PLAN A

Reflexión # 253. Sábado 10 - Octubre 2026

Pasos para realizar hoy:

1). Lee y escucha: | 1 Samuel 22

1 Samuel 22

1Yéndose luego David de allí, huyó a la cueva de Adulam; y cuando sus hermanos y toda la casa de su padre lo supieron, vinieron allí a él.
2Y se juntaron con él todos los afligidos, y todo el que estaba endeudado, y todos los que se hallaban en amargura de espíritu, y fue hecho jefe de ellos; y tuvo consigo como cuatrocientos hombres.
3Y se fue David de allí a Mizpa de Moab, y dijo al rey de Moab: Yo te ruego que mi padre y mi madre estén con vosotros, hasta que sepa lo que Dios hará de mí.
4Los trajo, pues, a la presencia del rey de Moab, y habitaron con él todo el tiempo que David estuvo en el lugar fuerte.
5Pero el profeta Gad dijo a David: No te estés en este lugar fuerte; anda y vete a tierra de Judá. Y David se fue, y vino al bosque de Haret.

Saúl mata a los sacerdotes de Nob

6Oyó Saúl que se sabía de David y de los que estaban con él. Y Saúl estaba sentado en Gabaa, debajo de un tamarisco sobre un alto; y tenía su lanza en su mano, y todos sus siervos estaban alrededor de él.
7Y dijo Saúl a sus siervos que estaban alrededor de él: Oíd ahora, hijos de Benjamín: ¿Os dará también a todos vosotros el hijo de Isaí tierras y viñas, y os hará a todos vosotros jefes de millares y jefes de centenas,
8para que todos vosotros hayáis conspirado contra mí, y no haya quien me descubra al oído cómo mi hijo ha hecho alianza con el hijo de Isaí, ni alguno de vosotros que se duela de mí y me descubra cómo mi hijo ha levantado a mi siervo contra mí para que me aceche, tal como lo hace hoy?
9Entonces Doeg edomita, que era el principal de los siervos de Saúl, respondió y dijo: Yo vi al hijo de Isaí que vino a Nob, a Ahimelec hijo de Ahitob,
10el cual consultó por él a Jehová y le dio provisiones, y también le dio la espada de Goliat el filisteo.
11Y el rey envió por el sacerdote Ahimelec hijo de Ahitob, y por toda la casa de su padre, los sacerdotes que estaban en Nob; y todos vinieron al rey.
12Y Saúl le dijo: Oye ahora, hijo de Ahitob. Y él dijo: Heme aquí, señor mío.
13Y le dijo Saúl: ¿Por qué habéis conspirado contra mí, tú y el hijo de Isaí, cuando le diste pan y espada, y consultaste por él a Dios, para que se levantase contra mí y me acechase, como lo hace hoy día?
14Entonces Ahimelec respondió al rey, y dijo: ¿Y quién entre todos tus siervos es tan fiel como David, yerno también del rey, que sirve a tus órdenes y es ilustre en tu casa?
15¿He comenzado yo desde hoy a consultar por él a Dios? Lejos sea de mí; no culpe el rey de cosa alguna a su siervo, ni a toda la casa de mi padre; porque tu siervo ninguna cosa sabe de este asunto, grande ni pequeña.
16Y el rey dijo: Sin duda morirás, Ahimelec, tú y toda la casa de tu padre.
17Entonces dijo el rey a la gente de su guardia que estaba alrededor de él: Volveos y matad a los sacerdotes de Jehová; porque también la mano de ellos está con David, pues sabiendo ellos que huía, no me lo descubrieron. Pero los siervos del rey no quisieron extender sus manos para matar a los sacerdotes de Jehová.
18Entonces dijo el rey a Doeg: Vuelve tú, y arremete contra los sacerdotes. Y se volvió Doeg el edomita y acometió a los sacerdotes, y mató en aquel día a ochenta y cinco varones que vestían efod de lino.
19Y a Nob, ciudad de los sacerdotes, hirió a filo de espada; así a hombres como a mujeres, niños hasta los de pecho, bueyes, asnos y ovejas, todo lo hirió a filo de espada.
20Pero uno de los hijos de Ahimelec hijo de Ahitob, que se llamaba Abiatar, escapó, y huyó tras David.
21Y Abiatar dio aviso a David de cómo Saúl había dado muerte a los sacerdotes de Jehová.
22Y dijo David a Abiatar: Yo sabía que estando allí aquel día Doeg el edomita, él lo había de hacer saber a Saúl. Yo he ocasionado la muerte a todas las personas de la casa de tu padre.
23Quédate conmigo, no temas; quien buscare mi vida, buscará también la tuya; pues conmigo estarás a salvo.

