jehová habló a Moisés, diciendo:
14Saca al blasfemo fuera del campamento, y todos los que le oyeron pongan sus manos sobre la cabeza de él, y apedréelo toda la congregación.
15Y a los hijos de Israel hablarás, diciendo: Cualquiera que maldijere a su Dios, llevará su iniquidad.
16Y el que blasfemare el nombre de Jehová, ha de ser muerto; toda la congregación lo apedreará; así el extranjero como el natural, si blasfemare el Nombre, que muera.
17Asimismo el hombre que hiere de muerte a cualquiera persona, que sufra la muerte.
18El que hiere a algún animal ha de restituirlo, animal por animal.
19Y el que causare lesión en su prójimo, según hizo, así le sea hecho:
20rotura por rotura, ojo por ojo, diente por diente; según la lesión que haya hecho a otro, tal se hará a él.
21El que hiere algún animal ha de restituirlo; mas el que hiere de muerte a un hombre, que muera.
22Un mismo estatuto tendréis para el extranjero, como para el natural; porque yo soy Jehová vuestro Dios.
23Y habló Moisés a los hijos de Israel, y ellos sacaron del campamento al blasfemo y lo apedrearon. Y los hijos de Israel hicieron según Jehová había mandado a Moisés.

2) Ver el siguiente video explicativo: Moisés y Aarón
3). Lee y escucha: | Salmos 35
Salmos 35 (Texto)

Salmos 35

Plegaria pidiendo ser librado de los enemigos

1Disputa, oh Jehová, con los que contra mí contienden;
Pelea contra los que me combaten.
2Echa mano al escudo y al pavés,
Y levántate en mi ayuda.
3Saca la lanza, cierra contra mis perseguidores;
Di a mi alma: Yo soy tu salvación.
4Sean avergonzados y confundidos los que buscan mi vida;
Sean vueltos atrás y avergonzados los que mi mal intentan.
5Sean como el tamo delante del viento,
Y el ángel de Jehová los acose.
6Sea su camino tenebroso y resbaladizo,
Y el ángel de Jehová los persiga.
7Porque sin causa escondieron para mí su red en un hoyo;
Sin causa cavaron hoyo para mi alma.
8Véngale el quebrantamiento sin que lo sepa,
Y la red que él escondió lo prenda;
Con quebrantamiento caiga en ella.
9Entonces mi alma se alegrará en Jehová;
Se regocijará en su salvación.
10Todos mis huesos dirán: Jehová, ¿quién como tú,
Que libras al afligido del más fuerte que él,
Y al pobre y menesteroso del que le despoja?
11Se levantan testigos malvados;
De lo que no sé me preguntan;
12Me devuelven mal por bien,
Para afligir a mi alma.
13Pero yo, cuando ellos enfermaron, me vestí de cilicio;
Afligí con ayuno mi alma,
Y mi oración se volvía a mi seno.
14Como por mi compañero, como por mi hermano andaba;
Como el que trae luto por madre, enlutado me humillaba.
15Pero ellos se alegraron en mi adversidad, y se juntaron;
Se juntaron contra mí gentes despreciables, y yo no lo entendía;
Me despedazaban sin descanso;
16Como lisonjeros, escarnecedores y truhanes,
Crujieron contra mí sus dientes.
17Señor, ¿hasta cuándo verás esto?
Rescata mi alma de sus destrucciones, mi vida de los leones.
18Te confesaré en grande congregación;
Te alabaré entre numeroso pueblo.
19No se alegren de mí los que sin causa son mis enemigos,
Ni los que me aborrecen sin causa guiñen el ojo.
20Porque no hablan paz;
Y contra los mansos de la tierra piensan palabras engañosas.
21Ensancharon contra mí su boca;
Dijeron: ¡Ea, ea, nuestros ojos lo han visto!
22Tú lo has visto, oh Jehová; no calles;
Señor, no te alejes de mí.
23Muévete y despierta para hacerme justicia,
Dios mío y Señor mío, para defender mi causa.
24Júzgame conforme a tu justicia, Jehová Dios mío,
Y no se alegren de mí.
25No digan en su corazón: ¡Ea, alma nuestra!
No digan: ¡Le hemos devorado!
26Sean avergonzados y confundidos a una los que de mi mal se alegran;
Vístanse de vergüenza y de confusión los que se engrandecen contra mí.
27Canten y alégrense los que están a favor de mi justa causa,
Y digan siempre: Sea exaltado Jehová,
Que ama la paz de su siervo.
28Y mi lengua hablará de tu justicia
Y de tu alabanza todo el día.