2). Lee y escucha: | 1 Corintios 15

1 Corintios 15

1Además os declaro, hermanos, el evangelio que os he predicado, el cual también recibisteis, en el cual también perseveráis;
2por el cual asimismo, si retenéis la palabra que os he predicado, sois salvos, si no creísteis en vano.
3Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras;
4y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras;
5y que apareció a Cefas, y después a los doce.
6Después apareció a más de quinientos hermanos a la vez, de los cuales muchos viven aún, y otros ya duermen.
7Después apareció a Jacobo; después a todos los apóstoles;
8y al último de todos, como a un abortivo, me apareció a mí.
9Porque yo soy el más pequeño de los apóstoles, que no soy digno de ser llamado apóstol, porque perseguí a la iglesia de Dios.
10Pero por la gracia de Dios soy lo que soy; y su gracia no ha sido en vano para conmigo, antes he trabajado más que todos ellos; pero no yo, sino la gracia de Dios conmigo.
11Porque o sea yo o sean ellos, así predicamos, y así habéis creído.
12Pero si se predica de Cristo que resucitó de los muertos, ¿cómo dicen algunos entre vosotros que no hay resurrección de muertos?
13Porque si no hay resurrección de muertos, tampoco Cristo resucitó.
14Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe.
15Y somos hallados falsos testigos de Dios; porque hemos testificado de Dios que él resucitó a Cristo, al cual no resucitó, si en verdad los muertos no resucitan.
16Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó;
17y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana; aún estáis en vuestros pecados.
18Entonces también los que durmieron en Cristo perecieron.
19Si en esta vida solamente esperamos en Cristo, somos los más dignos de conmiseración de todos los hombres.
20Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos; primicias de los que durmieron es hecho.
21Porque por cuanto la muerte entró por un hombre, también por un hombre la resurrección de los muertos.
22Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados.
23Pero cada uno en su debido orden: Cristo, las primicias; luego los que son de Cristo, en su venida.
24Luego el fin, cuando entregue el reino al Dios y Padre, cuando haya suprimido todo dominio, toda autoridad y potencia.
25Porque preciso es que él reine hasta que haya puesto a todos sus enemigos debajo de sus pies.
26Y el postrer enemigo que será destruido es la muerte.
27Porque todas las cosas las sujetó debajo de sus pies. Y cuando dice que todas las cosas han sido sujetadas a él, claramente se exceptúa aquel que sujetó a él todas las cosas.
28Pero luego que todas las cosas le estén sujetas, entonces también el Hijo mismo se sujetará al que le sujetó a él todas las cosas, para que Dios sea todo en todos.
29De otro modo, ¿qué harán los que se bautizan por los muertos, si en ninguna manera los muertos resucitan? ¿Por qué, pues, se bautizan por los muertos?
30¿Y por qué nosotros peligramos a toda hora?
31Os aseguro, hermanos, por la gloria que de vosotros tengo en nuestro Señor Jesucristo, que cada día muero.
32Si como hombre batallé en Efeso contra fieras, ¿qué me aprovecha? Si los muertos no resucitan, comamos y bebamos, porque mañana moriremos.
33No erréis; las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres.
34Velad debidamente, y no pequéis; porque algunos no conocen a Dios; para vergüenza vuestra lo digo.
35Pero dirá alguno: ¿Cómo resucitarán los muertos? ¿Con qué cuerpo vendrán?
36Necio, lo que tú siembras no se vivifica, si no muere antes.
37Y lo que siembras no es el cuerpo que ha de salir, sino el grano desnudo, ya sea de trigo o de otro grano;
38pero Dios le da el cuerpo como él quiso, y a cada semilla su propio cuerpo.
39No toda carne es la misma carne, sino que una carne es la de los hombres, otra carne la de las bestias, otra la de los peces, y otra la de las aves.
40Y hay cuerpos celestiales, y cuerpos terrenales; pero una es la gloria de los celestiales, y otra la de los terrenales.
41Una es la gloria del sol, otra la gloria de la luna, y otra la gloria de las estrellas, pues una estrella es diferente de otra en gloria.
42Así también es la resurrección de los muertos. Se siembra en corrupción, resucitará en incorrupción.
43Se siembra en deshonra, resucitará en gloria; se siembra en debilidad, resucitará en poder.
44Se siembra cuerpo animal, resucitará cuerpo espiritual. Hay cuerpo animal, y hay cuerpo espiritual.
45Así también está escrito: Fue hecho el primer hombre Adán alma viviente; el postrer Adán, espíritu vivificante.
46Mas lo espiritual no es primero, sino lo animal; luego lo espiritual.
47El primer hombre es de la tierra, terrenal; el segundo hombre, que es el Señor, es del cielo.
48Cual el terrenal, tales también los terrenales; y cual el celestial, tales también los celestiales.
49Y así como hemos traído la imagen del terrenal, traeremos también la imagen del celestial.
50Pero esto digo, hermanos: que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios, ni la corrupción hereda la incorrupción.
51He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados,
52en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados.
53Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad.
54Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria.
55¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria?
56ya que el aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado, la ley.
57Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo.
58Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano.