4). Lee y escucha: | Eclesiastés 8
Eclesiastés 8 (Texto)

Eclesiastés 8

1¿Quién como el sabio? ¿y quién como el que sabe la declaración de las cosas? La sabiduría del hombre ilumina su rostro, y la tosquedad de su semblante se mudará.
2Te aconsejo que guardes el mandamiento del rey y la palabra del juramento de Dios.
3No te apresures a irte de su presencia, ni en cosa mala persistas; porque él hará todo lo que quiere.
4Pues la palabra del rey es con potestad, ¿y quién le dirá: ¿Qué haces?
5El que guarda el mandamiento no experimentará mal; y el corazón del sabio discierne el tiempo y el juicio.
6Porque para todo lo que quisieres hay tiempo y juicio; porque el mal del hombre es grande sobre él;
7pues no sabe lo que ha de ser; y el cuándo haya de ser, ¿quién se lo enseñará?
8No hay hombre que tenga potestad sobre el espíritu para retener el espíritu, ni potestad sobre el día de la muerte; y no valen armas en tal guerra, ni la impiedad librará al que la posee.
9Todo esto he visto, y he puesto mi corazón en todo lo que debajo del sol se hace; hay tiempo en que el hombre se enseñorea del hombre para mal suyo.

Desigualdades de la vida

10Asimismo he visto a los inicuos sepultados con honra; mas los que frecuentaban el lugar santo fueron luego puestos en olvido en la ciudad donde habían actuado con rectitud. Esto también es vanidad.
11Por cuanto no se ejecuta luego sentencia sobre la mala obra, el corazón de los hijos de los hombres está en ellos dispuesto para hacer el mal.
12Aunque el pecador haga mal cien veces, y prolongue sus días, con todo yo también sé que les irá bien a los que a Dios temen, los que temen ante su presencia;
13y que no le irá bien al impío, ni le serán prolongados los días, que son como sombra; por cuanto no teme delante de la presencia de Dios.
14Hay vanidad que se hace sobre la tierra: que hay justos a quienes sucede como si hicieran obras de impíos, y hay impíos a quienes acontece como si hicieran obras de justos. Digo que esto también es vanidad.
15Por tanto, alabé yo la alegría; que no tiene el hombre bien debajo del sol, sino que coma y beba y se alegre; y que esto le quede de su trabajo los días de su vida que Dios le concede debajo del sol.
16Yo, pues, dediqué mi corazón a conocer sabiduría, y a ver la faena que se hace sobre la tierra (porque hay quien ni de noche ni de día ve sueño en sus ojos);
17y he visto todas las obras de Dios, que el hombre no puede alcanzar la obra que debajo del sol se hace; por mucho que trabaje el hombre buscándola, no la hallará; aunque diga el sabio que la conoce, no por eso podrá alcanzarla.

Reflexiones sobre Eclesiastés 8:12: La Justicia y la Fe en Tiempos de Injusticia

“Aunque el pecador haga mal cien veces y le sea prolongada la vida, yo también sé que les irá bien a los que temen a Dios, a los que temen su nombre.” Eclesiastés 8:12

 La naturaleza de la justicia según Eclesiastés 8:12

Eclesiastés 8:12 nos recuerda una verdad profunda acerca de la justicia en nuestra existencia. A menudo, en nuestras vidas cotidianas, podemos observar que aquellos que actúan de manera deshonesta prosperan, mientras que los que se esfuerzan por vivir de acuerdo con principios éticos parecen enfrentar dificultades. Este contraste puede hacer que cuestionemos la efectividad de la justicia Divina.

La fe y el temor a Dios como anclas

El versículo nos invita a mantener nuestra fe y reverencia hacia Dios, entendiendo que estos valores son más importantes que las circunstancias visibles. Aunque la justicia puede parecer ausente, confiar en que hay un orden Divino puede proporcionarnos un fundamento sólido. La vida puede estar llena de incertidumbres, pero el temor a Dios nos da esperanza en medio de la frustración.

Paciencia y perseverancia en la vida de fe

Además, Eclesiastés 8:12 nos llama a la paciencia y la perseverancia en nuestra vida de fe. Nos recuerda que el verdadero bienestar está reservado para aquellos que buscan alinearse con los principios Divinos. Por lo tanto, a pesar de la injusticia que a menudo parece ser la norma en el mundo, es crucial no perder de vista nuestras convicciones morales. La justicia de Dios se manifestará al tiempo adecuado, y es nuestra fe la que nos guiará a través de las adversidades.

Amigo/as, ¡Feliz y bendecida lectura de la Palabra y, además, feliz noche!

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