3) Ver el siguiente video explicativo: Repaso del libro de 1 Corintios
4). Lee y escucha: | Ezequiel 9

Ezequiel 9

1Clamó en mis oídos con gran voz, diciendo: Los verdugos de la ciudad han llegado, y cada uno trae en su mano su instrumento para destruir.
2Y he aquí que seis varones venían del camino de la puerta de arriba que mira hacia el norte, y cada uno traía en su mano su instrumento para destruir. Y entre ellos había un varón vestido de lino, el cual traía a su cintura un tintero de escribano; y entrados, se pararon junto al altar de bronce.
3Y la gloria del Dios de Israel se elevó de encima del querubín, sobre el cual había estado, al umbral de la casa; y llamó Jehová al varón vestido de lino, que tenía a su cintura el tintero de escribano,
4y le dijo Jehová: Pasa por en medio de la ciudad, por en medio de Jerusalén, y ponles una señal en la frente a los hombres que gimen y que claman a causa de todas las abominaciones que se hacen en medio de ella.
5Y a los otros dijo, oyéndolo yo: Pasad por la ciudad en pos de él, y matad; no perdone vuestro ojo, ni tengáis misericordia.
6Matad a viejos, jóvenes y vírgenes, niños y mujeres, hasta que no quede ninguno; pero a todo aquel sobre el cual hubiere señal, no os acercaréis; y comenzaréis por mi santuario. Comenzaron, pues, desde los varones ancianos que estaban delante del templo.
7Y les dijo: Contaminad la casa, y llenad los atrios de muertos; salid. Y salieron, y mataron en la ciudad.
8Aconteció que cuando ellos iban matando y quedé yo solo, me postré sobre mi rostro, y clamé y dije: ¡Ah, Señor Jehová! ¿destruirás a todo el remanente de Israel derramando tu furor sobre Jerusalén?
9Y me dijo: La maldad de la casa de Israel y de Judá es grande sobremanera, pues la tierra está llena de sangre, y la ciudad está llena de perversidad; porque han dicho: Ha abandonado Jehová la tierra, y Jehová no ve.
10Así, pues, haré yo; mi ojo no perdonará, ni tendré misericordia; haré recaer el camino de ellos sobre sus propias cabezas.
11Y he aquí que el varón vestido de lino, que tenía el tintero a su cintura, respondió una palabra, diciendo: He hecho conforme a todo lo que me mandaste

La Visión de Ezequiel: Juicio y Esperanza en Jerusalén

«¡Ay, Señor y Dios! ¿Descargarás tu furor sobre Jerusalén y destruirás a todo el resto de Israel?».  Ezequiel 9: 6

La adoración corrupta en Jerusalén

El libro de Ezequiel, en su capítulo 8, describe vívidamente la corrupción de la adoración que se estaba desarrollando en Jerusalén antes de su destrucción en 587 a.C. Esta profecía resalta cómo el pueblo se apartó de las prácticas divinas, dando paso a rituales idólatras que no solo menospreciaban a Dios, sino que también llevaban a la ciudad hacia su inminente ruina.

La visión del juicio divino

En el capítulo 9, Ezequiel relata una poderosa visión donde Dios sostiene un juicio. Un séptimo hombre, que porta un estuche de escriba, es comisionado para señalar a aquellos que serán salvos de la destrucción. Este acto de marcar sus frentes subraya la importancia de la intercesión divina en medio del caos, donde la compasión de Dios se dirige no a la complacencia con el pecado, sino a la preservación de los que efectivamente se duelen por la maldad en su entorno.

La dualidad del juicio y la salvación

A lo largo de esta visión, se presenta una dualidad: el contundente juicio sobre aquellos que han desobedecido y la gracia sobre quienes muestran un corazón contrito. Queda claro que no son los indiferentes quienes reciben la salvación, sino aquellos que, aunque impotentes para cambiar la situación, claman y lamentan por la degradación espiritual de su ciudad. Este principio se extiende incluso en tiempos de severo sufrimiento, recordando que la justicia de Dios preserva a los fieles en medio de las pruebas.

 Amigo/as, ¡Feliz y bendecida lectura de la Palabra y, además, feliz noche!